Cuídese mucho, Santo Padre, le necesitamos


León XIV ha sido operado, según se publica, de un adenocarcinoma de pulmón. Le han extirpado todo el lóbulo inferior derecho. No consta que los ganglios próximos estén invadidos (aunque ello depende del análisis histopatológico de las posibles muestras obtenidas durante el procedimiento) ni que el tumor se haya extendido a otros órganos (lo que se denomina metástasis).



El pronóstico de los tumores malignos depende de su propia naturaleza y extensión. Lo llamamos “estadiaje”, establecido, por lo general, mediante un sistema estandarizado llamado TNM. La T se refiere a tumor, tamaño, no especificado en este caso; la N a “lymph nodes”, ganglios en inglés; la M, a metástasis. De acuerdo a estos parámetros se establece una clasificación que condicionará el posible tratamiento tras la cirugía (llamada “terapia adyuvante”: radioterapia, quimioterapia/inmunoterapia, otros fármacos) y el pronóstico.

Sin datos suficientes

Dejando todo ello aparte, terreno propio de los oncólogos y sin datos suficientes para saber en qué estadío se halla este paciente concreto, hay que pensar en nuestro Papa como una persona que ha sufrido una cirugía importante, una auténtica agresión al organismo, necesaria y ojalá curativa, pero con posibles complicaciones y secuelas.

Médico general

Aunque sea un hombre sano y deportista, tiene ya 71 años; no es ningún joven, de modo que le llevará tiempo recuperarse, entre tres y seis meses al menos. Una cosa es que le den de alta del hospital (en el mejor de los casos, que no presente complicaciones de una cirugía torácica) y otra es que pueda recuperar la actividad previa. De igual forma, la capacidad pulmonar no podrá ser la misma, pues le han extirpado un lóbulo de gran tamaño de los cinco que tenemos.

Habló con claridad y valentía

Ojalá tengan él y sus médicos la paciencia y calma necesaria para superar esta cirugía y la grave enfermedad que le han diagnosticado. La cristiandad necesita a este Papa; le debemos ya mucho, en especial los españoles. En su visita de hace pocos meses nos consoló y animó, devolvió la esperanza a un rebaño que caminaba en el desánimo, se erigió en faro y guía de una comunidad que ha estado demasiado tiempo callada y amedrentada. Habló con claridad y valentía de numerosos problemas de España y del mundo.

El Papa cuenta con mi simpatía y mi oración, ahora que se le presenta la prueba de la enfermedad y el dolor, que quizás en su período vital no había conocido en persona, o no tan grave. Necesita cuidarse y que le cuiden, sobre todo si debe afrontar más tratamientos, todos ellos con efectos secundarios potenciales notables.

Recen por los enfermos, por quienes les cuidamos, por Robert Francis Prevost, por este país.