Por qué la deriva independentista de la Iglesia Ucraniana preocupa a Roma


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Dejemos algo claro desde el principio: el patriarca de Moscú demuestra tener mucho arrojo al quejarse de que sus obispos y su clero estén siendo presionados, intimidados e incluso “perseguidos” por el estado actual de Ucrania.

El patriarca Kirill de Moscú planteó precisamente estas quejas en cartas al Papa Francisco, al arzobispo Justin Welby de Canterbury, al Consejo mundial de Iglesias, al Secretario General de la UE, a los gobiernos de Francia y Alemania, y a cualquiera que quisiera escucharle. El contenido de dichas cartas se hizo público a través de los nuevos canales oficiales rusos.

Escribe: “La interferencia de los dirigentes del estado laico ucraniano en los asuntos eclesiásticos ha adquirido un nivel de presión excesiva sobre los obispos y sacerdotes de la Iglesia ortodoxa ucraniana (lo que Moscú llama la rama leal a Moscú en la Iglesia rusa ortodoxa), lo cual me permite hablar del comienzo de una persecución a gran escala”.

“Violaciones peores de los derechos humanos”

“Los números actos de discriminación hacia la Iglesia ucraniana nos hace temer violaciones peores de los derechos humanos y la libertad de los cristianos ortodoxos, que solo son culpables de permanecer leales a la ortodoxia canónica” escribió Kirill.

Hasta ahora, no ha habido reacción pública por parte del Papa o el Vaticano. Kirill hizo el llamamiento en la tarde del domingo cuando se inauguró un ‘Concilio de Unificación’ en Ucraina, cuyo objetivo es terminar con la división entre las tres ramas ortodoxas del país y asentar los principios para el reconocimiento de una nueva e independiente Iglesia ortodoxa en Ucrania por el patriarca de Constantinopla.

Esta solicitud, si la ponemos en el contexto norteamericano, es como si los jefes de la vencida confederación escribieran al presidente de los EEUU quejándose de que sus anteriores oficiales fueron objeto de discriminación racial en el sur después de la Guerra Civil. Realmente, nadie ha utilizado las herramientas del estado para imponer obediencia religiosa en Ucrania de manera más brutal que los rusos. 

Persecuciones y amenazas

En términos de porcentajes, ninguna iglesia del mundo ha tenido más mártires durante la era soviética que la católica griega, aunque los creyentes ortodoxos en Ucrania que desafiaron el control ruso fueron severamente perseguidos también. Por tanto, es algo más que difícil tomar en serio a los rusos en su postura de víctimas, dado su historial sangriento.

No obstante, como cualquiera que haya asistido a un clase de primero de Lógica, también me resulta familiar la falacia “tu quoque”: el mero hecho de que alguien sea hipócrita no le hace estar equivocado.

Es verdad que el presidente ucraniano Petro Poroshenko ha respaldado la campaña por la independencia de la iglesia ortodoxa ucraniana de Moscú, gastando de manera repetida millones de euros en campañas propagandísticas a favor de ese fin. También ha enviado servicios de seguridad a las iglesias afiliadas a Moscú de Ucrania, interrogando a los sacerdotes y acusándolos de ser amenazas contra la seguridad nacional.

Y a veces, la persecución ha sido muy dura. El 9 de diciembre, por ejemplo, los agentes de la frontera ucraniana negaron el paso al Metropolitano Hilarion de Donetsk, que es miembro de la iglesia ortodoxa leal al patriarcado de Moscú, aunque es ciudadano ucraniano y se mueve habitualmente entre Rusia y Ucrania.

Un líder para la nueva e independiente Iglesia ortodoxa

El objetivo de Poroshenko es posicionarse como el hombre que gestionó la fractura religiosa definitiva entre Moscú y Ucrania de cara a las próximas elecciones de marzo de 2019, cuyo resultado, por ahora, parece incierto. Pero, con franqueza, todos esos esfuerzos pueden ser contraproducentes. Muchos de los obispos ortodoxos rusos y el clero ya planeaban no participar en el ‘Concilio de la Unificación’ y no parece que la intimidación del Estado vaya a ganarse amigos e influir en la gente.

La principal tarea del ‘Concilio de la Unificación’ es elegir al líder de una nueva e independiente Iglesia ortodoxa, que tendrá que viajar a Estambul para recibir, de manos del Patriarca Bartolomé de Constantinopla el 6 de enero, el ‘tomos’, el documento oficial que garantiza su independencia de la Iglesia.

Desde el principio, Bartolomé ha respaldado el proceso independentista en Ucrania, ya que Constantinopla y Moscú son rivales para el dominio en el mundo ortodoxo. Si el grueso de la ortodoxia global termina por arreglarse con esta independencia, el resultado puede tener significación tanto geopolítica como eclesial, porque la iglesia ortodoxa rusa no sería ya el gorila de 400 kilos de la cristiandad ortodoxa.

El Vaticano, “fuera de la disputa”

El Vaticano se ha mantenido fuera de la disputa a propósito, a pesar del hecho de que la iglesia católica griega ha apoyado la campaña independentista y de que Francisco prefiere claramente a Bartolomé como su interlocutor en el mundo ortodoxo. Aunque, no hay duda de que los intereses globales del Vaticano se reforzarían si el estrangulamiento del Patriarcado de Moscú al mundo ortodoxo se debilitara.

Durante décadas, el gran activo que la cristiandad tenía en Ucrania era su autoridad moral como iglesia de mártires, que le granjeaba simpatías por todo el mundo. Sería trágico si, ahora que Ucrania parece que va a conseguir la independencia, ese logro se pueda ver dañado por la percepción de que también se consiguió con la ayuda de la confabulación de la fuerza y la política.