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Pliego
Portadilla del Pliego nº 3.141
Nº 3.141

Acción Católica General: hacer realidad el sueño de Dios

En la tarde del jueves 30 de julio de 2009, en Cheste (Valencia), nacía la Acción Católica General (ACG). Una realidad eclesial que propone un cauce estable para la vivencia y el desarrollo integral de la fe cristiana de todo el laicado “de a pie”, es decir, para aquellas personas que ya participan de alguna forma en la vida de la comunidad parroquial y también para todas las personas que nunca van por la parroquia, pero a las que debemos llegar con el mensaje de Jesucristo.

Han pasado ya diez años desde la refundación de la ACG. Es hora de hacer un primer balance y también de mirar al futuro. Sin duda alguna, la Iglesia necesita un laicado que, tanto de forma individual como de manera asociada, sea testigo y testimonio de Jesús en este mundo y en este tiempo, en todos los lugares y en todas las circunstancias. Vamos a acercarnos a la Acción Católica General, a conocer su trayectoria y, sobre todo, a conocer cuál es su propuesta.

Esta es la historia de una conversión. Como en todas las conversiones, hay momentos de noche oscura, de no ser capaces de ver el final del túnel, de perder la esperanza, de sentir miedo ante cualquier cambio… Y como en todas las conversiones, esta nunca puede darse por terminada. Los cristianos vivimos en permanente estado de conversión. La acción del Espíritu Santo siempre nos desinstala, nos llama a dejar atrás nuestras seguridades y nuestras comodidades, a que –como nos invita el papa Francisco– dejemos de decir frases como “siempre se ha hecho así” o “esto es como el año anterior”…

Toda conversión comienza con una crisis. Para la Acción Católica, esta crisis tiene su origen a finales de los años 60. Por aquel entonces, se estaban produciendo grandes cambios a nivel social (Mayo del 68 a nivel mundial, con sus particularidades en España, al encontrarnos en la etapa final de la dictadura franquista) y, al mismo tiempo, a nivel eclesial (puesta en marcha de la aplicación del Concilio Vaticano II, con el surgimiento de nuevas organizaciones eclesiales).

La Acción Católica, que hasta ese momento en España era la propuesta habitual para el laicado, se sumió en una profunda crisis que trajo como consecuencia su atomización en diferentes movimientos, y que muchos de los laicos que formaban parte de la Acción Católica siguieran en su comunidad parroquial pero ya desvinculados de la AC, o pasaran a formar parte de algunos de los llamados “nuevos movimientos”, que en aquel momento estaban comenzando a dar sus primeros pasos.

¿Cuáles fueron las consecuencias de todo esto? Pues la crisis de la Acción Católica supuso también, de alguna manera, una crisis para el laicado en España, con especial repercusión en la vida de la parroquia. Con el paso de los años, la Acción Católica quedó configurada en una realidad con dos modalidades: la Acción Católica General, dirigida al ámbito de la parroquia; y la Acción Católica Especializada, dirigida a distintos ambientes o realidades (estudiantes, obreros, mundo rural…).

La relación entre todas estas realidades terminó canalizándose con el paso de los años a través de la Federación de Movimientos de AC, que, por un lado, proporcionaba mayor autonomía a cada uno de los movimientos, pero, al mismo tiempo, este modelo organizativo no ha facilitado la unidad necesaria para ser capaces de hacer una propuesta integral al laicado que vive en un mundo cada vez más global e interrelacionado.

A principios de los años 90, la Conferencia Episcopal Española publicó el documento ‘Los cristianos laicos, Iglesia en el mundo’ (19 de noviembre de 1991). Este texto elabora una reflexión muy certera sobre la situación y el papel del laicado en la misión de la Iglesia y realiza algunas propuestas para que los laicos podamos ser, precisamente, lo que su título indica: Iglesia en el mundo. Fruto de esta reflexión, los obispos españoles tomaron la iniciativa proponiendo a las realidades de la Acción Católica General que comenzaran a dar pasos para articular una propuesta para el laicado de las parroquias.

Así, en los años siguientes, se constituye la Acción Católica General de Adultos (ACGA) y el Movimiento de Jóvenes de Acción Católica (MJAC). Sin embargo, aunque se dieron algunos pasos en la coordinación de estas dos nuevas realidades que, junto con el Movimiento Junior, eran las tres realidades de Acción Católica General, pronto comenzamos a ser conscientes de que una mayor coordinación siempre tiene sus limitaciones, y que lo que la Iglesia necesitaba era nuestra unidad, no solo organizativa, sino de acción y de espíritu.

No es hasta los primeros años de este siglo cuando los acontecimientos se suceden de forma acelerada. Así, en diciembre de 2007, se celebra en Huesca una asamblea conjunta de los tres movimientos de la Acción Católica General (Movimiento Junior, MJAC y ACGA), bajo el lema ‘A vino nuevo, odres nuevos’, muy indicativo del proceso que llevábamos viviendo en la última década. El objetivo era estudiar, profundizar y tomar una decisión en torno al proyecto de nueva configuración de la ACG, que lo que proponía era una nueva Acción Católica General que pudiera dar respuesta, desde las parroquias, a todas aquellas personas que desean acercarse a la fe y conocerla, o que desean profundizar en su vida cristiana.

Y después de un proceso precioso, al tiempo que sufriente, en el que el Espíritu Santo echó horas extras sin medida, en el que las risas y las lágrimas se alternaban constantemente, en el que se abandonaron frustraciones del pasado, en el que nos liberamos de complejos adquiridos e inducidos, fuimos capaces, en una calurosa tarde en Cheste, de poner en marcha la Acción Católica General. Con la distancia que nos proporciona el tiempo, podemos decir con toda seguridad que esto ha sido una obra de Dios por la que solo podemos dar las gracias y estar a la altura de la encomienda que la Iglesia nos ha dado.

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Índice del Pliego

UN POCO DE HISTORIA…

¿POR QUÉ LA IGLESIA NECESITA A LA ACCIÓN CATÓLICA GENERAL?

Una propuesta para la parroquia

Diocesanos al tiempo que parroquiales

Discípulos-misioneros

Un proceso para toda la vida

La vivencia de la fe

  • Orar
  • Celebrar
  • Conocer
  • Compartir
  • Vivir
  • Anunciar

¿QUÉ PUEDE APORTAR LA ACCIÓN CATÓLICA GENERAL A LA PARROQUIA?

UN ITINERARIO SIN CORTES

CONCLUSIONES

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