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La revelación


Un libro de Martín Gelabert Ballester (San Esteban-Edibesa, 2009). La recensión es de Josep M. Rovira.

Libro-revelación

La revelación. Acontecimiento fundamental, contextual y creíble

Autor: Martín Gelabert Ballester

Editorial: San Esteban-Edibesa

Ciudad: Salamanca-Madrid

Páginas: 282


(Josep M. Rovira Belloso) Tengo dos motivos para agradecer esta obra al P. Gelabert, OP. El primero es su arraigo en el pensamiento de Tomás de Aquino, cosa no frecuente hoy. Este arraigo no impide que el universo de Gelabert sea la teología europea posconciliar: Schillebeeckx, Rahner, Alfaro, Juan Pablo II (Fides et Ratio, sobre todo). Un detalle: desde esta perspectiva, se comprueba que el Oyente de la palabra, de Rahner, está realmente implantado en la obra tomasiana.

El otro motivo de mi agrado es la claridad expositiva, que convierte un libro profundo y pensado de forma original en un verdadero manual sobre la Revelación de Dios, útil para estudiosos y para personas cultas.

Desde el Prólogo, y más aún en el capítulo 1º, queda clara la finalidad de la obra: es una reflexión en el nivel de la teología fundamental sobre lo razonable de la Revelación, la cual, a su vez, es el fundamento de la ciencia teológica. Tomás enseñaba la necesidad de la Revelación como fundamento para la “otra ciencia” –la teología–, distinta de la filosofía.

Pero la persona está “contextuada” en la cultura actual, y hay que preguntarse si esa persona logrará entender una Revelación realizada en otra cultura muy distinta y anterior a la actual. Gelabert se inclinará por la capacidad de la misma Revelación para actualizarse y hacerse inteligible a las personas de hoy. El Evangelio no sólo se escribió para los que vivían “en aquel tiempo”, sino para interpretarlo y entenderlo hoy. Esto es muy importante para leer el AT y el NT no como relatos fundamentalistas, sino como la presencia o el paso de Dios que se actualiza hoy.

Finalmente, la Revelación debe ser creíble. Es tarea de la razón señalar, de acuerdo con la mejor filosofía y teología contemporáneas, la capacidad de la Revelación para dar sentido a la vida del que la recibe con fe, la cual siempre es “imperfecta” según Tomás (p. 78).

Pero, según el propio Tomás, hay que señalar el profundo acuerdo entre la Revelación y los principios evidentes de la razón humana. En efecto, Contra Gentiles I, 7 dedica todo el capítulo a mostrar que “no hay posibilidad de que los principios racionales sean contrarios a la fe”. Ambos proceden de Dios.

Fe y razón

Gelabert profundiza en el acuerdo entre fe y razón, desde la perspectiva del “ser humano abierto a la Trascendencia” (cap. 2º). Juan Pablo II ha visto que la capacidad de la razón humana para conocer a Dios permite hablar de Dios a todos los hombres y con todos los hombres (Fides et Ratio, n. 71). En este marco, Gelabert ofrece estos cuatro pasos: 1. El hombre, al desear la felicidad, desea a Dios en aquella comunión que le es posible. En el hombre se da un deseo implícito de Dios: el deseo de ser felices muestra que el hombre es deseo de Dios; 2. La felicidad del hombre se da cuando el Bien sacia su apetito; 3. Es imposible que un deseo natural sea vano, pues la naturaleza nada hace en balde; y 4. La comunión con Dios está por encima de las fuerzas naturales del hombre, pero el hombre puede conseguirla por gracia de Dios. El hombre es potencia obediencial hacia la unión con Dios. Ésta es la clásica y matizada doctrina en la que se escucha el eco del debate en torno a lo Sobrenatural, que tuvo sus máximos exponentes en Henri de Lubac, Rahner, Schillebeeckx y Alfaro. Nuestro autor alarga el diálogo hasta Fernando Savater, para quien la vida es un “milagro”, aunque, contradictoriamente, la vida “no tenga sentido”.

El tema prosigue en el capítulo 3º, ‘Condiciones de la Revelación’, con sus dos temas mayores: la sacramentalidad de la Revelación y lo Absoluto en la historia. ¡He confrontado las dos páginas de Gelabert sobre el “universal concreto” con las que S. Pié-Ninot dedica al tema en su 7ª edición de La Teología Fundamental! Ahí, dos teólogos mediterráneos muestran coincidencias significativas.

“¿Qué es la Revelación?”. La respuesta la da el cap. 4º, con su rotunda afirmación: “Para la fe cristiana el acontecimiento histórico de Jesús de Nazaret es el lugar de la definitiva y plena manifestación de Dios” (p. 81). La historia de la Salvación, para Gelabert, es previa y más amplia que la historia de la Revelación (ver pp. 82-83). Dios ha hablado de muchas maneras: por la Creación, por los profetas… Pero la Revelación cristiana plena es Presencia, Diálogo y Encuentro permanente y progresivo de Dios con los hombres, por Jesucristo, en el Espíritu.

Muy interesante es la dimensión eclesial de la Revelación (cap. 6º), lo que implica la necesidad de una interpretación viva de la Escritura según la Tradición. Gelabert añade unas sensatas advertencias sobre la interpretación de los dogmas.

Señalo el contenido global de la segunda parte, en la que el autor, en vez de explayarse en general sobre la increencia, las diversas religiones y la ciencia, hace un agudo estudio sobre la significación que tiene para el creyente el hecho de la increencia, la pluralidad de religiones y la ciencia. Así, la increencia percibe más el silencio de Dios que su Palabra viva. La increencia muestra a la fe que Dios no es una evidencia; ella purifica nuestra fe en Dios, que no se impone, sino que abre el espacio para la libertad del hombre. De modo parecido, se valora con optimismo –como contexto del creyente– la pluralidad de las religiones y la ciencia, bien entendido que sólo el amor salva, no la ciencia (pp. 206-208).

La tercera y última parte, sobre la credibilidad de la Revelación, tiene como joya de la corona la oferta de sentido que hace la fe cristiana al creyente. No sólo sentido de futuro (esperanza), sino sentido de presente para vivir hoy una existencia espiritual (p. 246). Dios quiere que el hombre viva (p. 252). ¿Un humanismo tomasiano, sensato y optimista? Eso es este libro.

En el nº 2.701 de Vida Nueva.

Actualizado
26/03/2010 | 08:29
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