Evangelio: Lucas 9,1-6
En aquel tiempo, Jesús reunió a los Doce y les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades. Luego los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos, diciéndoles: «No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero; tampoco llevéis túnica de repuesto. Quedaos en la casa donde entréis hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si alguien no os recibe, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa». Ellos se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando el evangelio y curando en todas partes.
Comentario
Nos detenemos en tres acciones de Jesús: primero, «convoca» a los Doce; luego, les confiere «poder y autoridad» para expulsar demonios y curar enfermedades; la tercera acción es que los «envía»; un envío con doble tarea: anuncio y curación. La palabra va unidad a los gestos eficaces; las señales sanadoras de Jesús van acompañadas de palabras que las explicitan. Esta «misión», pues el verbo «enviar» apunta en esta dirección, se lleva a cabo con unos rasgos definitorios que identifican al
discípulo mensajero: en pobreza absoluta; sin abusos ni imposiciones, sino dependiendo de la acogida ajena; con claridad en su mensaje, sin medias tintas. El anuncio del Evangelio es gratuito y liberador; el evangelizador se sirve de «medios pobres». La gratuidad supone que la evangelización no es ni modo de ganarse la vida, ni negocio, ni está sometido a intereses oscuros. Su carácter liberador supone que está a favor del ser humano, de su vida plena. No admite componendas. El texto concluye indicando que los discípulos «se ponen en camino». La Iglesia es misionera. La Iglesia ha recibido de Jesús el envío por pueblos y aldeas; no es una Iglesia paralizada, inmóvil, a la defensiva. La Iglesia sale, se mueve, dando «razones» y realizando «gestos de vida».
