Fernando Vidal, sociólogo, bloguero A su imagen
Director de la Cátedra Amoris Laetitia y director del Instituto Universitario de la Familia, de la Universidad Pontificia Comillas

La evolución a Dios


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¿Por qué el cerebro de los homínidos creció hasta dar lugar al Homo Sapiens? Para poder relacionarnos con Dios.

Las ciencias que estudian cuál fue el factor desencadenante de la plenitud humana llegan a una conclusión: el cerebro creció a una complejidad de máxima magnitud para poder amar. Fue el amor conyugal, filial, familiar, social, el que hizo las vinculaciones tan profundas que surgió una nueva realidad personal capaz de ser amor. El hombre no es principalmente un animal social o cultural, sino que la singularidad humana es el amor.



La religiosidad en el ser humano

Pero lo que llevó el cerebro humano a ser algo distinto a todo lo existente en el cosmos fue la búsqueda de la relación con Dios, lo sagrado, la trascendencia. La religiosidad es una dimensión presente en el fenómeno humano desde su origen y de modo universal. Cuando lo humano comenzó a vivir las vinculaciones como hechos de amor, experimentó que el amor no se limitaba a los otros, sino que ese amor se expandía y buscaba una forma de relacionarse con todo de un nuevo modo. Así, en el interior de cada cosa y en el Todo, buscó el Quién amaba. La relación con Dios surge en el proceso de hominización de un modo abrahámico: en el curso de un diálogo profundo con el Quién, en una búsqueda de un amor último en el que se comenzó a vivir, mover y existir.

Es la vinculación amorosa con Dios –buscando su persona en las alteridades de la naturaleza, en los misterios o en el interior– la que condujo a que nuestro cerebro alcanzara su máximo desarrollo y se constituyera el Homo sapiens. Solo la búsqueda del modo de religación con tal misterio de amor tiene la envergadura para que fuera posible el ser humano.