La integración de las personas con discapacidad, ¿mito o realidad?


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El día internacional

Hoy es 3 de diciembre, en este primer lunes de Adviento en el que Navarra y el mundo celebran a san Francisco Javier, ese ‘santoral laico’ que son los días internacionales reserva esta jornada para recordar las dificultades de inclusión que aún viven en nuestro mundo las personas con discapacidad.

Este Día Internacional fue establecido por la ONU en 1992 con la finalidad de “promover los derechos y el bienestar de las personas con discapacidades en todos los ámbitos de la sociedad y el desarrollo, así como concienciar sobre su situación en todos los aspectos de la vida política, social, económica y cultural”.

Un momento culmen de la diplomacia supranacional en este tema ha sido la adhesión de 160 países a la “Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad” aprobada en 2006. Los firmantes constatan que la discapacidad es la “minoría más amplia del mundo”, y que las personas que viven esta situación “suelen tener menos oportunidades económicas, peor acceso a la educación y tasas de pobreza más altas” debido a la falta de servicios o a la “ignorancia es en gran parte responsable de la estigmatización y la discriminación que padecen las personas discapacitadas”.

Y es que el abanico de posibles discapacidades es amplísimo. Sirva como ejemplo la organización por colectivos de los recursos que ofrece el Servicio de Información sobre Discapacidad (SID) que establece dentro de las discapacidades físicas: las motóricas osteoarticulares (de cabeza, columna, extremidades superiores o inferiores), las del sistema nervioso (parálisis de una extremidad superior o inferior, paraplejía, tetraplejia, trastornos de coordinación de movimientos o tono muscular u otras deficiencias) y las viscerales (del aparato respiratorio, cardiovascular, digestivo, genitourinario, endocrino-metabólico, hamatopéyico e inmunitario). Dentro de las discapacidades intelectuales, las enfermedades mentales tenemos: los diferentes grados de discapacidad intelectual, los trastornos del aprendizaje (de la lectura, el cálculo, la expresión escrita…), trastornos generalizados del desarrollo (como el trastorno autista, de Rett, desintegrativo infantil, de Asperger…), los casos de trastornos por déficit de atención y comportamiento perturbador y las enfermedades mentales como el delirium, la demencia, los relacionados con sustancias, la esquizofrenia, los trastornos del estado de ánimo, los de ansiedad, los sexuales, los de conducta alimenticia, los del sueño, el control de impulso, los adaptativos o los de la personalidad. Otro grupo son las discapacidades sensoriales y expresivas (ceguera, sordera, trastornos del equilibrio, mudez, tartamudez…) y las pluridiscapacidades como la sordoceguera o la parálisis cerebral… Este abanico no puede ser más elocuente.

Los datos

Cada año por esta fecha la ONU aprovecha para hacer un informe de la situación, es el llamado, en esta ocasión, “Informe fundamental de la ONU sobre Discapacidad y Desarrollo, 2018. Realización de los ODS por, para y con personas con discapacidad”. En él se constatan que en una población mundial de 7.000 millones de personas, más de 1.000 millones sufren algún tipo de discapacidad, es decir, una de cada siete.

Esta cifra además se vuelve más significativa al tomar conciencia de que más de 100 millones de discapacitados son niños; y los niños con discapacidad tienen cuatro veces más posibilidades de ser víctimas de algún tipo de violencia, dice abiertamente el informe. Y por ahondar más en los datos preocupantes, hay que señalar que el 80% de las personas con discapacidad vive en los países en desarrollo o que el 50% de las personas con discapacidad no tiene acceso a la sanidad, elemento vital para que desarrollen plenamente todas sus cualidades de modo satisfactorio.

En España el Instituto de Mayores y Servicios Sociales (IMSERSO) cuenta con una “Base Estatal de datos de personas con discapacidad”. El último informe es el del 31 de diciembre de 2016. En él se recogen 4.563.749 registros correspondientes a personas a las que se les ha valorado la discapacidad. De ese número de registros, un 3.378.622 tendrían un grado de discapacidad igual o superior al 33%, siendo muy igualados los datos de hombres y de mujeres. El porcentaje intenta medir esa leve frontera entre llevar una vida con relativa autonomía y necesitar ayuda para elementos básicos del día a día.

La receta

El pasado mes de noviembre el papa Francisco recibió a una representación del Movimiento Apostólico de Ciegos (MAC), una iniciativa que tiene 90 años de vida en Italia. A ellos les reiteró “que la mejor respuesta para ofrecer a nuestra sociedad, que a veces tiende a marginar a las personas con discapacidad, es el arma del amor, no el falso, meloso y pietista, sino ese amor verdadero, concreto y respetuoso”. “En la medida en que se es acogido y amado, incluido en la comunidad y acompañado para mirar hacia el futuro con confianza, se desarrolla el verdadero camino de la vida y se experimenta una felicidad duradera”, señaló.

Un par de meses antes, en un mensaje para conmemorar el Día Internacional de las Personas Sordas también Francisco abordó la cuestión de la integración como reto pendiente de una sociedad que progresa en investigación y avances científicos. “En estas décadas se han logrado grandes avances en diversos campos, científico, social y cultural, pero al mismo tiempo también se ha extendido la peligrosa e inaceptable cultura del descarte, como consecuencia de la crisis antropológica que ya no pone al hombre en el centro, sino que busca más bien el interés económico, el poder y el consumo desenfrenado”, fue su diagnóstico. Frente a esto, “estamos llamados a ir contra la corriente, luchando sobre todo para que siempre esté protegido el derecho de cada hombre y cada mujer a una vida digna”, reclamó. Para el Papa este compromiso “no se trata solo de satisfacer determinadas necesidades, sino todavía más de reconocer el propio deseo de ser acogidos y de poder vivir de forma independiente”.