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Adelanto editorial: ‘Memorias con esperanza’, del cardenal Fernando Sebastián

Memorias con esperanza, libro del cardenal Fernando Sebastián, Ediciones Encuentro, se publica en enero de 2015

El arzobispo emérito relata en primera persona las últimas décadas de la Iglesia en España

Memorias con esperanza, libro del cardenal Fernando Sebastián, Ediciones Encuentro, se publica en enero de 2015

VIDA NUEVA | El lunes 18 de enero salen a la luz el libro Memorias con esperanza (Ediciones Encuentro), del cardenal Fernando Sebastián. Vida Nueva ofrece en primicia un adelanto de algunos de sus capítulos, páginas que relatan en primera persona los incontables episodios vividos por el arzobispo emérito de Pamplona durante el último medio siglo en la historia de la Iglesia española: la Transición política, la homilía de los Jerónimos, su trabajo en la Secretaría de la CEE, las relaciones con el Gobierno socialista…

Los años de la Transición política

Hasta el momento de mi ordenación sacerdotal, yo había vivido en el franquismo ingenuamente, sin crítica. Me sorprendieron las primeras críticas que escuché en Cataluña. Cuando fui a estudiar a Roma y luego a Francia y Lovaina comencé a pensar que la situación política española tenía que cambiar. Comprendí que la reconciliación entre los españoles y la estabilidad política de nuestro país requerían el reconocimiento de los derechos políticos de todos los ciudadanos, superando definitivamente los enfrentamientos de la guerra civil, las incompatibilidades entre derechas e izquierdas, monárquicos y republicanos, católicos y laicistas, centralistas y separatistas. Desde entonces veía con claridad que la Iglesia, sin alinearse políticamente con nadie, tenía que favorecer el advenimiento de un orden político nuevo en el que se liquidaran las consecuencias de la guerra civil, se reconocieran los derechos políticos de todos y todos pudiéramos vivir y convivir en paz y en libertad. Además de ser un acto de justicia, esta actitud reconciliadora y pacificadora de la Iglesia era imprescindible para recuperar nuestra credibilidad y nuestra capacidad de evangelización ante los vencidos de la guerra civil que eran prácticamente la mitad de los españoles.

Desde 1955, yo no estaba conforme con el sistema franquista por razones éticas, por coherencia con las enseñanzas de los Papas, por atención a los represaliados y excluidos a causa de sus ideas políticas o religiosas. Seguía pensando que el Alzamiento del 36, por desgracia, había sido inevitable en contra del desgobierno, de la inseguridad, de la inminente revolución bolchevique. Pero me parecía que el orden político resultante no podía ser definitivo y tenía que dejar paso a una verdadera democracia en la que todos los españoles pudiéramos vivir en paz con las mismas obligaciones y los mismos derechos. Mi manera de pensar era común entre los clérigos jóvenes. Muchos jóvenes sacerdotes habíamos terminado nuestros estudios en Roma o en otras Universidades europeas. En aquellos años eran pocos los jóvenes universitarios que podían salir a estudiar fuera de España. En cambio los sacerdotes, diocesanos o religiosos, lo teníamos más fácil, pues teníamos el apoyo de nuestras instituciones respectivas. Este hecho fue decisivo para la renovación doctrinal y práctica de la Iglesia de España. También en la visión política de nuestra sociedad.

La influencia del Concilio fue determinante en las actitudes de los católicos y en la actuación de la Iglesia en aquellos momentos decisivos para la historia de España. En los últimos años del franquismo, los curas jóvenes y los cristianos más avisados estábamos convencidos de que la Iglesia tenía que despegarse del régimen, independizarse de toda opción política y favorecer por razones éticas y morales la reconciliación de los españoles y el pleno reconocimiento de las libertades y derechos políticos de todos los ciudadanos. También es cierto que buena parte de los sacerdotes más veteranos seguían siendo partidarios de la confesionalidad del Estado y del régimen de Franco, mientras un buen número de clérigos y religiosos jóvenes se sentían atraídos por el socialismo y hasta por los partidos de la izquierda radical, pensando que su acción política favorecería la justicia social y el bien de los más pobres. Con frecuencia desde la Iglesia idealizamos la política, tanto la de derechas como la de izquierdas, sin darnos cuenta de que la sacralización de la política perturba la vida de la Iglesia y altera gravemente la vida política de la sociedad.

(…)

La homilía de los Jerónimos

La preparación de la homilía para esta celebración fue objeto de un trabajo detenido. En una reunión del “Consejillo” el cardenal [Tarancón] nos explicó su punto de vista y luego nos fue preguntando uno por uno, comenzando por su izquierda, cómo veíamos la homilía. Cada uno fue diciendo lo que mejor le parecía. Yo estaba a la derecha del cardenal, por lo que me tocaba hablar el último. Mientras los demás iban diciendo sus ideas, yo preparé un pequeño esquema con lo que me parecía que había que decir en esa homilía. Cuando me tocó el turno tenía ya mis notas a punto y dije: “Señor cardenal, yo veo la homilía así”, y leí el esquema que había ido preparando. El cardenal exclamó: “Esa es la homilía, escríbela y trae mañana el texto completo”.

Aquella noche me quedé trabajando hasta muy tarde. En casa de unos amigos donde me alojaba, en la calle Zorrilla, con una vieja máquina de escribir, redacté y escribí la homilía completa, la corregí, la volví a escribir, y al día siguiente la leí en la reunión del Consejillo. Al cardenal le pareció bien, hubo algunas observaciones de redacción. El cardenal tomó mis papeles, se los dio a Patino y le dijo: “Revísala y prepárala para la celebración”. Patino le añadió la cita del Prefacio de la fiesta de Cristo Rey. Este trabajo lo hicimos unos días antes de la muerte de Franco, entre el 8 y el 15 de noviembre.

En algunas crónicas han dicho que el P. Patino viajó para mostrar la homilía al cardenal Jubany y al cardenal de Sevilla Bueno Monreal. Dando por supuesto que Tarancón tenía dificultad para pronunciar aquella homilía, se ha dicho también que Patino pidió a Jubany que aconsejara al cardenal Tarancón que la pronunciara íntegramente, sin modificarla. Yo entonces no oí nada de esto. Lo que sí puedo decir es que el cardenal Tarancón estaba totalmente de acuerdo con la homilía desde el primer momento. La homilía era verdaderamente suya, él nos dijo qué es lo que quería decir y la asumió plenamente desde el primer momento. Materialmente fue el fruto de un trabajo de equipo riguroso y participativo. El cardenal quería presentar en ella de forma clara y decidida la postura de la Iglesia ante el futuro político de España. Se trataba de aceptar la no confesionalidad del Estado y situarse como Iglesia libre en una sociedad libre, democrática y plenamente respetuosa con la libertad política y religiosa de los ciudadanos. Pienso que este objetivo se cumplió ampliamente. Lo que entonces se dijo no ha sido revisado ni negado por nadie.

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En el nº 2.972 de Vida Nueva. Del 16 al 22 de enero de 2015

 

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