Fernando Vidal, sociólogo, bloguero A su imagen
Instituto de la Familia de la Universidad Pontificia de Comillas

La Palabra Silenciosa, de Paul Roorda


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Paul Roorda es un artista multidisciplinar nacido a finales de la década de 1960, en la localidad canadiense de Waterloo, Ontario. Se graduó en Psicología la Universidad de Waterloo en 1988 y se postgraduó como Sociólogo en la Universidad Northeastern, Boston, en 1992. Posteriormente, en 1998 obtuvo su formación en Arte y Diseño en el Instituto Emily Carr de Vancouver. Resalta su intenso periodo de formación como artista residente en Berlín entre 2012 y 2015.

Preocupado principalmente por la dimensión de la verdad, en su obra ha tenido un peso fundamental el diálogo entre Fe, ecología, ciencia y medicina. Sus obras son esculturas, pinturas e instalaciones realizadas con materiales mixtos, especialmente componentes naturales. Muchos de sus trabajos giran alrededor de la Biblia, que transforma de muchos modos, tanto sus contenidos como sus hojas y el libro en sí mismo, para crear arte.  Un buen ejemplo es su serie de 2012 titulada ‘El Final del Libro’ -‘The End of the Book’-. En ella, Paul Roorda pone en el centro de su búsqueda la Biblia. Dos obras de dicha serie tienen como tema la Palabra Silenciosa.

Silent word de paul roorda para el blog de fernando vidal

En su obra ‘Silent Word’, -perteneciente a la serie de 2012, ‘The End of the Book’- crea una preciosa vasija, negra por fuera y dorada por dentro. Sus grietas hacen referencia a la vasija paulina, que guarda un tesoro indestructible en frágil barro. Está confeccionada haciendo uso de cenizas, yema de huevo, aceite de clavo, cera de abejas y pan de oro. Cada material tiene un hondo significado. La vasija está realizada con cenizas, con material quemado o con una tradición en parte olvidada, con mucho de la Cristiandad ya reducido a cenizas, cubierto por el polvo, perdido bajo la arena, desgastado por la erosión de la indiferencia, quemado por las culturas de la muerte…

Con esas cenizas, Roorda crea una nueva vasija en donde continúa depositándose el tesoro eterno de la Palabra. El artista recubre todo el interior de la vasija con hojas de oro, hojas de un Árbol de la Vida que, paradójicamente es perenne pero caen hojas a la Tierra a cada instante. La yema de huevo habla del renacimiento, el aceite es un icono evangélico referido a la adoración y la cera es central en la religiosidad mediterránea como el fruto de la Tierra –equivalente al pan y el vino–.

El contraste entre los dos colores nos hace ponernos en medio de ambos. El negro de la cubierta exterior muestra la pobreza y hasta desolación de las cenizas. El dorado del interior recoge y venera la luz, la consolación de la contemplación de la gloria, el éxtasis del tesoro de la gracia divina. Su forma de donar es vaciarse para ser hospitalidad, escucha, atención.

La palabra espera al otro

Esa vasija es una Palabra Silenciosa. La vasija está vacía, es pura acogida, solamente receptividad, entrega que espera, una gran apertura. La vasija ha superado la muerte del fuego y ha endurecido las cenizas para reconstituirse en pura donación. La espera se expresa en el silencio. Se ha vaciado de voces y ruidos para acoger.

La obra Palabra Silenciosa nos sugiere que esa vasija es la Palabra. La Palabra aparece resistente tras el transcurso del tiempo. Ha superado la muerte que la redujo a cenizas y olvido y sigue presente. Roorda profundiza en la estructura de esa palabra: no es afirmatividad, no ocupa sino que acoge, no es vacío mudo sino una apertura creativa. La Palabra es una vasija que espera ser llenada por otro, que espera. Aceptemos la propuesta de Roorda: ¿Y si la Palabra tuviese forma de vasija? Forma de boca –en donde se forma– en la que el beso se da a la vez que recibe. Vasija que tiene una presencia en la que espera al otro. La vasija de la Palabra espera la vida del otro, lo que el otro tiene que dar. La Palabra no está llena de sí misma sino que quiere al otro, le espera y llama. No para beber y ocuparle sino para que el otro entre en ella.

La Palabra Silenciosa de Roorda da lugar al otro, no impone su poder sino que, según Roorda, la Palabra tiene forma de vasija que te espera a ti. Decir Palabra Silenciosa es paradójico: ¿Cómo puede una palabra ser silenciosa? Remite al misterio. La concavidad de la vasija no es vacío sino espera, es Palabra que no está llena sino que siempre cabes tú.

Siete palabras

Esta idea de ‘La Palabra Silenciosa’ es empleada por Roorda en otra obra de la misma serie, titulada ‘Seven Bowls’, ‘Siete Cuencos’. Las siete Palabras Silenciosas son las de Cristo en la Cruz, las ‘Septem verba’: ‘Padre, perdónalos…’, ‘Hoy estarás conmigo…’, ‘Ahí tienes a tu hijo…’, ‘Dios mío, Dios mío…’, ‘Tengo sed’, ‘Todo está cumplido’ y ‘En tus manos…’.

Paul Roorda siete cuencos obra de arte para el blog de fernando vidal

El papel de la ceniza se proyecta con mayor profundidad y representa la muerte en Cruz. Las Siete Palabras son extremadamente dramáticas y alcanzan la tragedia –’¿Por qué me has abandonado?’-, son fuego que consume al hombre clavado en los maderos de la Cruz. Pero a la vez su interior es oro y gloria, son Palabras llenas de divinidad y vida, como expresan las hojas de oro que cubren el interior de los cuencos. Esas palabras en la Cruz muestran la profundidad de la idea de la Palabra Silenciosa. La muerte no lo llena todo, no ocupa sino que es desprendimiento, recepción, entrega, espera. La muerte no desborda al ser humano sino que la muerte es entrega de la espera.

Referencias