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Misioneros españoles: “Los cristianos y musulmanes de Malí estamos más unidos”

soldados de Francia y Malí cooperan en la intervención contra los extremistas

El país se ha cohesionado ante la actual “invasión” de los terroristas islamistas

sacerdote confesando a una mujer en Malí

Misioneros españoles: “Los cristianos y musulmanes de Malí estamos más unidos” [extracto]

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA | En nuestro último número, desde Vida Nueva se informaba del “alivio eclesial” que ha producido la intervención militar de Francia en el norte de Malí. Para profundizar mejor en este sentimiento, complejo por tratarse de un conflicto armado, nada mejor que conocer de primera mano la voz de religiosos misioneros que han consagrado su vida al país centroafricano.

Es el caso del español José Morales, quien, tras pasar cuatro décadas en Malí, volvió hace poco más de un año para desempeñar el cargo para el que ha sido elegido: superior provincial en España de la Sociedad de Misioneros de África (Padres Blancos).

Con gran claridad, explica a esta revista una idea clave: “Nunca es deseable una acción extranjera, pero esta se ha dado como reacción a otra previa, por parte de milicias terroristas islamistas que se han adueñado del norte de Malí. Esta sí es una invasión, pues ninguna de esas fuerzas es maliense”.

Pero si algo ha cambiado la actuación de Francia, “y de muchos otros países del entorno africano, que ya están enviando tropas –como destaca Morales–, es que ahora toda la población está unida en torno a lo que se ve como un peligro común”.

Algo que contrasta, precisamente, con la situación que dio pie a la agitación que vive el país: “La corrupción generalizada fue lo que motivó el golpe de Estado de abril, que, a su vez, fue aprovechado por los nómadas tuareg del norte para ocupar la zona y querer proclamarse independientes. Sin embargo, al final, lo que ocurrió es que los tuareg fueron desplazados por numerosos grupos terroristas islamistas venidos de fuera del país y que han implantado la ley islámica. Ahora, el ejército, quienes dieron el golpe de Estado, algunos tuareg…, todos se ofrecen a Francia para colaborar en la expulsión de los islamistas”. soldado francés entrando en una población en Malí tras la intervención contra los extremistas

Tal y como informó este semanario en su edición precedente, entre los movimientos yihadistas extranjeros que se han adentrado en Malí están Al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), Ansar al-Dine o el Movimiento para la Unidad y la Yihad en África del Oeste. Pero, además, se sospecha de la presencia de otros grupos, como la secta Boko Haram, que viene perpetrando numerosos atentados contra los cristianos en Nigeria, e incluso fuerzas de choque que apoyaron al régimen de Gadafi en Libia.

Como recalca el religioso español, en este avispero de extremistas, la inmensa mayoría de la población, aunque musulmana, rechaza a los islamistas. Algo que ejemplifica así: “Cuando una ciudad es liberada, muchos salen a la calle para poder fumar en público, porque hasta eso les prohibían los fundamentalistas en su aplicación de la sharia, que, por ejemplo, llevaba a cortar pies y manos de los condenados por contrariar algún precepto. Otro ejemplo habla por sí solo: la Asociación de Musulmanes de Bamako ha ofrecido dinero para luchar contra los invasores islamistas”.

Convivencia pacífica

Morales recuerda cómo los musulmanes de Malí “siempre han convivido en paz con la minoría cristiana, que apenas representa el 2-3% de la población. Yo he experimentado esto en los 40 años que he pasado allí. Cada vez que impulsábamos un proyecto de cooperación, lo desarrollábamos con los musulmanes. Todo lo hacíamos juntos, e incluso compartíamos nuestras particulares fiestas religiosas. Los imanes de las zonas donde estaba como párroco las vivían como propias, diciendo que eran fiestas de todos. Y ahora esto no ha cambiado. Si cabe, los cristianos y musulmanes de Malí estamos más unidos”.

Opinión que comparte Mercedes Cuadrado, religiosa española de las Hermanas del Santo Ángel de la Guarda, que llegó a Malí en 1967 con el fin de “compartir mi vida, lo que soy y lo que tengo en medio de un pueblo sencillo y pobre”.

Según constata, “ahora todo el país se ha unido contra los terroristas”. Además, si bien es cierto que “la minoría cristiana del norte ha tenido que abandonar sus casas, pues las iglesias han sido destruidas y la vida de las personas corría riesgo, en el resto del país seguimos viviendo y manifestando nuestra fe, sin miedo y celebrando como siempre nuestras misas dominicales y demás celebraciones”.

La hermana Mercedes, cuya comunidad reside en Bamako, destaca el diferente ambiente que se da en la capital y en el resto del país, libres del dominio de los radicales: “La situación es compleja y dura en toda la parte norte, que equivale a dos tercios del territorio nacional. Pero, aquí, la vida ordinaria, dentro de la inquietud al no saber que podrá deparar el futuro, es casi normal. Las escuelas, la Administración y los servicios públicos funcionan del modo habitual. Además, aquí los medios de comunicación dan mucho espacio a los cristianos y se reafirman en el valor de una nación laica donde todas las confesiones tienen su espacio”.soldados de Francia y Malí cooperan en la intervención contra los extremistas

Más pesimista se muestra Morales, quien ve el principal peligro en la vasta extensión territorial tomada por los islamistas: “Si todo Malí equivale al espacio que ocupan España, Francia y Bélgica, los terroristas han llegado a dominar lo que equivaldría al territorio de los dos últimos países. Y lo peor es que casi todo es desierto, un ámbito más favorable para quienes se organizan en guerrillas que para ejércitos profesionales como el de Francia. También hay que decir que, a través de las milicias invasoras, Malí se está convirtiendo en un punto de paso esencial de la droga que llega desde América y termina en Europa”.

Por todo ello, él teme que el país se acabe convirtiendo “en un nuevo Afganistán, lastrado por un conflicto que se puede alargar mucho en el tiempo”.

Ciudades liberadas

Por el momento, como constata a Fides el secretario general de la Conferencia Episcopal de Malí, Edmond Dembele, algunas de las principales ciudades del norte ya han sido liberadas del “yugo islamista”. Sin embargo, sus habitantes “aún tienen miedo, porque, si bien es cierto que los yihadistas se han marchado, una parte de ellos se ha mezclado entre la población, en espera de los acontecimientos militares”.

En este sentido, según denuncia Amnistía Internacional, también se están registrando “crímenes de derecho internacional” por parte de “las fuerzas de seguridad” contra civiles tuareg, sospechosos de colaboración con los islamistas e incluso “dirigentes políticos, periodistas y otras personas que expresaron su disenso pacífico”. Una situación que se está dando en distintos puntos del país, no solo en el norte, y que incluye también “ejecuciones extrajudiciales” o “bombardeos indiscriminados”, además de “casos de tortura” y “desapariciones forzadas”.

Uno de los episodios más dramáticos del conflicto se produjo días atrás, cuando milicianos islamistas secuestraron una fábrica de gas en Tigantourine (Argelia). Tras amenazar con matar a los trabajadores si Francia no abandonaba Malí, al final, el ejército argelino atacó la planta. Tras tres días de combates, los militares se hicieron con el control. Pero a costa de un altísimo precio: la muerte de 55 personas (23 de ellas rehenes, de los que gran parte eran extranjeros occidentales).

Jean Zerbo, arzobispo de Bamako

Jean Zerbo, arzobispo de Bamako

Llamamiento de Cáritas

El arzobispo de Bamako, Jean Zerbo, en su calidad de presidente de Cáritas Malí, ha llamado a la comunidad internacional, y concretamente a la red mundial de Cáritas, para que actúe urgentemente en atención a las víctimas del conflicto.

Y es que, como denuncia, 400.000 malienses del norte han abandonado sus casas para dirigirse como refugiados al sur o a otros países del entorno, como Mauritania o Senegal, ya de por sí sumidos en una durísima crisis alimentaria. Por ello, concreta Zerbo, urgen “alimentos, agua potable, productos de higiene, antipalúdicos y otros artículos de emergencia”.

Inmediatamente, Cáritas Española ha respondido con una partida de 100.000 euros, destinados a financiar una acción conjunta con las delegaciones locales de las vecinas Níger, Burkina Faso y Senegal. La entidad eclesial, presente desde hace mucho tiempo en la zona, desarrolla un plan especial a raíz de la alerta por hambruna decretada el pasado año en la región del Sahel.

En el nº 2.833 de Vida Nueva.

 

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