Pliegos
Portadilla del Pliego, nº 3.374

El verdadero significado de la adoración eucarística

El Señor Jesús, la noche que iba a ser entregado, toma el pan, lo parte y lo reparte. Después, toma la copa. Es su sangre que se derrama por todos. Y la Iglesia naciente, poco a poco, va entendiendo el gesto. El camino de la fe de la primera comunidad no fue sencillo, pero en el corazón de esta historia sencilla y sublime de quienes decidieron ser seguidores de Jesucristo, el Espíritu Santo fue forjando una certeza: en el centro de la comunidad creyente, como fuente y como culmen, están el Pan y el Vino, está la Eucaristía, el Amor mayor. Es obligado, por ello, que discernamos si es el deseo de Dios lo que centra y orienta nuestra existencia. Es preciso preguntarnos en la primera persona del singular: ¿te busco a ti, mi Dios, como la esposa del Cantar de los Cantares?, ¿es necesidad vital acercarme al sagrario y adorarte a ti que me has amado primero?