Fernando Vidal, sociólogo, bloguero A su imagen
Instituto de la Familia de la Universidad Pontificia de Comillas

Las grietas doradas


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En el siglo XV, un shogun japonés envió a China dos valiosos tazones de té rotos para que se los repararan, pues allí se decía que estaban los mejores artesanos. Al devolvérselos, se encontró con desagrado que las grietas habían sido juntadas de forma torpe con grapas. Entonces pidió a un grupo de artesanos japoneses que encontraran la más delicada forma de unirlos. Así nació el arte conocido como Kintsugi, que une las partes rotas con resina dorada. El resultado es muy bello pues donde había grietas ahora hay líneas de oro. Los objetos reparados muchas veces son mejor valorados que los aparentemente perfectos.

El kintsugi es un ejemplo de la belleza de lo imperfecto. Es una estética llamada Wabi-sabi en Japón. Wabi y Sabi son conceptos de origen religioso que ha recogido la filosofía estética. La contemplación de lo asimétrico, lo desgastado, lo reparado, lo sencillo o lo incompleto habla de la belleza de la humildad, el anhelo de lo mejor, el perdón, el límite, lo diverso, la modestia, lo efímero, la sencillez, lo inalcanzable o lo menor.

En el kintsugi, los fracasos y roturas no desaparecen sino que se sanan cubriéndolos con polvo de oro, que tradicionalmente ha simbolizado lo sagrado. Kintsukuroi significa “reparar con oro”, que simbólicamente significa reparar con lo espiritual, con lo sagrado, con la misericordia de Dios. Reparados, los objetos todavía eran más bellos que cuando parecían perfectos, pues llevan en sí mismos la compasión y el amor que lo une todo.

Cicatrices

Casi todo llevamos alguna cicatriz física en el cuerpo: una cirugía, un corte, una herida. Si la tocamos no nos duele, pero la llevamos. Incluso puede que le acabemos tomando cariño al recordar lo que superamos. La sabiduría del fracaso nos sugiere que convirtamos los límites en aprendizaje y belleza. Son fuente de saber, fuente de compasión, fuente de relación porque descubrimos que no somos autosuficientes.

La artista estadounidense Rachel Sussman (Baltimore, 1975) creó un proyecto artístico en 2017 que denominó Sidewalk Kintsukuroi. (www.rachelsussman.com), donde escogió grietas callejeras y las reparó con un material dorado. Las fotografías muestran calles rotas, con largas fisuras que han sido rellenadas con oro.

Cuando uno contempla estas obras de Sussman –estudió su carrera en el católico St. Mary’s College, en Maryland–, piensa en las divisiones que están partiendo las calles, plazas, ciudades, países de nuestro mundo. La Gran Desvinculación que Zygmunt Bauman decía que ha sufrido nuestro mundo en las últimas décadas, ha partido nuestra convivencia pública. ¿Cómo repararla?

Caminar juntos

No es la primera vez que sucede. Nuestro mundo está continuamente sometido a la tentación de las divisiones de clase, territorio, raza, religión, ideología, sexo, edad, profesión, estética… Ya lo dijo el diablo a su sobrino en aquel relato de C. S. Lewis: si quieres hacer que la Humanidad se condene, simplemente traza una línea en el suelo y ellos se encargarán de dividirse y multiplicarla.

El problema es que nuestra memoria histórica también es usada la mayoría de las veces para dividir y no para ser más sabios y fraternales. ¿Cuándo vemos a las grietas de nuestro pasado están reparadas con oro? ¿Están unidas de nuevo las partes con la sabiduría, el aprendizaje, el perdón, la comprensión, la misericordia, la trascendencia, lo más sagrado? ¿O está cutremente unido por grapas que no acaban de cerrar las heridas? ¿Cuando tocamos las cicatrices de nuestra historia todavía nos duelen o ya han sido integradas a la piel? Habría que crear encuentros de concordia y perdón, donde con la buena fe, nos preguntásemos qué podemos reconciliar y aprender de los conflictos y daños del pasado.

grieta

¿Y si hacemos que los ciudadanos que desconfían unos de otros, que se odian o ignoran, practiquen juntos el arte del Kintsugi para reparar un mismo tazón? ¿Y si les proponemos que reparen juntos las grietas de las calles? ¿Y si cuidan juntos lo herido, lo roto, lo empobrecido? ¿Cuál es el oro que une a los divididos?

Rachel Sussman nos invita a que reparemos las divisiones de nuestra convivencia con el oro de lo más sagrado. Que donde haya fisuras, pongamos fe en que lo humano siempre es más que sus límites. Solo un intenso sentido de trascendencia que supere el supremacismo y la autorreferencia nos puede reunir de nuevo. Reparemos las grietas de nuestras calles con el oro del amor y el saber. Si miramos nuestras heridas con compasión, entonces las veremos brillar como el oro.