Más humillación no es posible

(Fernando Monsalve Martínez– Sevilla) Estoy coordinando el Movimiento Asambleario de Profesores de Religión de Sevilla en Educación Secundaria y las noticias que me van llegando de compañeros/as acerca de cómo queda su situación laboral es humillante. Nos están repartiendo horas y Centros a finales de octubre, sin baremos ni criterios públicos, con incompatibilidad de horarios en los Institutos (¿quién va a cambiar los horarios a estas alturas de curso?).

Compañeros/as que se quedan con cuatro, seis, siete horas lectivas, e incluso una compañera con una (multipliquemos por unos 100 euros lo que van a cobrar al mes). Otros que van a tener que hacerse en torno a 200 km. para dar una o dos horas en un día, compartiendo horarios en dos o tres Centros, con distancias kilométricas entre ellos. Muchos estamos dando las clases en el Salón de Actos porque no cabemos en las aulas normales. Y todo esto, cambiándonos de forma unilateral, al margen del Estatuto de los Trabajadores, nuestros contratos indefinidos. El proceso de marginación y exclusión del profesorado de Religión en Andalucía se está volviendo insoportable en un Estado de Derecho como éste. 

Se nos han ido quitando derechos laborales y oportunidades: ni programas de calidad, ni de acompañamiento, ni tutorías, ni departamentos. Nada de nada. Y ahora, ya, llegamos al ensañamiento dejando a padres y madres de familia cobrando desde 100 a 500 euros al mes, sin poderse despedir porque perderían derecho al paro (con el que cobrarían hasta tres veces más). La desesperación de muchos profesores les está llevando a darse de baja por ansiedad y depresión. 

¿Es éste el trabajo decente por el que presumen luchar muchos líderes socialistas? Esto solamente ocurre con tal ensañamiento en Andalucía. Estas situaciones nos recuerdan más a persecuciones de antaño por motivos de raza, condición social, orientación sexual, opiniones políticas, credos… ¿Es éste el socialismo democrático? Yo creo que no. Más bien se trata de un régimen anclado en el poder que se cree señor absoluto de la vida de los demás.

Termino con un caso real: el funcionario de turno, llamando por teléfono con ‘nocturnidad’ (a las 11 de la noche en algunos casos) a los profesores para “ofrecer” horas y Centros “a elegir”, contacta con una compañera y le dice que la llamó el otro día al móvil, pero como no lo cogió, las dos horas que le iba a “dar” se las “dio” al “siguiente”. Casi tres mil euros al año que perdió la compañera por no coger el teléfono. Y hay más casos así.

En el nº 2.635 de Vida Nueva.

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