Es una de las partes más amargas de mi trabajo: explicar a pacientes y familiares una realidad adversa, con la que puede ser difícil convivir y que marcará un antes y un después en su vida. Hay cursos y técnicas para intentar aprender, pero ninguno sustituye a los años y la práctica.
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En mi experiencia, hay que ser franco e intentar adaptarse a la persona que tenemos delante. Buscar tiempo y momento, la mayor tranquilidad posible. Explicar con palabras que nuestro interlocutor pueda entender, según su formación, nivel cultural e incluso historia; que conozca y comprenda la situación real a la que se enfrenta y nos enfrentamos como binomio paciente-médico.
Utilizar ejemplos, metáforas, asumiendo que nadie es tonto y mucho menos cuando lo que está en juego suele ser la vida de quien nos escucha.
Las formas ayudan
Las formas ayudan: sentarse al lado del paciente, cogerle la mano, un gesto, una caricia, una palabra que le haga comprender que no está solo, aunque se sienta solo. Nadie podrá caminar este trecho tan penoso por él, pero intentaremos acompañarle todo el tiempo que dure.
Contestar a las preguntas que pueda plantear de forma sincera. Si uno desconoce las respuestas, reconocerlo y explicar que te lo estudiarás o buscarás la opinión de quien pueda saber más que tú de la enfermedad o problema concreto.
Sin engañar, pero dejar alguna puerta abierta a la esperanza: la ciencia evoluciona, los tratamientos progresan. En cualquier caso, vivir el presente, ceñirse al ahora, no pensar a medio o largo plazo, cada día tiene su afán.
Circunstancias que escapan a nuestro control
Por desgracia, hay circunstancias que escapan a nuestro control; por ejemplo, una demora diagnóstica en un proceso oncológico. Porque el sistema sanitario falla, porque el personal responsable no está a la altura esperable, por razones cuya solución queda fuera del alcance de un clínico básico como yo, que trabaja en la trinchera de un hospital general.
Eso puede ser todavía más amargo de asimilar, porque puedo aceptar que una enfermedad no tenga solución o avance de forma inexorable, pero no que las cosas vayan mal porque el sistema no funciona.
Recen por los enfermos y por quienes les cuidamos, en una nueva semana de huelga médica, y por este país.
