Tuberculosis


La infección por ‘Mycobacterium tuberculosis’, que así se llama a la bacteria que produce la enfermedad, puede implicar a cualquier órgano del ser humano, aunque la afectación más frecuente es la pulmonar. Es una de las infecciones más antiguas que conocemos; esqueletos de hace 4.000 años evidencian lesiones compatibles con la infección.



Por desgracia, es una patología frecuente; en los textos médicos clásicos se denominaba “consunción”, dado que iba consumiendo al paciente. De un modo u otro, un cuarto de la población mundial hemos tenido contacto con el bacilo de Koch, así llamado en honor del científico alemán que identificó el germen en 1882, por lo que le fue otorgado el Nobel en 1905.

Una enfermedad típica de la marginación y la pobreza

Aunque cualquiera puede infectarse, es una enfermedad típica de la marginación y la pobreza, y afecta a organismos debilitados por la malnutrición, otras enfermedades o medicamentos inmunosupresores. Era endémica en España, pero la situación mejoró con el progreso del país, de modo que cuando comencé mis estudios de Medicina, en la década de los 70, ya no era tan frecuente.

Sin embargo, repuntó a finales de la década de los 80, con el SIDA, y años más tarde, con la inmigración de personas provenientes de países más pobres que el nuestro, donde la infección tenía mayor incidencia (nuevos casos) y prevalencia (total de casos).

Médico general

Por eso, bien puede convertirse en un serio problema sanitario en Ceuta, dado que quienes invadieron ese territorio –sin juzgar en absoluto los motivos que les movían, en la mayoría de los casos muy comprensibles– proceden de países donde la tuberculosis es rampante. Es muy probable que un buen número de ellos sufran infección latente (es decir, en algún momento fueron infectados, aunque no desarrollasen la enfermedad), que puede convertirse en activa en condiciones de vida tan malas como las actuales.

Puede infectar a quienes le rodean

Además, cuando la infección latente se convierte en activa, si el paciente desarrolla tos y expectoración, puede infectar a quienes le rodean. Comentar esta situación es describir la realidad, no hay en ello un ápice de racismo ni xenofobia; cualquier médico, hasta el más mediocre, conoce estos hechos, que se estudian en tercero de Medicina o incluso antes. Nadie tiene la culpa, así son las enfermedades infecciosas.

Quienes nos dedicamos a la Medicina Clínica estamos acostumbrados a que por la consulta aparezcan inmigrantes con tuberculosis latente para que les prescribamos los fármacos necesarios para evitar el desarrollo de la enfermedad, según unos criterios estandarizados y aceptados en todo el planeta. Se infectaron en sus países de origen, del mismo modo que casi todos los niños que nacimos en España durante los años 50 y 60 del siglo pasado nos infectamos en su momento, y podemos dar positivo en la prueba de la tuberculina (también llamado test de Mantoux), o en los análisis de sangre más modernos que ahora se utilizan, los llamados IGRAS.

Todas las enfermedades infecciosas aumentan y se convierten en un grave riesgo para la población en condiciones de hacinamiento como las que tienen lugar en Ceuta. La sarna que comentaba la semana pasada, la tuberculosis, y muchas otras. Si a un germen se le proporcionan los medios ideales para transmitirse y multiplicarse, lo esperable es que lo haga; al fin y al cabo, su objetivo es sobrevivir.

Incompetencia, ineficacia, soberbia y mentira sistemática

Por eso, la incompetencia, la ineficacia, la soberbia y la mentira sistemática al afrontar y mencionar la realidad en la que vivimos son los aliados más peligrosos de las enfermedades infecciosas, tal como vimos y sufrimos en la Covid-19.

Supone un desgraciado y reciente antecedente: nuestro país ocupó las primeras posiciones en las desdichadas listas de enfermos y muertos por coronavirus. Teniendo en cuenta que los gestores de la actual catástrofe sanitaria –así la califican y la sufren quienes trabajan en la Danidad sobre el terreno– son los mismos que entonces, lo esperable es que las consecuencias sanitarias sean también ahora poco venturosas.

Recen por los enfermos, por quienes les cuidamos, por Ceuta y por este país.