Dignidad de la persona, bien común del pueblo, trascendencia


“La Iglesia predica su liberación tal como la hemos estudiado hoy en la Sagrada Biblia. Una liberación que tiene, por encima de todo, el respeto a la dignidad de la persona, la salvación del bien común del pueblo y la trascendencia, que mira ante todo a Dios y solo de Dios deriva su esperanza y su fuerza”.



Con este párrafo concluye la última homilía dominical pronunciada por monseñor Óscar Arnulfo Romero en San Salvador, el 23 de marzo de 1980, quinto Domingo de Cuaresma. No es el más conocido, pero no por ello es menos profundo. En mi opinión, resume la fe de monseñor y cómo se ubicaba ante la realidad socio-política de su país en una época terrible.

Tres parámetros o claves

Cita tres parámetros o claves contra los cuales hay que confrontar cualquier dinámica que forme parte del “mundo explosivo de lo socio-político”, tal como él lo denominó. Son la dignidad de la persona, el bien común del pueblo y la trascendencia.

Según cómo se ciñan a ellos, según se les ataque o proteja, deberá juzgarse una u otra medida social o política. Este análisis, válido en tiempos de monseñor, puede continuar siendo válido en nuestros días y nuestro contexto geográfico e histórico. Podemos analizar, pues, nuestra realidad nacional de acuerdo a las tres claves.

Respetar y proteger la dignidad de la persona desde la concepción hasta la muerte natural pasa por evitar políticas pro-abortistas y pro-suicidas. Por potenciar la natalidad y los cuidados paliativos, de modo que se ayuda a venir a este mundo y a marcharse de él, dos caras de la misma moneda. Y, en el mientras tanto, establecer un sistema educativo que haga crecer a la persona en el cuerpo y en el espíritu.

Respeto a las reglas democráticas

El bien común del pueblo exige el respeto a las reglas democráticas que la sociedad española se dio en la Constitución de 1978 –a falta de otra mejor–, sin deformarla ni burlarla. Exige políticas de vivienda y empleo reales y prácticas, que creen riqueza para todos, que permitan acceder en alquiler o compra a una casa, a poder formar y poseer un hogar.

Médico general

No es con leyes mal redactadas y peor desarrolladas como se potencia un país o se estimula a su tejido productivo. Todavía menos con el derroche y la corrupción, que pervierte el destino del dinero que los ciudadanos aportamos con nuestros impuestos.

Para terminar, una sociedad necesita percibir que hay una realidad mayor que la visible, en función de la cual cobran sentido términos como entrega, esfuerzo y sacrificio. No vivimos solo para aquello que vemos, ni trabajamos solo para ganar dinero y poder así mantener a nuestra familia. Existe una realidad mayor que la observable.

En Jesús tiene un rostro y una praxis liberadora

Los cristianos lo llamamos Dios, creemos que es amor y que en Jesús tiene un rostro y una praxis liberadora. La fe cristiana forma parte de nuestra historia y sus raíces, y supone una forma amable de convivir, con un contenido de encuentro, fraternidad y perdón, en un contexto de respeto a otras formas de pensar o creencias en otros dioses a los que rezar y adorar.

Las políticas que desprecian o atacan el sentido trascendente de nuestra vida, por acción u omisión, portan en su seno un mensaje de confrontación y violencia. Cuando se elimina a Dios de la sociedad y los hombres dejamos de ser hermanos, con políticas que fomenten la lucha de clases, se invita al enfrentamiento civil.

Si analizamos la realidad nacional utilizando estas claves, no es difícil darse cuenta de dónde estamos y hacia dónde vamos en caso de continuar por este camino. Como profesional que se ocupa de la salud de sus semejantes, no puedo sino expresar mi preocupación por un ambiente social y político que resulta dañino para la mayoría a corto, medio y largo plazo. Ojalá en los meses venideros pueda revertirse esta situación.

Recen por los enfermos, por quienes les cuidamos y por este país.