Querer a Zaqueo sin exigirle


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Había allí un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico. Trataba de ver quién era Jesús, pero, como era bajo de estatura, no podía, pues la gente se lo impedía. Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí. Cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzó la vista y le dijo: «Zaqueo, baja pronto; conviene que hoy me quede yo en tu casa.» Se apresuró a bajar y lo recibió con alegría. Al verlo, todos murmuraban: «Ha ido a hospedarse a casa de un pecador.»  Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: «Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré cuatro veces más*.» Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abrahán*, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.» (Lc 19, 2-10)



Esta lectura nos da algunas claves que nos permiten entender el modo en el que Jesús quiere a las personas que le rodean. Porque Jesús, a pesar de ser Zaqueo alguien que se había enriquecido a costa de engañar a los demás y de ser esta una circunstancia pública, le pide alojarse en su casa.

Esta es la primera clave para entender la postura de Jesús ante las personas que realizan delitos económicos. No le llama la atención públicamente sobre su delito, no lo condena ni le pide que se convierta, no le pone en evidencia para exigirle reparación si quiere que coma con él. No, al contrario, le pide ser recibido en su casa, le concede el honor de comer con él, todo sin necesidad de sacar a relucir sus pecados, sus faltas, no, lo quiere como es, lo acepta con sus imperfecciones y sus problemas.

Sin embargo, después de comer con Jesús (no hablan las escrituras sobre la conversación que mantuvieron) Zaqueo decide convertirse, devolver lo que ha estafado, compensar a sus víctimas con el cuádruplo de la cuantía que les había timado y repartir parte de sus bienes entre los pobres. ¿Habría hecho esto mismo si Jesucristo le hubiese exigido que se arrepintiese previamente para entrar en su casa? Y en el caso de que lo hubiese hecho así y Zaqueo le hubiese hecho caso, ¿Habría sido así de sincero el arrepentimiento?

Una misma mesa

Esto es algo que nos aporta una enseñanza importante de cara a una realidad cada día más polarizada en la que muchas personas no están dispuestas a hablar con el otro si no renuncia previamente a sus ideas o si no se arrepiente previamente de lo que ha hecho mal. Pero el diálogo, la construcción de un futuro común, precisa de una conversación en la misma mesa, de un compartir entre todos sin juicios previos, sin condenas o llamadas al arrepentimiento para que no nos vean hablando con aquellos que están mal mirados.

Precisamos una comunidad en la que podamos comer en la misma mesa quienes pensemos diferente, en la que las condenas previas y las condiciones de arrepentimiento se dejen a un lado. Solo así podemos lograr abundantes frutos.