La vida de un médico hospitalario


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Si tuviera que elegir una palabra para definirla, sería dinámica. No hay una jornada igual a otra, cada una tiene sus propios problemas, porque no hay dos pacientes iguales. Tras salir de una habitación, hay que cambiar el registro en unos segundos porque afrontas una situación diferente. Incluso con la misma enfermedad, cada paciente es distinto, como lo es cada familiar y cada contexto.



La mañana comienza repartiendo los nuevos ingresos; depende de cuántos médicos estemos, tocarán más o menos. Habrá que cubrir personas de baja, o que salen de guardia y se van a su casa. Contaremos con médicos en formación (los residentes de las diversas especialidades) que nos acompañen y a los que intentaremos transmitir conocimientos y actitudes, o iremos solos.

En la primera habitación

En la primera habitación que me toca encuentro un paciente con una infección respiratoria; es mayor, pero se conserva y razona bien, y está acompañado por un familiar. Salvo que se presenten complicaciones, mi expectativa es que evolucionará bien. Tras explorarlo con detenimiento, es el mensaje que transmito, de optimismo moderado, puesto que es una patología crónica y pueden ‘pisarse charcos’, forma metafórica de referirse a las complicaciones. Reviso su hoja de tratamiento y modifico o añado lo necesario; en este caso, un fármaco para controlar su rápida frecuencia cardiaca.

Mi segundo paciente es un caso preocupante; un cáncer diseminado, sin que todavía tengamos un diagnóstico preciso de dónde se ha originado. El objetivo es controlar el dolor e intentar apuntalar su ánimo, en espera de obtener la muestra biológica necesaria para llevar al microscopio y establecer el tipo de tumor, y ver qué posibilidades de tratamiento existen. Se lo explico, entiende la situación y confía en nosotros. La espera será angustiosa para él y para mí en un sistema sanitario que no funciona con la celeridad que desearíamos. Le apoyaremos en todo el proceso, hasta que quede en manos de los oncólogos.

En otra planta tengo otro caso similar; en este caso, la paciente es mayor y no posee tanta información. Además, el dolor está resultando más costoso de controlar y por el momento hablo con más detalle con un familiar. Tiempo habrá de abordar el problema con la enferma.

Paciente tras paciente

Así habitación tras habitación y paciente tras paciente. Infecciones de diversas localizaciones, insuficiencias cardiacas y respiratorias, problemas digestivos; personas de todas las edades y condiciones, aunque la mayoría dejaron atrás la edad de jubilación hace años. Cada una con su historia, sus relaciones familiares, sus contextos, a los que hay que intentar adaptarse en la información que se proporciona y en el tratamiento que se prescribe.  A cada unos nos corresponden ocho, diez o doce pacientes, según la época y la composición del staff médico. Es infrecuente que sean menos.

Algunos podrán ir de alta, curados (los menos), o al menos mejorados de sus procesos (los más), casi siempre crónicos. Alguno morirá, o lo derivaré a otro especialista, como ocurre con los enfermos oncológicos. Algunos casos los seguiré en consulta un tiempo, o no volveré a verles.

Médico general

Cada momento tomo decisiones de trascendencia vital para las personas a las que atiendo. Qué exploración solicitar, qué medicamento prescribir, qué información proporcionar o si debe seguir hospitalizado o puede ir a casa. Por lo general, no me agobia, pues es mi trabajo. Llevo décadas haciéndolo, me preparé para ello, no he dejado de estudiar para mantenerme al día.

La mejor vida posible

Como yo, mis colegas de otros servicios entran al quirófano, informan imágenes obtenidas por medios diversos, estudian tejidos al microscopio, analizan todo tipo de muestras biológicas. Prescriben tratamientos, colocan prótesis, se esfuerzan en diagnosticar y trata lo mejor que saben y pueden, día tras día, mes tras mes, para que los ciudadanos a nuestro cargo tengan la mejor vida posible.

Sería interesante analizar si lo que hace a lo largo de su jornada laboral la ministra que desoye nuestras demandas es de utilidad para alguien…

Recen por los enfermos, por quienes les cuidamos y por este país