Javier tenía 24 años cuando murió. Pocos años antes, le fue diagnosticada una leucemia, siempre temible en gente joven. A pesar de todos los tratamientos y de un trasplante de médula ósea, acabó falleciendo en el hospital de Madrid donde le diagnosticaron y trataron, rodeado de personas que le querían.
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Fue llorado por cientos, quizás miles de personas, que le acompañaron en su funeral, y añorado por muchos más, que le conocían y admiraban su afrontamiento de la enfermedad. La pérdida fue enorme.
Despedida prematura
Su lema había sido “siempre fuertes”, y con él afrontó la última etapa de su vida, que concluyó con una despedida prematura, siempre difícil de elaborar cuando muere una persona joven y valiosa. Sin embargo, nada de lo que se vivió y generó durante sus años ha caído en el olvido; antes bien, es motivo de vida para muchos.
Porque, para conmemorar el recuerdo de quien había sido un apasionado del balonmano en el colegio de Corazonistas de la Avenida Alfonso XIII de Madrid, nada mejor que organizar una jornada de partidos y encuentros, que el sábado 21 conoció su 10º aniversario.
“Siempre fuertes”, que comenzó como un modesto número de partidos de equipos del colegio, reunió este año a más de 90 equipos, de Madrid y otros lugares, con centenares de encuentros, coordinado por docenas de voluntarios, con la familia de Javier al frente. Con enfermería, fisioterapia, venta de camisetas, tómbola, alimentación, avituallamiento… Nada faltó en la atención a todos los que quisieron recordarle y celebrar su vida.
Su ejemplo ha seguido en acción
Porque esa es la clave de lectura de la jornada en corazonistas: la vida es más fuerte que la muerte. El recuerdo de Javier ha motivado a centenares de personas. A encontrarse, jugar al balonmano, ofrecer su tiempo en un sábado de voluntariado.
A conocer gente nueva, darse la mano, tomarse un helado, poner frío en el músculo contundido de un joven jugador. Sin la vida que Javier abandonó, pero cuyo ejemplo ha seguido en acción, nada de eso hubiera sido posible.
Que el Cid ganase una batalla después de muerto pertenece a la leyenda. Que Javier y su “siempre fuertes” siembra vida que fructifica año tras año, es una realidad. Yo lo he visto.
Recen por los enfermos, por quienes les cuidamos y por este país.
