Fernando Vidal
Director de la Cátedra Amoris Laetitia

La periferia de Francisco como concepto social


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¿Qué aporta a las Ciencias Sociales la idea de Periferia que ha puesto en circulación el papa Francisco?



Si hubiera que buscar el principal origen del término periferia habrúa que referirse a la Escuela de Chicago -por ejemplo, al sociólogo pragmatista Robert Ezra Park-, que fueron los primeros en estudiar la división ecológica de la ciudad en términos de periferias, relacionadas con pobreza y raza. La periferia se plantea en términos estrictamente espaciales.

La idea de suburbio en EEUU no es la misma que en la Europa continental porque cuando hablan de suburbios no tiene que ver son el suburbio romano, sino más bien con urbanizaciones. Los chicaguianos encuentran que existe una dinámica de expulsión a las afueras, pero también el deterioro de los centros urbanos y su poblamiento por familias de bajos ingresos.

En consecuencia, no nos basta una definición espacial del término de periferia. El pensamiento urbanístico ha pensado siempre la periferia como suburbio romano, pero no basta pues existe una segregación de la periferia como poblaciones ricas o pobres.

Vulnerables

Francisco, por otra parte, eleva el concepto. Por un lado lo desgaja del urbanismo para emplearlo en términos de estratificación social: serían aquellos que carecen de poder, participación e integración social. Además, le da otro vuelo: las periferias existenciales, que son aquellos que sufren vulnerabilidades de conciencia –psicológica o de sentido de la vida– o relacionales (como la soledad, las rupturas o el abandono).

Así, hemos pasado de la conceptualización urbanística de las periferias en la Escuela de Chicago –clásicamente aplicado a las villas miseria, conos, etc., el suburbio romano– al uso de periferia más complejo como categoría de exclusión e incluso de anomía social. La periferia de Francisco se refiere principalmente a todo tipo de desintegración o vulnerabilidad social –y cuando dice social se refiere a aquellas cosas que principalmente dependen del tipo de vinculación que uno tiene con los demás y la sociedad–.

Sin embargo, Francisco no habla meramente de un enfoque individual, sino que al introducir la idea “periferia” le está dando un carácter físico, espacial, sociológico y colectivo. No son posiciones individuales, sino una espacialidad en la que se sufre y en la que se amplía la desvinculación. Las periferias son máquinas de desintegración, pero también lugares de solidaridad y resistencia entre los desvinculados. En resumen, las periferias son los espacios sociales que sufren la desvinculación social.

Anomía

Este concepto de Francisco es innovador. Es un modo de hablar de la exclusión social incidiendo en su espacialidad y societalidad (es algo propio de la sociedad, son lugares de sociedad, no solo relacionales sino colectivos), pero a la vez lo vincula a dimensiones de empobrecimiento del capital cultural en los que siempre hemos insistido mucho. Él añade una tesis más: la anomía (pérdida de sentido y desvinculación de la sociedad) es un factor de riesgo social que deshilacha la sociedad, excluye y acaba produciendo sufrimiento de carácter social. Todas esas dimensiones tienen una lectura ética desde la Justicia porque en todas ellas el vínculo con la sociedad en su conjunto es clave.

El compromiso social que realiza el cristianismo en toda su extensión y diversidad sigue siendo fuente de experiencias, innovaciones y también de pensamiento que enriquece a las Ciencias Sociales. Un diálogo permeable, atento y considerado ayuda a profundizarlas y de ello depende en buena parte la visión que tenemos del mundo, del ser humano y de su devenir.