Las primeras 72 horas son claves para rescatar supervivientes. Se ha estudiado y publicado en revistas médicas prestigiosas como el British Medical Journal (BMJ), hace ya años. Todo depende de los recursos locales, de su capacidad, medios y prontitud en la respuesta. Eso determina el número y la evolución de las víctimas. Todo lo que va más allá de esa ventana temporal, es propaganda y compasión.
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Lamento afirmarlo con tanta rotundidad, pero la suerte del pueblo venezolano estaba echada mucho antes de que equipos especializados de varios países, entre ellos España, se desplazasen y accediesen a la zona. Pueden hacerse rescates puntuales, con trascendencia individual, pero en nada se modifica la magnitud de la catástrofe. Podemos tranquilizar la conciencia de la nación y/o de algunos, pero enviar rescatistas no tiene ninguna otra utilidad.
Arruinada por años de latrocinio, represión y exilio
Porque Venezuela estaba destruida antes de que la tierra temblase. Arruinada por años de latrocinio, represión y exilio. Demagogia, fractura social y tortura.
Por todo ello, un terremoto de esa magnitud en ese país es una tragedia apocalíptica, y en otra sociedad, como Japón, se limita a ser eso, un terremoto. Los edificios no se desploman porque están bien construidos y, si alguno cae, los equipos de socorro, con medios suficientes y bien entrenados, con comunicaciones fiables y carreteras en buen estado, llegan a la zona con celeridad y los rescates son tempranos y eficaces.
Nada de eso ocurre en Venezuela, pobre país esquilmado por dictadores y Zapateros. Todo el mundo se compadece de ti, Venezuela, y enviamos bomberos y sanitarios para que hagan lo que puedan, y coloquen una tirita sobre una herida de gran tamaño por la que el país sangra a borbotones.
No hay cura ni reconstrucción posible con estos actores. Ahí tenemos los frutos del socialismo: miseria y destrucción. Decían que traería la felicidad; en cambio, ha traído desolación y muerte.
Recen por los enfermos, por quienes les cuidamos, por Venezuela y por España.
