Reflexiones tras el incendio de Cinco Villas


Vuelvo al trabajo después de dos semanas de vacaciones y lo hago en el pequeño hospital de las Cinco Villas, cuyo staff médico depende del Clínico de Zaragoza. Atiendo a pacientes y escucho al personal sanitario que vive en la zona narrar las vicisitudes vividas durante los recientes incendios. Sus testimonios conmueven y sobrecogen al mismo tiempo.



Una enfermera de Uncastillo, que estuvo en primera línea ante el fuego, me muestra fotografías de un pueblo cercado por las llamas, rodeado de humo y cenizas, con la luz del sol oscurecida por una humareda densa.

No quiso abandonar su pueblo

No quiso abandonar su pueblo. No todos los vecinos lo hicieron; algunos se quedaron defendiendo sus naves, enseres, huertos, animales. Se organizaron lo mejor que pudieron. Les ayudó mucho un guardia civil de la unidad de montaña que vive allí; en las situaciones de crisis, es crucial que una persona capacitada asuma el liderazgo y coordine.

Sin embargo, se queja con amargura de la ausencia de la alcaldesa, que en ningún momento estuvo con ellos ni apareció en los momentos de tensión y angustia. No se ayuda ubicándose en un puesto de mando situado a decenas de kilómetros; menos aún si no se es experta en nada útil.

Otra enfermera fue evacuada a Ejea. Los alojaron en el casino de la localidad y en el polideportivo, locales calurosos en días de temperaturas extremas.

Se organizaron lo mejor que pudieron

Se organizaron lo mejor que pudieron, pero se echó de menos a personas que utilizasen el sentido común con algo de anticipación, por ejemplo, conectando el aire acondicionado de las estancias a utilizar en el momento en que se decidió la evacuación. Así, unas horas después, se hubiese podido respirar algo mejor en el interior.

La sociedad civil intentó llegar donde las autoridades no lo hicieron. Hubo quien llevó de forma espontánea y gratuita bebidas frescas y comida a los retenes de bomberos que habían acudido de comunidades vecinas, y que se hallaban exhaustos, cubiertos de polvo y ceniza tras pelear durante horas contra el fuego.

Si no hubiese sido por la enfermera del hospital que les llevó refrescos a las dotaciones de Navarra y de Cuenca, nadie lo hubiera hecho.

Solidaridad y coraje, generosidad y altruismo

Escucho testimonios que hablan de solidaridad y coraje, de generosidad y altruismo; de unas personas que superan ineficacias e incompetencias, pero que no pueden resolver problemas estructurales y políticos.

Médico general

Tocaría que las diversas administraciones involucradas en el incendio analizasen qué se ha hecho bien y qué mal, dónde se acertó y dónde se falló. Por ejemplo, por qué no se limpiaron en su momento cauces secos de ríos y arroyos, que, llenos de maleza, sirvieron de tuberías propagadoras del incendio.

También habría que cuestionarse si los lugares donde se alojó a los evacuados eran los idóneos y se habían preparado de forma adecuada.

Aprender de los errores

Es ahora cuando se debe aprender de los errores, más allá de utilizarlos como armas arrojadiza, que a nadie benefician. Es ahora cuando deben prepararse las estrategias para nuevos incendios, que, a tenor de lo que vemos y escuchamos, ocurrirán el verano que viene, o este mismo, en otro lugar.

Recen por los enfermos, por quienes les cuidamos y por este país.