La perfecta compañía


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La calma que nos da creer no se compara con nada, cuando dejamos en manos de Dios nuestros problemas, angustias y limitaciones, podemos experimentar algo que solo es posible percibir por fe, pero que nos da una certeza real y única cuando dejamos nuestras preocupaciones en Dios. La vida tan acelerada con la que muchas personas vivimos, nos hace tener días vertiginosos, momentos de tensión en donde las emociones son un sube y baja continuo, esto indudablemente afecta nuestra salud y por supuesto, nos aleja de vivir en equilibrio.



Recordemos que una vida saludable es la que se lleva a cabo en armonía, cuando nuestra parte física y espiritual son ejercitadas y alimentadas. Dejar nuestras preocupaciones en Nuestro Padre Celestial es un acto de amor y de confianza, nada fuera de ese amor nos va a traer la verdadera calma, la indescriptible tranquilidad y aunque las tormentas diarias nos agiten, viviremos con la confianza de sabernos amados, acompañados y protegidos, frente a las pruebas que se presentarán mientras vivamos.

Cuando no se cree, cuando hay falta de fe, esos momentos se vuelven imposibles de afrontar, muchas personas que han sufrido las condiciones más extremas en sus vidas, comparten que lo único que les inspiró a salir adelante fue tener esperanza y confianza en Dios, aunque pareciera que no había salida, tener fe les ayudó a soportar un poco más.

orando

Es ahí donde radica la importancia de dejar nuestras penas y dificultades en quien puede hacer posible lo imposible, solo Dios puede transformar el corazón de una persona amargada, el amor de Dios puede lograr el cambio de actitud de aquel que nunca ha conocido la misericordia, solo el amor transforma nuestras vidas con giros inexplicables.

Deposita en Él lo que no está en tus manos

Hace un tiempo escribí una película donde abordé este tema: En un momento de tensión, se puede encontrar la calma cuando abrimos nuestro corazón al amor de Dios, Él se encarga de que las cosas sucedan de forma sorpresiva. Pidamos pues por la calma que necesita nuestro corazón, elevemos nuestras plegarias para pedirle la tranquilidad necesaria en este momento de la prueba, que a lo mejor es una de las más difíciles, pidamos su compañía para transitar este momento y demos pasos lentos y seguros con Dios.

Si nunca lo has experimentado, puedo decirte que se siente una paz tan grande al sabernos vulnerables y con fuerzas limitadas. Se trata de nuestro Padre, quien mirará con amor nuestras súplicas, atenderá de la mejor manera todo aquello que nos quita su paz. Deja de vivir con ese estrés y gestionando con pequeñas acciones esas preocupaciones, todo lo que usas no está mal, tan solo son paliativos y en ocasiones son placebos que traen cierta tranquilidad.

Si lo que realmente quieres es alcanzar esa calma permanente y certeza concreta, acércate y acepta el amor de Dios, deposita en Él todo aquello que no está en tus manos resolver y acepta la Divina Voluntad, verás que la vida se convertirá en algo que jamás te imaginaste, porque solo en Dios encontraremos la perfecta compañía. Te invito a que vuelvas a plantearte cómo has venido viviendo y dejes de confiar con tanta certeza acerca de tus fuerzas, conocimientos y talentos, déjalos en Dios, verás qué bueno es.

“No se preocupen por nada. Que sus peticiones sean conocidas delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias, Y que la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guarde sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús”. Filipenses 4, 6-7.