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Francisco: “En la Iglesia nos centramos en los pecados sexuales y nos olvidamos de los relacionados con la injusticia social”

  • El Pontífice reconoce a los jesuitas de Mozambique que ser Papa no le ha hecho “menos pecador”
  • Una vez más, denuncia el clericalismo: “Detrás de todo el rígido clericalismo hay serios problemas”
  • Clama contra los “fundamentalistas católicos que subrayan más el proselitismo que la evangelización”
  • Mensaje a los sacerdotes: “El buen pastor sabe conducir su grey sin someterla a reglas que la mortifican”

El papa Francisco, con los jesuitas durante su viaje a Mozambique

El pasado 5 de septiembre, durante el viaje a Mozambique, el papa Francisco se encontró de forma privada con un grupo de veinticuatro jesuitas, como acostumbra a hacer en todas sus giras internacionales. Una hora de conversación en la que hablaron de tú a tú. El jesuita Antonio Spadaro, director de La Civiltà Cattolica, comparte una vez más la transcripción de la reunión, resumida a continuación.

PREGUNTA.- P. Bendito Ngozzo: Algunas sectas protestantes utilizan la promesa de riqueza y prosperidad para hacer prosélitos. Los pobres se dejan fascinar y esperan volverse ricos adhiriéndose  a estas sectas que utilizan el nombre del evangelio. De ese modo, abandonan la Iglesia. ¿Qué recomendación puede darnos para que nuestra evangelización no sea hacer proselitismo?

RESPUESTA.- Hay que distinguir bien entre los que se denominan protestantes. Hay muchos con los cuales podemos trabajar muy bien y a los que les importa un ecumenismo serio, abierto, positivo. Pero hay otros que buscan solamente hacer proselitismo y utilizar una visión teológica de la prosperidad. Hay sectas que verdaderamente no pueden definirse como cristianas. Predican a Cristo, sí, pero su mensaje no es cristiano. Nada que ver con la predicación de un luterano o de otro cristiano evangélico serio. Estos llamados evangélicos predican la prosperidad, prometen un evangelio que no conoce la pobreza, sino que busca simplemente hacer prosélitos. Es justamente lo que Jesús condena en los fariseos de su tiempo.

Hoy sentí una cierta amargura cuando concluí el encuentro con los jóvenes. Una señora se me acercó con un joven y una joven. Se me indicó que formaban parte de un movimiento un poco fundamentalista. Ella me dijo, en perfecto español: ‘Santidad, vengo de Sudáfrica. Este muchacho era hindú y se convirtió al catolicismo. Esta chica era anglicana y se convirtió al catolicismo’. Pero me lo dijo de manera triunfal, como si hubiese hecho una batida de caza, con el trofeo. Me sentí incómodo y se lo dije: ‘Señora, evangelización sí, proselitismo no’.

Lo que quiero decir es que la evangelización libera. En cambio, el proselitismo hace perder la libertad. El proselitismo es incapaz de crear un camino religioso en libertad. Prevé siempre gente de un modo u otro sometida. En la evangelización el protagonista es Dios, en el proselitismo lo es el yo. Debemos evangelizar, que es algo muy distinto del proselitismo. La evangelización es esencialmente testimonio. El proselitismo es convincente, pero es todo afiliación, y te quita la libertad. Las sectas, en cambio, al hacer prosélitos, separan a las personas, les prometen muchas ventajas y, después, las abandonan a sí mismas.

La identidad misma de la Iglesia es evangelizar. Pero, lamentablemente, no solo en las sectas, sino también dentro de la Iglesia católica hay grupos fundamentalistas. Subrayan el proselitismo más que la evangelización. La evangelización no viola nunca la conciencia: anuncia, siembra y ayuda a crecer. Ayuda. En cambio, quienquiera que haga proselitismo viola la conciencia de las personas: no las hace libres, las hace depender. La evangelización te da una dependencia paterna, es decir, te hace crecer y te libera. El proselitismo te da una dependencia servil, de conciencia, y social. La dependencia del evangelizado, la paterna, es el recuerdo de la gracia que Dios te ha dado. El prosélito, en cambio, depende no como un hijo, sino como un esclavo, que al final no sabe qué hacer si no se le indica.

P.- Leonardo Alexandria Simão: ¿Ha cambiado su experiencia de Dios desde que fue elegido Papa? ¿Cómo?

No te sé decir, de verdad. O sea, creo que, fundamentalmente, mi experiencia de Dios no ha cambiado. Sigo siendo el mismo de antes. Sí, advierto un sentimiento de mayor responsabilidad, sin duda. Además, mi oración de intercesión se ha hecho mucho más amplia que antes. Pero también antes vivía la oración de intercesión y sentía la responsabilidad pastoral. Sigo caminando, pero no hay cambios verdaderamente radicales. Le hablo al Señor como antes. Siento que me da la gracia que me hace falta para el tiempo presente. Pero el Señor me la daba también antes.

Y, además, cometo los mismos pecados que antes. La elección como papa no me ha convertido de golpe, no me ha hecho menos pecador que antes. Soy y sigo siendo un pecador. Las tentaciones son las mismas y también los pecados. El solo hecho de que ahora yo me vista todo de blanco no me ha hecho para nada menos pecador y más santo que antes. Por eso me confieso cada dos semanas.

P.- P. Joachim Biriate: ¿Cómo se hace para evitar caer en el clericalismo en el curso de la formación al ministerio sacerdotal?

El clericalismo es una verdadera perversión en la Iglesia. El pastor tiene la capacidad de ir delante de la grey para indicarle el camino, de estar en medio de la grey para ver qué sucede en su interior, y también de ir detrás de la grey para asegurarse de que no se deje a nadie atrás. Por el contrario, el clericalismo pretende que el pastor esté siempre delante, establece una ruta y castiga con la excomunión a quien se aleja de la grey. En síntesis: es justo lo opuesto a lo que hizo Jesús. El clericalismo condena, separa, frustra, desprecia al pueblo de Dios.

En América Latina hay mucha piedad popular, y es muy rica. Una de las explicaciones que se da del fenómeno es que este se dio porque los sacerdotes no estaban interesados y, por tanto, no pudieron clericalizarla. La piedad popular tiene cosas que corregir, sí, pero expresa la soberanía del pueblo santo de Dios, sin clericalismo. El clericalismo confunde el servicio presbiteral con la potencia presbiteral. El clericalismo es ascenso y dominio.

El clericalismo tiene como consecuencia directa la rigidez. ¿No habéis visto nunca a jóvenes sacerdotes del todo rígidos en sotana negra y capelo con la forma del planeta Saturno en la cabeza? Ahí lo tenéis: detrás de todo el rígido clericalismo hay serios problemas. Recientemente he tenido que intervenir en tres diócesis problemas que después se expresaban en estas formas de rigidez que escondían desequilibrios y problemas morales.

Una de las dimensiones del clericalismo es la fijación moral exclusiva en el sexto mandamiento. Una vez un jesuita, un gran jesuita, me dijo que esté atento al dar la absolución, porque los pecados más graves son los que tienen más carácter angelical: orgullo, arrogancia, dominio… Y los menos graves son los que tienen menos carácter angelical, como la gula y la lujuria. Uno se concentra en el sexo y, después, no se le da peso a la injusticia social, a la calumnia, a los chismes, a las mentiras. Hoy la Iglesia tiene necesidad de una profunda conversión en este aspecto. Por otra parte, los grandes pastores dan a la gente mucha libertad. El buen pastor sabe conducir su grey sin someterla a reglas que la mortifican. En cambio, el clericalismo conduce a la hipocresía. También en la vida religiosa.

P.- Ermano Lucas: ¿Qué opina sobre la creciente xenofobia?

La xenofobia y la aporofobia son hoy parte de una mentalidad populista que no deja soberanía a los pueblos. La xenofobia destruye la unidad del pueblo, también la del pueblo de Dios. Y el pueblo somos todos nosotros: los que han nacido en un mismo país, no importa que tengan raíces en otro lugar o sean de etnias diferentes. Hoy estamos tentados por una forma de sociología esterilizada. Parece que se considera a un país como si fuese un quirófano, donde todo está esterilizado: mi raza, mi familia, mi cultura… como si se tuviese miedo de ensuciarla, mancharla, infectarla. Se quiere bloquear ese proceso tan importante que da vida a los pueblos y que es el mestizaje. Mezclar te hace crecer, te da nueva vida. Desarrolla cruces, mutaciones, y confiere originalidad. Construir muros significa condenarse a muerte. No podemos vivir asfixiados por una cultura de quirófano, aséptica y no microbiana.

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