Los jóvenes universitarios presentan su manifiesto Laudato si’ al papa Francisco en la JMJ

“Unamos nuestras fuerzas para revertir el rumbo, trabajemos juntos por el bien común con la ilusión que nos caracteriza”

universitarios

Durante su encuentro con jóvenes universitarios en la Universidade Católica Portuguesa, los participantes en el IV Congreso Internacional sobre el Cuidado de la Creación (organizado por la Fundación Juan Pablo II para la Juventud con el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, la JMJ de Lisboa, el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral y promovido por el Movimiento Laudato Si’) han entregado un manifiesto al papa Francisco en el que señalan que “las dimensiones globales de la crisis ecológica son tales que requieren la contribución de todos en la búsqueda de soluciones efectivas y duraderas”.



Por lo tanto, los jóvenes han hecho un llamamiento, en primer lugar, a todos los jóvenes del mundo: “Unamos nuestras fuerzas para revertir el rumbo, trabajemos juntos por el bien común con la ilusión que nos caracteriza”. Asimismo, han pedido a la Iglesia católica que “escuche y acepte lo que el Espíritu Santo le dice sobre la salvaguardia de la creación”. Y es que, según relatan los jóvenes, “hay muchos pastores y fieles que no conocen ‘Laudato si’’, ni han oído hablar de los esfuerzos que se realizan en todo el mundo para la protección de la creación”. Por eso, piden “a los pastores y a todas las personas que ocupan puestos de responsabilidad en nuestra Iglesia que den el buen ejemplo de conversión ecológica y que acompañen las iniciativas de los jóvenes en este campo”.

Del mismo modo, señalan que “la Doctrina Social de la Iglesia debe compartirse constantemente como un medio para promover el tan necesario cambio de paradigma hacia la ecología integral”. Además, piden a las iglesias cristianas y a todas las demás denominaciones religiosas que promuevan “la fraternidad universal, la cultura del encuentro, la benevolencia y estilos de vida sostenibles e inclusivos”; y a las familias del mundo, “que sean ecosistemas de amor, de entrega, de paciencia, de responsabilidad y de transmisión de valores evangélicos y de convivencia” y que sean capaces de “crear espacios de compartir y discernimiento para el cuidado de nuestra casa común y familiarizarse con los espacios verdes y los animales”.

Al mundo de la economía, la producción y el emprendimiento, los jóvenes le han exigido “más transparencia en las finanzas y el comercio”, que prohíban “las estrategias comerciales que generan desperdicios y todo tipo de adicciones nocivas y en su lugar un marketing que promueva estilos de vida sostenibles y que las ganancias no sean su único objetivo”. Además, piden “que el estudio del impacto ambiental y social de las actividades económicas sea uno de los parámetros para medir la excelencia de cualquier emprendimiento económico”, y que “cada lugar de trabajo que se crea tenga como objetivo ennoblecer al hombre y que sea compatible con la vida familiar”.

Conocimiento y amor por la creación

A los gobernantes y a la política, los jóvenes universitarios los jóvenes les han pedido “políticas duraderas para la protección de la casa común, que pongan en el centro al ser humano y brinden a todos las mismas oportunidades para crecer y contribuir al desarrollo de su comunidad, mientras se lucha contra la pobreza, la falta de vivienda y la discriminación”. Además, han exigido que “se ocupen seriamente y sin más demora de los grandes retos que amenazan la vida y los hogares de millones de personas”, como, por ejemplo, “que depongan las armas y pongan fin a todas las guerras, y que aborden las consecuencias previsibles de la perturbadora subida del nivel del mar”.

“Son necesarios mecanismos eficaces y vinculantes para cuidar la biodiversidad, con la participación de las comunidades locales”, señalan los jóvenes en el manifiesto. “La buena gestión de los residuos y la eliminación progresiva de los combustibles fósiles y los productos químicos peligrosos también deben ser prioridades en todas partes”.

Al mundo educativo, los jóvenes les han pedido “que todas las instituciones educativas tengan un crecimiento ‘con más significado’ y hacia una ‘vida buena’ de corazón”. “Pedimos en particular que las universidades católicas incluyan conceptos de doctrina social de la Iglesia y en particular de ecología integral en todas las carreras. Se debe evitar la “eco-ansiedad” y más bien “fomentar el conocimiento y el amor por la creación”, añaden.

Al mundo de la comunicación, “que se preste atención a la cuestión ecológica y a los problemas de injusticia social. También pedimos que se muestre lo que es bello, alentador y constructivo”. “Por favor”, concluyen, “no sean instigadores del odio y del consumismo desenfrenado, en su lugar, contribuyan a resaltar la dimensión espiritual de la crisis”.

Por último, al mundo de la investigación científica y la tecnología, le ha instado a “invertir en innovaciones capaces de minimizar el impacto ambiental de las acciones humanas, y en aquellas capaces de restaurar los ecosistemas y la biodiversidad en lugares donde han sido particularmente dañados. Pedimos mejores indicadores para medir el rendimiento y el “bien” que consigue una política o una empresa; también necesitamos indicadores más precisos para medir la pobreza y el desarrollo humano integral. Pedimos que el desarrollo tecnológico se base en un enfoque ético sólido, y que la ciencia esté al servicio de la persona humana”.

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