Autores

José María Avendaño Perea

Imagen de archivo de sacerdotes y eucaristía/REGNUM CHRISTI

Un plan para resucitar el clero, por José María Avendaño

Toda mi persona, como tú, está viviendo días y noches de confusión, de dolor propio y ajeno, pues han muerto familiares, amigos, vecinos, parroquianos… y miles de personas. Desorientación, extrañeza,

Juan Martín Velasco

A Juan de Dios Martín Velasco, testigo y maestro de una fe viva

El vicario general de la Diócesis de Getafe recuerda al que fuera "la mediación, el testigo, el discípulo misionero" que Dios puso en su camino para ser hoy "sacerdote de Jesucristo y vivir humildemente este ministerio"
La mano de una enfermera toma la de un enfermo de Cuidados paliativos

Lecciones de vida para acompañar en la enfermedad y preparar una buena muerte

El reciente fallecimiento de su padre ha empujado al autor a compartir una experiencia de cruz y resurrección muy personal, con la confianza de que sus recuerdos y reflexiones puedan iluminar el camino de cuantos atraviesan estos particulares calvarios cotidianos
Una indigente descansa en un banco de la calle

“¡Sed misericordiosos!”. Siete ventanas abiertas a la Pascua

Con la Resurrección de Jesús, los “heridos por la vida” experimentan un nuevo amanecer. En vísperas del II Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia (28 de abril), el Señor nos llama a salir a los caminos y ser misericordiosos con esos hermanos más necesitados
Acuarela de José Mª Avendaño

Familia común, casa común

Dios, donación constante de amor, nos entrega el verano como tiempo para gustar de la familia, los amigos y compañeros, del silencio y de la oración… También de la suave y sanadora fragancia de la Creación, casa común por la que nos invita a velar cuidadosamente cada nuevo día
Ilustración José María Avendaño

Pascua de salvación: el Crucificado ha resucitado

La Pascua que nos disponemos a celebrar arranca en la periferia de Belén, donde Jesús se encarnó en la historia humana invitándonos a descender hasta los últimos y a vaciarnos con ellos. Hoy, el Crucificado nos llama a que –como dice Francisco– “toquemos la miseria humana, la carne sufriente de los demás”, porque el Resucitado sale cada día a nuestro encuentro “en figura de otro” (Mc 16, 12). Solo así contribuiremos a la construcción del Reino que Dios, en su infinito amor, nos ha donado a través de su Hijo.