Fernando Vidal, sociólogo, bloguero A su imagen
Director de la Cátedra Amoris Laetitia

María Boxberg, guía espiritual del Sínodo alemán: “Es un auténtico proceso espiritual”


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La Comunidad de Vida Cristiana (CVX) de Europa organizó el 15 de diciembre (2021) un encuentro para conocer qué significa guiar espiritualmente una asamblea sinodal como la alemana y cuál está siendo la experiencia de María Boxberg, una las dos personas que están realizando ese servicio.



La alemana María Boxberg, licenciada en Teología, es la guía espiritual del Camino Sinodal que está transformando la Iglesia alemana. Miembro de la Comunidad de Vida Cristiana (CVX) —laicos de espiritualidad ignaciana—, Boxberg tiene formación como directora de Ejercicios Espirituales y acompaña procesos espirituales personales, grupales y de instituciones. Junto con el jesuita Bernd Hagenkord —antiguo director de Radio Vaticana, recientemente fallecido—, fue llamada por la Conferencia Episcopal Alemana para realizar esa excepcional tarea.

El Sínodo alemán, una encrucijada

En el Camino Sinodal alemán se cruzan todos los anhelos, dudas y dilemas que recorren a la Iglesia del siglo XXI, y busca el deseo de Dios en el centro de una Europa cada vez más ajena a la experiencia de Dios. Vida Nueva y otros medios han ido informando sobre las grandes innovaciones que ha recorrido. En un tiempo en el que la Iglesia universal nos ha invitado a interiorizar el espíritu sinodal, Alemania aparece como una experiencia que ilumina al mundo.

Sabemos que el cristianismo toca lo más profundo del ser humano y la realidad, y, por tanto, todas las dimensiones de la humanidad, en donde existen muy distintos intereses. Los conflictos y contradicciones siempre han atravesado la comunidad eclesial y es en ella donde cabe la esperanza de que se pacifiquen ánimos, depuren intenciones, reconcilien posturas y encuentren soluciones. Los sínodos no se convocan para evitar debates, sino para encontrar el camino del Espíritu.

También en el Sínodo alemán está expuesto a la polarización del conjunto de la sociedad, a los movimientos de presión sobre la Iglesia, al deseo de ser aceptado por la cultura actual o a los ánimos pesimistas, temerosos o complacientes. De ahí que la clave de todo sínodo sea disponerse para seguir a Jesús. Solo es sinodal si es radicalmente espiritual.

¿Qué significa guiar espiritualmente al sínodo?

Guiar espiritualmente a la comunidad sinodal implica ayudar a que cada uno y todos los participantes busquen solo alabar y servir a Dios, seguir a Jesús, dejarse llevar por el Espíritu. Los guías no dirigen la organización, la agenda ni las sesiones del sínodo, sino que ayudan a que todo el proceso esté orientado a Dios y ayudan a superar las dificultades o momentos de duda. El Sínodo cuenta con dos guías, uno de los cuales es María Boxberg, con la que mantuvimos un encuentro el pasado 15 de diciembre. Nos transmitió algunas de las claves que está viviendo en esta innovadora experiencia que abre caminos a la Iglesia universal.

Un primer rasgo que nos ha llamado la atención es la unidad episcopal alrededor del Camino Sinodal emprendido. En él, la mayor parte de los participantes son laicos. Hay perfiles representativos de todas las sensibilidades eclesiales. Junto con los 69 obispos alemanes participan presbíteros, religiosos, profesores de teología, miembros de la comisión alemana de laicos, etc. Este cuerpo sinodal expresa más profunda y fielmente el rostro de la Iglesia y supone un cambio inaudito respecto al modelo sinodal exclusivamente episcopal. Fueron 65 de los 69 obispos los que prefirieron este modelo plural y cuatro los que votaron en contra o se abstuvieron.

Asamblea Sinodal. Iglesia Alemana

En segundo lugar, queríamos conocer con qué medios y orientaciones se guía espiritualmente a la asamblea sinodal. Los guías están especialmente atentos a que existe un auténtico clima de discernimiento espiritual y que las deliberaciones busquen seguir lo más cerca posible a Jesús y no intereses ni inclinaciones distintas. Como guía espiritual se ayuda y anima, por tanto, a abrirse, ponerse en camino, salir de lo propio, escuchar, ser transformado interiormente por el Espíritu, encontrarse con los otros y juntos con Dios.

El Sínodo implica que cada participante vive todo el proceso como un tiempo especialmente intenso de oración y atención. María atestigua que todo el mundo está dedicando muchas energías al sínodo. Cada jornada de los diferentes encuentros sinodales —bien de la asamblea, de los cuatro foros o de distintas reuniones grupales— se inicia con oración y una meditación espiritual. Durante el día hay distintos momentos de silencio y oración. El centro de cada sesión es la eucaristía, que lo integra todo e irradia a todo. Al final del día, se continúa con las horas y hay examen de lo que ha sucedido: momento de pedir luz, dar gracias, mirar lo ocurrido, pedir perdón, proponerse mejorar.

Libertad para escuchar

María es consciente de que existen posiciones previas con las que casi todo el mundo llega al Sínodo y la asamblea es consciente de las fuerzas que presionan en una sociedad tan polarizada. Se ha trabajado interiormente la libertad personal y comunitaria para poder distinguir la voz del Espíritu entre tanto ruido. Boxberg atestigua que la gran mayoría de los participantes en el sínodo alemán está en una genuina actitud de apertura y escucha al Espíritu. Para disponerse así, ha sido fundamental la experiencia de fraternidad y cultivar entre todos la conversación espiritual con otros y entre todos. Especialmente resalta el testimonio que tantos obispos están dando de escuchar, dialogar y aprender del resto de participantes del Sínodo.

En una entrevista que publicó la revista Katolisch en noviembre de 2019, Boxberg resaltó el aprendizaje que está suponiendo la escucha. Al respecto, ha habido verdaderas experiencias de conversión para “escuchar a la persona que está hablando y, mientras tanto, no pensar interiormente sobre lo que me gustaría responder de inmediato… Eso significa, en primer lugar, escuchar a la persona que está hablando y, mientras tanto, no pensar interiormente sobre lo que me gustaría responder de inmediato. Esto no siempre es fácil, especialmente cuando se trata de debates apasionados. El segundo paso importante es escuchar lo que se ha dicho en mí y, en tercer lugar, como cristiano, escuchar lo que Dios dice al respecto… La mayoría de las veces también tenemos muchas facetas de posiciones y sentimientos acerca de una pregunta dentro de nosotros. Por lo tanto, uno también debería intentar ponerse en la otra posición”.

En nuestra conversación, María nos cuenta cómo han contado con artistas que han ayudado a caminar al Sínodo también por la vía de la belleza y la inspiración. Se han contemplado profundos testimonios y vivencias evangélicas. María ha vivido cómo que en los plenarios y foros ha habido vivas experiencias en la que todos han sentido al Espíritu Santo en la asamblea.

Comunidad de discernimiento eclesial

La gran dificultad, casi cultural, del reto sinodal es constituirnos en comunidad de discernimiento, y eso es algo que se está logrando en la Iglesia alemana. Se evitan las dinámicas parlamentarias partisanas, sino que el Sínodo es realmente un hondo proceso espiritual. Hay diferentes sensibilidades y carismas eclesiales, pero Boxberg dice que no observa que las cosas se muevan según grupos de interés ni etiquetas liberal/conservador. Más bien las encrucijadas se encuentran allí donde se bifurcan caminos constructivos o defensivos; evangelización o valerse de posiciones de poder.

Mientras los hermanos sinodales celebran sus sesiones y procesos, las parroquias, grupos, comunidades, colegios, universidades y todo el tejido eclesial alemán está comprometido en el sínodo a través de la plegaria y la reflexión. El Sínodo decidió una total transparencia para facilitar la participación de la Iglesia y la sociedad y, por tanto, todas las sesiones son teletransmitidas y la prensa tiene libre acceso.

El Camino Sinodal alemán es una experiencia de luz y preguntas para la Iglesia universal. En todos los frecuentes encuentros privados que el papa Francisco ha tenido con los distintos obispos alemanes los ha impulsado a ser valientes, a discernir y a profundizar en la experiencia sinodal y compartirla con todo el mundo. En los distintos espacios curiales, las inquietudes son mayores, pero, sobre todo, está la pregunta de los modos como cada uno de ellos va a transformarse para seguir el espíritu sinodal. Sin duda, el método alemán ayuda a inspirar y concretar.

Independientemente de los diferentes procesos y funciones que implica el sínodo germano, resalta este servicio de guiar espiritualmente. Es una necesidad de acompañamiento que hoy ya se suscita en cada consejo pastoral parroquial, diocesano y otras instituciones eclesiales. Habrá que formar a personas cualificadas para realizar esa tarea, un papel clave para la sinodalidad.