En contacto diario con la enfermedad –en cuanto lo que significa de pérdida de salud o de función- y la muerte se evocan en muchas ocasiones las palabras de Job, profundas y equilibradas, al menos al principio de sus padecimientos. “Dios dio, Dios quitó”; “desnudo salí del vientre de mi madre, desnudo volveré a él”; “si aceptamos de Dios los bienes, ¿no aceptaremos también los males?”