Iglesia en ágora

Alberto Iniesta(Alberto Iniesta– Obispo Auxiliar emérito de Madrid)

“Ese mismo tono de caridad cristiana debe resplandecer, igualmente, en los medios de comunicación social de la Iglesia -parroquia, diócesis, Conferencia Episcopal-. Ante todo, desterrando la mentira o las medias verdades, el insulto, el sarcasmo o el partidismo; proponiendo, no imponiendo…”

Gracias a Dios, en los últimos tiempos la Iglesia ha salido al ágora de los medios de comunicación social, no para entrometerse en asuntos de poder y de partidos, pero sí para iluminar con la Palabra de Cristo los grandes problemas de justicia, de ética y de moral que afectan al bien común. 

Naturalmente, el principio básico de la caridad ha de afectar siempre y en todo a esos medios como a las otras actividades de la Iglesia, aunque se manifieste de diversas maneras según las circunstancias. Ahora bien, el amor es una palabra tan grande que es necesario distribuirlo y aplicarlo en porciones, en pequeñas dosis, de la misma manera que el infinito amor de Dios se nos va manifestando en diversas formas a lo largo de nuestra vida.

Así, también, nuestra vida pastoral debe estar toda ella empapada en el amor del Espíritu Santo, en toda circunstancia y de mil maneras: con la sonrisa, la paciencia, la delicadeza, la puntualidad, la bondad, la compasión, la humildad, la fraternidad, la cercanía, la servicialidad, la empatía, la simpatía, con la gracia de Dios, que nunca falta.

Ese mismo tono de caridad cristiana debe resplandecer, igualmente, en los medios de comunicación social de la Iglesia -parroquia, diócesis, Conferencia Episcopal-. Ante todo, desterrando la mentira o las medias verdades, el insulto, el sarcasmo o el partidismo; proponiendo, no imponiendo; no buscando vencer, sino convencer; modestos en los medios y amorosos en los modos, etc. 

Entre todas las actitudes positivas que deben cultivar los medios de la Iglesia en cuanto tal, una de las más importantes es la imparcialidad, desterrando todo partidismo. No así en los medios de grupos de cristianos, que bajo su propia responsabilidad y según su conciencia cristiana, pueden intervenir en la vida política y en sus problemas y polémicas.

La Iglesia no debe ser acólito de nadie.

ainiesta@vidanueva.es

En el nº 2.656 de Vida Nueva.

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