El presidente de los obispos de México presenta mapa de ruta para alcanzar la comunión eclesial y social

Al inaugurar la Asamblea Plenaria de abril, el arzobispo Rogelio Cabrera reflexionó sobre los cuatro ejes para ser verdaderos promotores de comunión en el país

Obispo Rogelio Cabrera en la asamblea plenaria de los obispos de México

Al inaugurar la CXVI Asamblea Plenaria de los obispos de México, el presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, Rogelio Cabrera López, llamó a hacer de la sinodalidad el modus vivendi et operandi de la Iglesia mexicana.



Tras señalar que el propósito del proceso sinodal que se vive en la Iglesia no es sólo producir documentos, celebrar asambleas o implementar medidas de administración interna, Cabrera consideró que, “ahora más que nunca, la sinodalidad debe incidir en lo social, y hasta en la misma política”.

Preparados para los grandes acontecimientos eclesiales

El también arzobispo de Monterrey hizo un llamado a vivir los distintos acontecimientos eclesiales como momentos de gracia.

Se refirió de manera particular a la Novena Intercontinental Guadalupana, el Año de Oración en preparación al Jubileo Ordinario del 2025, al II Encuentro Eclesial de México en su fase provincial y nacional, así como la Consulta Diocesana de cara al Sínodo de la Sinodalidad de octubre.

Cuatro ejes para ser promotores de comunión

En este sentido, les dijo que, como obispos, están llamados a ser promotores de comunión eclesial y social, bajo cuatro ejes:

Primero, la comunión con el Santo Padre. “Necesitamos fortalecer nuestra comunión afectiva, teológica y misionera con él y transmitir esa actitud a nuestros sacerdotes y fieles. Es el sucesor de Pedro, el Vicario de Cristo”, dijo.

El segundo eje es la comunión entre los propios obispos, al interior de la Conferencia Episcopal. “Así lo hemos afirmado al hablar de nuestro Proyecto Global de Pastoral que ‘quiere ser una expresión de la unidad y la colegialidad entre nosotros los obispos. Queremos vibrar siempre en los dos principios teológicos que lo han animado: la colegialidad y la comunión de las Iglesias'”.

“Tercero -continuó- la comunión intraeclesial en las provincias eclesiásticas y las diócesis, como lugares y espacios para vivir en plenitud”, pues “la vida subsiste donde hay vínculo, comunión, fraternidad; y es una vida más fuerte que la muerte cuando se construye sobre relaciones verdaderas y lazos de fidelidad”.

Y por último, como cuarto eje, la comunión con el pueblo de México “especialmente con los más pobres y maltratados de la sociedad, entendiendo que la diversidad no es ocasión para la confrontación y que la pluralidad que tenemos nos ayudará a encontrar mejores caminos”.

Comunión social como fermento para la paz

Rogelio Cabrera aseguró que el camino de la comunión eclesial y social que puedan promover los obispos, será fermento para la paz que buscamos. “Integrar a los diferentes es mucho más difícil y lento, aunque es la garantía de una paz real y sólida. Esto no se consigue agrupando solo a los puros, porque aun las personas que puedan ser cuestionadas por sus errores, tienen algo que aportar que no debe perderse”.

Y añadió, citando al Papa: “Tampoco consiste en una paz que surge acallando las reivindicaciones sociales o evitando que hagan lío, ya que no es un consenso de escritorio o una efímera paz para una minoría feliz. Lo que vale es generar procesos de encuentro, procesos que construyan un pueblo que sabe recoger las diferencias“.

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