Balance de la Fase Continental del Sínodo en América Latina y el Caribe: Sinodalidad, un modo de ser Iglesia

Portada MisiónCELAM Nº 13

El 10 de marzo concluyeron las asambleas regionales del Sínodo de la sinodalidad en América Latina y el Caribe que, animadas por el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam), comenzaron el 13 de febrero. El itinerario constó de cuatro encuentros –en los que participaron 415 delegados–: Centroamérica y México, Caribe, Región Andina y el Cono Sur.



El resultado de este caminar juntos desembocó en la síntesis enviada a Roma para que la Secretaría del Sínodo prepare el ‘Instrumentum laboris’, que se prevé esté listo para Pentecostés después de que un equipo motor haya estado una semana de cónclave practicando la conversación espiritual –en la que se invita a cada uno a hablar abierta y honestamente de lo que va descubriendo en el desarrollo de la vida y de la fe– para discernir que documento marco se llevará a la primera fase mundial del Sínodo de la Sinodalidad, que tendrá lugar en octubre en el Vaticano.

Caminar juntos

Aún así, la experiencia va más allá de los documentos, pues lo verdaderamente importante es el impacto de la sinodalidad, es decir, la escucha, parresía, libertad de expresión, comunión, solidaridad, cercanía y empoderamiento que estamos viviendo durante todo este caminar como Iglesia que peregrina en América Latina y el Caribe.

Este proceso sinodal vuelve a evidenciar que es posible caminar con Cristo en el centro y dejarnos guiar por el Espíritu de Dios. Por eso, es importante que en el proceso sinodal se tenga la audacia de traer y discernir temas, muchas veces olvidados o relegados. Se trata de caminar juntos en una Iglesia sinodal que escucha a todos los tipos de exiliados para que se sientan en casa, una Iglesia que sea refugio para heridos y rotos, lo que implica salir al encuentro, dar nuestra atención, involucrarnos. Porque sinodalidad significa no esperar que la gente venga, sino salir nosotros al encuentro.

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