Conforme vamos cumpliendo años, hemos de aprender a convivir y aceptar las limitaciones que impone el paso del tiempo. Hay personas que tuvieron que hacer este proceso –que puede resultar costoso y amargo– mucho antes de lo que les hubiese tocado por edad, porque una enfermedad o accidente produjo la pérdida de una función.
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Es el caso de los lesionados medulares. Por ejemplo, con la paraplejia, que desplazarse exige una silla de ruedas y orinar en una sonda permanente o intermitente. En la tetraplejia, además de esto, se necesita ayuda para todo aquello que no puede hacerse con los brazos: asearse, alimentarse, cambiar de posición. En la forma extrema, que algunos llaman “pentaplejia”, se ha perdido la capacidad de respirar, y la persona depende a tiempo parcial o total de un respirador.
Aprendizaje en Toledo
Aprendí mucho en mis años de Toledo, y siempre recuerdo a todas las personas que me enseñaron cuando tengo que ayudar a otros a integrar sus limitaciones, o me toca aceptar las mías. Es claro que solo apreciamos las cosas cuando las perdemos.
A diferencia de pérdidas bruscas, la edad conlleva un deterioro gradual. De la memoria, la atención, la capacidad de estudio y la concentración. Aparece el cansancio tras tareas que antes no costaba hacer. Cada vez cuesta más recuperarse de los esfuerzos, de un viaje, de los acontecimientos que alteran la rutina, incluso si es por cosas positivas, como unas obras de mejora en el piso.
Es importante ser honesto con uno mismo y no pretender hacer más de lo que podemos, con lo que nos sentimos confortables. Aprender a pedir y aceptar ayuda, cultivar la virtud de la paciencia con nosotros mismos y nuestro entorno. No desesperarnos ante la impotencia que puede experimentarse con dificultades cotidianas que pueden llegar a ser exasperantes, como el uso del móvil, del ordenador, las dificultades para deambular, para desplazarnos, para encontrar las cosas.
La época de la paciencia
Es la época de la paciencia, de la lentitud, de la oración serena para agradecer lo vivido y pedir fuerzas ante limitaciones que cada vez pueden ser mayores. Aceptar los cuidados que nos ofrezcan y reconocer que durante una época nosotros ayudamos en lo que pudimos. Ahora nos toca recibir esos cuidados y hay que saber solicitarlos, agradecerlos, darse cuenta de la suerte que supone. Hay quien está solo, sin ayuda alguna.
Recen por los enfermos y por quienes les cuidamos, y por este país que recibe al Papa.
