Francisco a los jóvenes: “Para Dios no sois un perfil digital sino un hijo que tiene un Padre en el cielo”

Tras su encuentro con los artistas, el Papa se ha trasladado a la basílica de Santa María de la Salud en Venecia

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Después de su encuentro con los artistas de la Bienale de Venecia, el Papa ha llegado a la basílica de Santa María de la Salud, donde cerca de 1500 jóvenes le esperaban y le han acogido con un canto. A ellos, Francisco les ha recordad que “todos hemos recibido un gran don, el de ser hijos amados de Dios, y estamos llamados a realizar el sueño del Señor: ser testigos y experimentar su alegría”.



“No sé si habéis tenido alguna experiencia que fuera tan hermosa que no pudiste guardarla para ti, sino que sentiste la necesidad de compartirla”, ha dicho el Papa, subrayando que “estamos hoy aquí para esto: para redescubrir en el Señor la belleza que somos y alegrarnos en el nombre de Jesús, Dios joven que ama a los jóvenes y que siempre sorprende. Es muy importante estar preparados para las sorpresas de Dios”. Así, Francisco ha propuesto dos verbos inspirados en María: “levántate y ve”.

“Primero que nada, levántate. Levántate del suelo, porque estamos hechos para el Cielo. Levántate de la tristeza para mirar hacia arriba. Levántate para decir ‘¡aquí estoy!’ al Señor, que cree en nosotros. Poneos de pie para acoger el don que somos, para reconocer, ante todo, que somos preciosos e irremplazables”, ha señalado el Papa, subrayando que esto “no es autoestima, ¡es realidad!”, ya que “reconocer esto es el primer paso que debes dar al despertar por la mañana: levantarte de la cama y acogerte como un regalo”. “Te levantas y, antes de sumergirte en las cosas que hacer, reconoces quién eres dando gracias al Señor. Puedes decirle: ‘Dios mío, gracias por la vida. Dios mío, hazme que me enamore de mi vida. Dios mío, tú eres mi vida'”, ha aconsejado el Papa a los jóvenes. “Luego se reza el Padre Nuestro, donde la primera palabra es la clave de la alegría: se dice “Padre” y se reconoce como un hijo amado, una hija amada”. “Recordad”, ha dicho, “que para Dios no sois un perfil digital, sino un hijo, que tenéis un Padre en el cielo y que por lo tanto eres un hijo del cielo”.

“Hacerse” regalo

“Sin embargo”, ha reconocido Francisco, “a menudo nos encontramos luchando contra una fuerza de gravedad negativa que nos deprime, una inercia opresiva que quiere que veamos todo gris”. Ante esto, les ha animado a “dejarse llevar de la mano del Señor, que nunca defrauda a quien confía en Él, que siempre levanta y perdona”. Asimismo, ha subrayado que “cuando te sientas frágil o débil, cambia tu ‘encuadre’: no te mires con tus propios ojos, sino piensa en la mirada de Dios”.

“Dios sabe que, además de bellas, somos frágiles, y las dos cosas van juntas: un poco como Venecia, que es espléndida y delicada al mismo tiempo”, ha asegurado Francisco. Por ello, “Dios no ata nuestros errores a su dedo, sino que nos tiende la mano. Él es Padre y, cuando estamos caídos, ve hijos a quienes levantar, no malhechores a quienes castigar”.

“Una vez que nos levantamos”, ha continuado, aparece el segundo verbo: ir. “Si levantarse significa acogerse como regalo, ir significa hacerse un regalo”. “Es cierto que muchas cosas en el mundo están mal, pero la precariedad que vivimos no puede ser una excusa para quedarnos quietos y quejarnos: estamos en el mundo para molestarnos, para tender la mano a quienes nos necesitan”, ha subrayado Francisco. “Si siempre giramos en torno a nuestras necesidades, lo que nos falta, siempre nos encontraremos de nuevo en el punto de partida, compadeciéndonos de nosotros mismos con cara larga, tal vez con la idea de que todos están enojados con nosotros”, ha aseverado. “¡No nos dejemos paralizar por la melancolía, tendamos la mano a los demás!”.

Por último, el Papa ha recordado que “la vida pide que se la den, no que la gestionen; para salir del mundo hipnótico de las redes sociales que anestesia el alma”. Así, “una oración hecha con el corazón, una página que se escribe, un sueño que se hace realidad, un gesto de amor hacia alguien que no puede corresponder: esto es crear, imitar el estilo de Dios. Es el estilo de la gratuidad, que nos aleja de la lógica nihilista del ‘hago para conseguir’ y ‘trabajo para ganar’” y nos acerca a “entregarnos sin miedo”.

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