Fernando Vidal, sociólogo, bloguero A su imagen
Director de la Cátedra Amoris Laetitia

¿12 millones de menores víctimas de abusos en la Iglesia católica mundial?


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Hay que reconocer la honestidad de la Conferencia Episcopal Francesa al impulsar la comisión de investigación que ha concluido que hay 330.000 víctimas de abusos sexuales en instituciones eclesiales, una víctima cada 204 habitantes o cada 106 católicos franceses (dada la población actual del país y el porcentaje de católicos, el 52%). Incluso Francia, que ya llevaba años reconociendo el problema, ha quedado atónita al comprobar que las cifras han multiplicado por 33 –la edad de Cristo en cruz–, las previsiones iniciales. Es significativo que el 35% de los abusos hayan sido cometidos por laicos.



No son incidentes puntuales ni desviaciones personales, sino que los abusos han constituido un sistema del mal que ha enraizado en el modelo organizativo de la Iglesia y que afecta a todos, no solamente a los célibes.

Es difícil proyectar al mundo esta investigación ya que la cultura sexual francesa ha sido muy convulsa en la segunda mitad del siglo XX, pero también es cierto que la Iglesia francesa ha estado más examinada por la sociedad y allí donde la Iglesia ha podido ser más arbitraria se habrán abrigado más casos.

A falta de nuevos datos, si proyectamos al número de católicos en el mundo (1.345 millones), la tasa de un caso cada 106 católicos, arrojaría un posible total de 12,7 millones de víctimas. Es solamente una proyección teórica, sujeta a muchas variaciones, pero, en todo caso, es de temer que difícilmente haya menos de la mitad de esas víctimas, lo cual constituye una catástrofe y, en palabras de Veronique Margron, presidenta de los religiosos de Francia, un crimen contra la humanidad.

Acabar con el modelo absolutista

Se discute sobre las posibles causas de ese mal estructural, pero lo que no aloja ninguna duda es que sin el modelo eclesiástico que otorga poder absoluto a pastores, religiosos o laicos en sus dominios institucionales no hubiera sido posible que se asentara y encubriera el sistema de abusos. Todo absolutismo provoca abusos de distintos tipos.

Para garantizar que se evitan nuevos abusos está muy bien crear comisiones y oficinas, pero ante todo este atentado contra la humanidad, la Iglesia está moralmente obligada a desmontar el modelo absolutista de organización clerical que laicos o curas usan para el abuso de autoridad, de conciencia y sexual.

La actual reforma sinodal de la Iglesia es la mejor vía para luchar estructuralmente contra los abusos sexuales en el interior de la comunidad católica.

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