Enfermedades, dramas y tragedias


Pertenezco al comité de cuidados paliativos del hospital donde trabajo. Cada jueves nos reunimos para comentar las solicitudes de seguimiento por parte de estos especialistas, una vez los pacientes son dados de alta y enviados al domicilio.



La gran mayoría de casos son oncológicos, y es difícil no sobrecogerse cuando escuchamos, un día tras otro, las enfermedades que convierten a personas de todas las edades en sujeto de paliación, cuando ya no hay tratamiento que ofrecer y nos concentramos en tratar síntomas y complicaciones.

La impresión ante los jóvenes

Siempre impresiona más cuando los enfermos son jóvenes, incluso si se llevan décadas ejerciendo y conviviendo con la enfermedad y la muerte.

Sin embargo, conviene utilizar las palabras con propiedad. No hace falta ser filósofo del lenguaje para saber que cómo denominamos la realidad influye en cómo la afrontamos. El cáncer, incluso el que ocurre en personas jóvenes, con hijos, no deja de ser una enfermedad más.

Médico general

No es un drama, ni una tragedia, aunque el dolor que pueda producir sea inmenso. Estar enfermo y no tener a quién acudir, o no disponer de medicamentos ni hospitales, ni médicos que te atiendan, es un drama.

La muerte por falta de medios o por hambre

La muerte por falta de medios o por hambre es una tragedia. Como lo es la devastación producida por guerras y pandemias, por catástrofes naturales, que arrasan vidas y haciendas. La muerte y las mutilaciones que resultan de actos terroristas son también una tragedia.

Las enfermedades pueden vivirse de forma dramática, o trágica, pero no son lo uno ni lo otro. Son problemas biológicos que condicionan sufrimiento y pérdida de la vida o de una función (como ocurre en las lesiones medulares), y que hay que afrontar con coraje y entereza, confiando en los médicos que te atienden, en los recursos de los que disponen.

Ante las que hay que buscar el apoyo de la familia, de las personas queridas, el auxilio de la fe y las propias convicciones, que nos dicen que el Padre nos acompaña en un camino de sufrimiento en el que no caminamos solos, aunque en tantas ocasiones nos sintamos perdidos y sin esperanza.

Recen por los enfermos y por quienes les cuidamos. Que Dios nos libre de los dramas y las tragedias reales, y nos fortalezca en las situaciones de enfermedad, que a todos nos llegarán, si no nos han llegado ya.