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¿Por qué el Belén se convierte en un arma política arrojadiza?


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El trastero

Desde que irrumpieron en la políticas los ayuntamientos ‘del cambio’ parece que a Navidad no es un momento tan pacífico. Con Manuela Carmena, Madrid presenció la desaparición de las figuras luminosas de la Sagrada Familia de la Puerta de Alcalá –haciendo olvidar las críticas a algunas propuestas lumínicas de Ruiz Gallardón–. Ahora, el nuevo alcalde, José Luis Martínez-Almeida presume de luces y belenes para distanciarse de su rival político –a la espera de la cabalgata de Reyes Magos–.



Las estaciones madrileñas de Atocha y Chamartín también vivieron hace un año la entrada en vigor de unos protocolos de laicidad que dejaban fuera de su espacio el sencillo belén solidario de la Orden de San Juan de Dios. El ministerio de Fomento tuvo que rectificar ante la que se le vino encima. El propio ministro, el socialista José Luis Ábalos, tras destaparse el caso en Vida Nueva, justificaba la rectificación diciendo que el nacimiento “es más un elemento cultural que religioso”.

Lo mismo parece intuirse en el belén oficial que ha montado el Ayuntamiento de Barcelona en la plaza Sant Jaume. Una propuesta artística de Paula Bosch en la que las figuras clásicas aparecen en cajas repartidas a través de un trastero en el que se acumulan viejos recuerdos familiares, papel de regalo, adornos navideños, panderetas o una bandeja de canelones. La polémica no se ha hecho esperar. Con la de asociaciones de belenistas que hay por toda España…

La visita

Lejos de la polémica generada por estas decisiones de los políticos que se pasan de frenada –ya sea hacia un lado o hacia otro–, el papa Francisco ha comenzado el Adviento de este año en una aldea que está hermanada con Belén, Greccio. En el lugar donde se recuerda la primera representación del nacimiento en la Nochebuena de 1223 gracias a san Francisco de Asís. Desde allí ha regalado a toda la cristiandad la carta apostólica ‘Admirabile signum’ en la que aborda el significado y el valor del belén a través de sus personajes.

Un sencillo documento que puede ser para todos los públicos, en el que Francisco reivindica la costumbre navideña de representar el nacimiento de Jesús en las casas, “en los lugares de trabajo, en las escuelas, en los hospitales, en las cárceles, en las plazas…”. Para el pontífice –en sintonía con las artista de Colau–, esta costumbre es “un ejercicio de fantasía creativa, que utiliza los materiales más dispares para crear pequeñas obras maestras llenas de belleza”.

Por el valor que tiene para los niños, la piedad popular, o la nostalgia… el Papa espera “que esta práctica nunca se debilite; es más, confío en que, allí donde hubiera caído en desuso, sea descubierta de nuevo y revitalizada”. Más allá de los que hagan las autoridades políticas, recuerda Francisco: “No es importante cómo se prepara el pesebre, puede ser siempre igual o modificarse cada año; lo que cuenta es que este hable a nuestra vida”.

La gratitud

“El belén forma parte del dulce y exigente proceso de transmisión de la fe. Comenzando desde la infancia y luego en cada etapa de la vida, nos educa a contemplar a Jesús, a sentir el amor de Dios por nosotros, a sentir y creer que Dios está con nosotros y que nosotros estamos con Él, todos hijos y hermanos gracias a aquel Niño Hijo de Dios y de la Virgen María. Y a sentir que en esto está la felicidad. Que en la escuela de san Francisco abramos el corazón a esta gracia sencilla, dejemos que del asombro nazca una oración humilde: nuestro ‘gracias’ a Dios, que ha querido compartir todo con nosotros para no dejarnos nunca solos”, escribe el papa Francisco al final de su carta apostólica. Volver a lo esencial, sobre todo en Navidad.