Vacaciones


Vacaciones… Hermosa palabra cuando se trabaja. No tiene el mismo significado para quien está jubilado o en paro. De hecho, esta es una amargura que padecen cientos de miles, más bien millones, de compatriotas. Entre ellos, las cifras camufladas de trabajadores a tiempo parcial, estacionales, subempleados. Pero no es ese el motivo de mi entrada.



En mi caso, todavía en pleno empleo, son fechas esperadas. Quisiera cambiar de aires y alejarme por un tiempo de los escenarios de dificultad y dolor donde me gano la vida, las salas de un hospital. Durante todo el año, es raro el día que no atiendo a moribundos o tengo que dar malas noticias, como la presencia de un cáncer u otra enfermedad con la que será difícil convivir.

Pacientes que requieren apoyo más allá de lo habitual

Cuando dejo la bata en la taquilla de mi despacho, intento dejar atrás todos los sinsabores de la jornada, pero no siempre es posible, porque hay casos que exigen estudio y reflexión más allá del horario laboral. Desafían el diagnóstico, resultan difíciles de manejar o son pacientes que requieren apoyo más allá de lo habitual.

En vacaciones podemos distanciarnos de la vida cotidiana, que puede contemplarse con mayor ecuanimidad. No todo son enfermedades, muerte y padecimientos; hay realidades más halagüeñas que también existen y que los médicos a veces olvidamos.

Médico general

Preparo viajes que no pudo hacer durante el año, recorridos en bicicleta por los Pirineos franceses, por los puertos míticos del Tour. Cada curva, con su historia; cada rampa, con su recuerdo.

El tiempo apasionante de una España en transición

También he planeado una visita a la ciudad inglesa donde fui de adolescente a aprender inglés y medicina, y de paso conocerme más a mí mismo y al mundo en que vivía. Más amplio que una España en transición, con una democracia en zozobra permanente, con una parte exigiendo cambios apresurados y otra resistiéndose a los mismos. Sin olvidar a un grupo terrorista que ensangrentó todo el proceso, sembrando calles y plazas de sangre y de dolor.

Fue un tiempo apasionante, aunque nada fácil, final de los 70 y comienzos de los 80. El Reino Unido cambiaba, España todavía más. Y yo me formaba como persona y como médico, en medio de transformaciones sociopolíticas profundas.

La medicina y la fe en Dios y en su Cristo se consolidaron en aquellos años, y me siguen acompañando hasta el día de hoy; quizás reformuladas, pero en esencia fieles a su origen.

Recen por los enfermos, por quienes les cuidamos y por este país.