La familia, un regalo divino


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Las mejores cosas suceden en familia y no es ninguna frase hecha, es la verdad y puedo dar testimonio de ello. Solo unidos, así juntos, podemos disfrutar de lo que la vida nos ofrece, el compartir cada momento se vuelve un acontecimiento y no es necesario hacer nada excepcional, un desayuno, un viaje o algún ligero accidente como olvidar alguna pertenencia, hacen que toda la familia busque, se comprometa y se involucre.



Son momentos que no se van a repetir jamás, en la misma forma, es tiempo que no volverá, así que debemos vivir cada instante comprendiendo que es único e irrepetible. La vida se nos pasa tan rápido que muchas veces no nos damos cuenta hasta que ha pasado de manera vertiginosa y entonces decimos, pero si mis hijos estaban pequeños hace unos años.

La vida en familia nos recuerda que el tiempo avanza y que nada es permanente, así que, disfrutar y dejar ir es parte de nuestra existencia, nada fácil cuando de hijos se trata, los amas con una gran intensidad y poco a poco ves que les van creciendo alas, que los tendrás que dejar ir y que un día ya no te necesitarán, por eso en familia, debemos darles conocimientos y herramientas para que, en un futuro no muy lejano puedan recordar lo aprendido en casa y caminar en busca de sus sueños.

En la familia encontramos un tesoro

Un día, lo que vivimos en familia será lo que nos inspire y tal vez sea la fuerza para continuar en los momentos de dificultad y sea la memoria de los instantes que nos hacen sonreír en silencio, porque lo vivido en familia, siempre es en complicidad. Cuando se tiene la apertura al amor de Dios, esos momentos son sin duda únicos e irrepetibles, se agradecen de una forma muy especial porque se depositan con amor y confianza en las manos de Dios y entonces adquieren un nuevo valor, el espiritual.

La familia es un regalo divino y como tal, es importante agradecerlo con humildad y sencillez, porque ha sido dado desde lo alto como un don divino. Cuando nos sentimos aceptados y valorados por los nuestros, las dificultades a las que nos enfrentamos en nuestra existencia, son menos dolorosas, las necesidades que también tendremos que vivir, en familia adquieren un sentido diferente, son oportunidades para dar y recibir la mano de los nuestros y el dolor se transforma en un acto solidario y amoroso.

Sentirnos vulnerables en familia nos hace reconocernos necesitados y que no somos islas. Por ello, si tienes una, deja de centrarte en aquello que te desagrada de cada uno de sus integrantes, valora la fuerza que en la debilidad encontrarás en ese lugar. ¡Qué hermoso es pensar que en la familia encontramos un tesoro! Y el corazón de ella se fortalece cuando todos se unen, cuando caminan hacia un mismo lugar y entonces sucede un hermoso milagro, el de la unión de los corazones que unidos se transforman en uno solo para atravesar la dificultad, la alegría y el dolor.

Nada más reconfortante que contar con una familia para darle sentido a nuestra vida, juntos nos acompañamos en este camino hacia Dios.

“Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes”. Deuteronomio 6,67.