Escuelas Católicas propone que la iniciativa civil abandere el Pacto Educativo

Mesa por el Pacto Educativo Congreso de los Diputados

“La primera condición para un pacto es la voluntad de querer llegar a él”. Eso les dijo el secretario general de Escuelas Católicas, José María Alvira, hace un año a los partidos que formaban la Subcomisión parlamentaria encargada de trabajar a favor de un acuerdo educativo. Y añadía el religioso marianista otros elementos para llegar a buen puerto: “Dosis de buena voluntad y de altura de miras”.

Hoy es un hecho que han faltado ambas. El Pacto Educativo impulsado por el PP se desmorona. A la espantada protagonizada por el PSOE (la razón oficial es la de la insuficiente financiación del sistema educativo) el 6 de marzo, le ha seguido la de Podemos al día siguiente (formación que, en su momento, votó en contra en la propia subcomisión) y ERC. Sorprendió el portazo del PSOE, de quien se dice que se adelantó, previendo la salida de la formación de Pablo Iglesias, en la particular disputa que mantienen por el espacio de la izquierda y ante unas previsibles elecciones generales.

La escuela pública y concertada, complementarias

En conversación con Vida Nueva, Alvira, aún a sabiendas de las dificultades, mantiene la conveniencia de un pacto que dé estabilidad al sistema educativo en España. “Creo que se puede hacer, pero si antes nos ponemos de acuerdo las instancias educativas comprometidas. Es decir, que el pacto sea una iniciativa civil, que nazca desde la propia sociedad, con los padres, los colegios, la patronal, y que se lo demos hecho a los partidos políticos”.

Pero tampoco es fácil. Alvira es consciente de que hay recelos contra ellos en algunas organizaciones educativas. “Por desgracia, no se trata solo de los políticos. Cabría decir algo parecido de los que cuando hablan de pacto pretenden excluir del mismo a una parte importante de la sociedad, de los que piensan que para mejorar un sector de la enseñanza hay que dejar fuera a los demás, de los que no creen en la libertad y se erigen pretenciosamente en los únicos defensores de la equidad”, señala.

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