Nunca desde la confrontación

(Juan Rubio-Director de Vida Nueva)

Las tensiones entre obispos y Gobierno no cesan. Se suceden las provocaciones. No obstante, la reacción ante ellas, vengan de donde vengan, no deberían hacerse desde la confrontación. Es malo para el propio sistema. Los prelados saben lo importante que es el arte de medir los tiempos para decir las propias verdades. La confrontación está dejando un modelo de Iglesia que no refleja la realidad eclesial en su totalidad. Cansa ya ese lenguaje que se cuaja desde la diatriba, como cansa la altanería laicista y su lenguaje mordaz y ofensivo. En su afán por ganar las elecciones, no les duelen prendas en pasear mitras creando un ambiente de mofa con ribetes de sainete, como sucedió en la entrega de los Goya. Se ha abierto la veda. Mientras tanto, el malestar crece en el pueblo sencillo que ve prelados parlanchines, poco amigos de la crítica y políticos deslenguados y vengativos. Una nota reiterativa, calificada de inoportuna por un sector, pone al otro sector en tensión y hace saltar las alarmas. Todos a los pies de los caballos. El pueblo reacciona riéndose la primera vez, sonriéndose la segunda y llorando a la tercera, como si leyeran ese triste retrato de España que se da en El Quijote. No hay mediadores con las manos libres y la grieta se agranda, perjudicando a todos. Probablemente cada cual seguirá con su propia verdad, pero tenemos derecho a soñar que cada uno la defienda con diálogo y nunca desde la confrontación. Una Iglesia así será más valorada y escuchada. Es una siembra paciente y más evangélica, con un lenguaje de más calado que el griterío y la confrontación.

A ras de suelo del nº 2.600 de Vida Nueva (Del 9 al 15 de febrero de 2008).

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