Pequeñas acciones para alcanzar la plenitud


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Cada acción cuenta, por muy pequeña que sea, por sencilla que parezca, siempre tendrá un eco. Especialmente en la parte espiritual, el valor de las pequeñas acciones son las que Jesucristo nos invita a mirar y a realizar. Cuando a sus discípulos les pide ver la acción de aquella viuda quien entrega como ofrenda unas cuántas monedas, en ese preciso momento era todo lo que tenía y ella lo entrega con fe.



Un acto que no dejó pasar Jesús. Esas son acciones que podrían pasar desapercibidas para muchos de nosotros, para Él no. Actos que fueron valorados por el Hijo de Dios. Él pone énfasis en dar con amor, dedica su atención a mirar aquellas cosas que parecerían invisibles para la mayoría de nosotros.

Empleó muchos ejemplos que se originaban en cosas pequeñas, comparándolas con el reino que tiene un enorme parecido al grano de mostaza, pequeño, casi imperceptible, pero con un potencial único, esa semilla con el paso de tiempo se transformará en una maravillosa realidad.

Escuchar a quien solicita nuestros oídos

Todo comienza con algo muy sencillo, así es el amor. En las más pequeñas cosas, con paciencia, amor y sobre todo con fe crecerán y se convertirán en algo que podría haber sido inimaginable. Cuánto podemos hacer si empezamos por lo más sencillo, por ejemplo: Escuchar con atención a quien solicita nuestros oídos, mirar las necesidades de los más cercanos, tratar de entender aquellos que están lejos de mí pero que siguen siendo mi prójimo.

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Dejar de anhelar aquello que no necesito para centrarme en lo necesario y para vivir con sencillez. Buscar la simplicidad, valorar el momento, tan solo por el hecho de tener vida. Nuestra sociedad nos ha motivado a lo contrario, a valorar lo caro, lo excéntrico y todo lo que tenga halo de sencillez alejarlo.

Parece que la vida compleja es a lo que aspira una gran parte de la humanidad y que en lo cotidiano y sencillo no se puede encontrar la riqueza de la vida. Tampoco se trata de aislarnos y vivir en la montaña, lejos de todos. Se trata de la sensibilidad de nuestros tiempos, donde el consumo no se apodere de nuestras valiosas vidas.

Una existencia donde la esencia sea lo vital

Usar sin discernir, es consumismo, el que está acabando con la casa común, con nuestro planeta. La semilla, ese acto sencillo, la paciencia y la forma de ser con nuestros semejantes son acciones pequeñas que se convertirán en algo inimaginable, así es la promesa del amor de Dios.

Cuando hay egoísmo, vanidad y falta de humildad, la palabra sencillez suena como si hubiera sido pronunciada en el desierto, no habrá oídos que la escuchen. A diferencia de los mensajes a los que nos exponemos diariamente: Compre, adquiera, use, utilice, llévelo, en fin, nos quieren vender todo y eso sí lo escuchamos.

En el momento que empezamos a valorar las pequeñas cosas, nos damos cuenta que necesitamos tan poco los objetos que nos rodean, que podríamos vivir sin ellos. Despertemos a una existencia donde la esencia sea lo vital, descubramos esas pequeñas acciones para alcanzar la plenitud de nuestras vidas.