José Beltrán, director de Vida Nueva
Director de Vida Nueva

Herencia envenada


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VIERNES. Consejo editorial de Vida Nueva. Corrillo digital sobre la capacidad negociadora de la Iglesia. De la inexistencia de un lobby cristiano, en el mejor sentido del término, que se mueva por pasillos, que tome cafés con unos y otros, que se haga el encontradizo ante empresarios, sindicalistas y parlamentarios de todo cuño, y señoras y señores de todo pelaje cultural o social. También es política. De la buena.



SÁBADO. Encuentro Internacional Calasancio de Laicos en Misión Compartida. Virtual. Coronavirus obliga. Antonio Bellella al aparato. “Compartir no es dividir, sino multiplicar”. Tan evidente como paradójico, cuando la dinámica desde la niñez ha sido la de la renuncia a lo propio para entregárselo al otro. El sacrificio de dar y la insatisfacción de desposeerse. Cuando el punto de partida es otro.

DOMINGO. Me asomo de nuevo al informe sobre McCarrick. Y me lleva a imaginar que las estancias vaticanas no deben ser muy distintas a las de Cantora. El día menos pensado es un 2 de agosto en el que, accidentalmente, abres la puerta de una habitación y te topas con el escándalo. La puerta estaba. La habitación, también. Pero nadie se atrevió a correr el pestillo o sortear el guardián. Herencia envenada.

El cardenal Theodore McCarrick

LUNES. Cuando uno se topa con el titular, a veces deja de leer. Le pasa al periodista. Pero también al que busca su particular entrecomillado para su causa noble. Se llame Celaá. O eutanasia. No estaría de más llegar al final del discurso de Omella. Aunque solo fuera para echar la tarde con Nicodemo. Con el sabelotodo al que Jesús pone en su sitio. “Jesús le interpela a nacer de nuevo para acceder a una vida plena y con sentido”, comenta el cardenal. No sé para quién reflexiona. Si para los políticos, a los que ya les había dedicado unos cuantos párrafos. Si a sus hermanos obispos, que buscaban pistas. Quizá sin destinatario fijo, más allá de aquel que lee y relee. Al fin y al cabo, Nicodemos todos.

MARTES. Paso al frente de la Diócesis de Málaga. Para reconocerse en apuros económicos por el azote del bicho. Como le pasa a tanta gente, que de un día para otro se ha visto desbordada. Transparencia que no estaría de más que se ejerciera en otros despachos. Aquellos en los que los números rojos llegaron antes de la pandemia. Y todavía hoy se maquillan. O directamente se tapan.

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