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Enrique Lluc
Doctor en Ciencias Económicas

El economicismo como camino de salvación


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En una conferencia de principios de Septiembre, mi amigo Pedro José Gómez Serrano nos recordaba cómo la economía actual y su estructura de pensamiento, que a mi me gusta denominar economicismo, cumple una de las funciones reservadas históricamente a la religión: ofrecer un camino de salvación y una manera de recorrerlo.

El economicismo, nos ofrece un camino de mejora continua que consiste en algo tan sencillo, tan fácil de cuantificar y tan terriblemente práctico como incrementar sin cesar la cuantía de cosas que tenemos. El horizonte se nos presenta tanto a nivel global (hay que lograr obtener crecimiento económico) como a nivel personal (para ser más tenemos que tener más).

Juega, por tanto, con la idea de progreso y con las ansias de mejora que tenemos todas las personas para afirmar que el progreso importante es el económico (despreciando el científico y el de justicia) y que la única manera de superarnos es que nuestros ingresos aumenten o al menos alcancen un nivel elevado que nos permitan un alto nivel de bienestar material.

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Pensamos que tener más es estar mejor y que para ello lo esencial es que pensemos en nosotros mismos. Nadie va a hacerlo por nosotros, cada uno debe aguantar su propia vela. Así, debemos conocer qué es lo que nos gusta, qué es lo que nos desagrada, qué es lo que nos hace felices y qué no. Nuestras relaciones con los demás se convierten así en una mirada hacia mí mismo en la que debo incrementar mi bienestar porque eso es lo que me va a hacer feliz.

Así, buscar el bienestar, tener unos ingresos buenos para garantizarme un nivel económico adecuado y defenderlo ante cualquier amenaza que pueda comprometerlo o reducirlo, es vital para tener una vida plena. Esta se consigue cuando se tiene todo a lo que se aspira, cuando se puede vivir tranquilamente con lo que se tiene o cuando se puede aspirar a tener más y más… Los otros aparecen como una amenaza a mi tranquilidad, como elementos a controlar para que no disturben mi paz y mi nivel económico.

Así, lucho por lo mío, pienso en mí y en los míos, busco un nivel de bienestar adecuado. Vivo desde mí para alcanzar mi propia salvación a través de un nivel económico adecuado que me permita satisfacer mis deseos y tener un bienestar adecuado. El economicismo me promete que siguiendo sus dictados y haciéndolo así, seré feliz, lograré la salvación que anhelo y la sociedad tendrá cada vez más y será, por tanto, un lugar mejor para todos.