Red Hospitalidad: acogida en clave ignaciana

Entidades jesuitas crean una plataforma para coordinar la atención a migrantes y refugiados

Refugiados

Red Hospitalidad: acogida en clave ignaciana [extracto]

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA | Los refugiados que llegan hasta Europa, en una crisis humanitaria sin parangón desde la II Guerra Mundial, reciben dos respuestas paralelas a este otro lado de la frontera. Por un lado, la de las autoridades de la UE, que se caracteriza por la inacción y la desprotección de derechos humanos básicos que en teoría configuran la legislación europea, ya letra muerta (según el último informe de la CEAR, la Comisión Española de Ayuda al Refugiado, de las 160.000 reubicaciones acordadas por cuotas en todos los países de la UE, solo ha habido 937; 18 de ellas en España, ninguna en lo que va de 2016).

Por otro, el compromiso impagable de cientos de entidades sociales que hacen lo imposible por cubrir ese vacío y atender con dignidad a las decenas de miles de víctimas que han abandonado sus hogares amenazadas por la guerra, la persecución, la pobreza extrema o las consecuencias de ecosistemas devastados por la rapiña macroeconómica. Una acción en buena medida acometida por instituciones eclesiales y que, en nuestro país, los jesuitas buscan hacer más eficaz trabajando en red. Así, desde su constitución en septiembre, la plataforma Hospitalidad es la respuesta coordinada de las obras de la Compañía de Jesús dedicadas a la atención a migrantes y refugiados. La conforman el Servicio Jesuita a Migrantes (SJM), Alboán, el Servicio Social de la Provincia de España de la Compañía, Entreculturas y la Fundación Hogar de San José.

Acogida, acompañamiento, educación e incidencia

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“Pasaje seguro YA”, el grito de Europa para ayudar a los refugiados

Partiendo de lo recorrido ya durante años de experiencia por los diferentes colectivos, la acción de Hospitalidad (su web es hospitalidad.es) se vertebra en torno a cuatro ejes principales: acogida y acompañamiento (con programas dirigidos a recibir a personas y familias en distintas ciudades de toda España, contando también con parroquias y establecimientos de sus entidades), cooperación internacional (apoyando proyectos propios que ya venían desarrollando sus instituciones en Siria, República Democrática del Congo, Sudán del Sur, Líbano y Nador), sensibilización y educación (dando a conocer a la sociedad una alternativa inclusiva respecto al fenómeno migratorio, huyendo de la xenofobia y el racismo) e incidencia (denunciando las situaciones de exclusión de las que se tienen constancia e investigando nuevos modos para definir cambios reales y concretos encaminados a una mayor actitud de acogida, a nivel de la sociedad y de la administración).

Presentada la iniciativa recientemente en Madrid, Dani Villanueva, coordinador del Área de Cooperación de la Compañía en España, recalcó que “la atención a los migrantes y refugiados no es algo nuevo para nosotros, acumulando las respectivas entidades sociales de la Compañía mucha experiencia aquí y más allá de las fronteras”, cada una con sus propios proyectos. Ahora, con todas las fuerzas centradas en una “respuesta integral”, buscan “sensibilizar a nuestra sociedad, fomentar la asunción de una mayor responsabilidad y ayudar a las personas que lo necesitan, no solo en clave de acogida aquí, sino poniendo el foco en visibilizar las causas profundas de la situación, ayudando también de un modo directo en los países de los que migran quienes llegan hasta aquí”.

“Activar la empatía”

Miguel González, coordinador del SJM, denunció que “el sistema de asilo español es muy limitado”, dejando sin respuesta muchas veces a “personas que tienen derecho a lo que reclaman”. En cuanto a la acción de Hospitalidad, tienen claro que han de ir más allá: “No se trata solo de alojar, sino de dar acompañamiento humano a estas personas. Como recalcó Alberto Ares, delegado del Sector Social de la Compañía, eso implica “generar espacios de relación, lo que nos llama a abrir nuestras casas, nuestras escuelas, nuestras parroquias, nuestros barrios”. Algo que, reconoce González, no siempre es fácil: “Hay una oleada de populismo xenófobo en Europa que nos preocupa. De ahí que, desde la plataforma, todos hemos de intentar llegar al corazón de quienes tienen dudas y derribar los prejuicios y los mitos que hay sobre esta cuestión. Hemos de activar la empatía, fomentar el encuentro con estas personas. Para ello es básico ponerles cara”.

Cristina Manzanedo, responsable de Incidencia del SJM, explicó las líneas de trabajo que buscan implementar, a nivel nacional e internacional: “En primer lugar, contamos con una red jesuita a nivel europeo; hemos de aprovechar esto y analizar cuáles son sus prácticas de acogida en otros países y escoger las mejores para aplicarlas aquí. Otro eje sería hacer un seguimiento directo de la política de acogida en España; frente a lo que pueda parecer, los refugiados ya están aquí… Solo en 2015 se registraron 12.500 solicitudes de asilo en nuestro país y de las 10.000 personas que entraron por Melilla buena parte eran refugiados. Por no hablar del propio Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) melillense y de las malas condiciones en las que muchos están allí; tiene capacidad para 400 personas, pero ha llegado a haber hasta 1.900. Otro hecho que no podemos dejar pasar por alto es que parece que hay refugiados de primera y de segunda, quedando muchos que vienen de África en una situación de bloqueo; eso está ocurriendo en Marruecos, donde muchas personas llevan años en el limbo, sin poder pasar al otro lado de la frontera”.

Una denuncia, esta última, que Manzanedo sostiene con un dato ciertamente interpelante: “El 40% de los visados concedidos a refugiados son a sirios… Por un 20% para africanos”.

Convencerles de que esta puede ser su casa

Red Hospitalidad

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Como constata Cristina Manzanedo, la gran mayoría de los refugiados no piensa en España como destino de llegada. Lo que habla por sí solo en lo que nos afecta como sociedad: “Muchos de los sirios que están en el CETI de Melilla, algunos desde hace cinco meses, no quieren que sus huellas queden registradas en España para que algún día no se les pueda reclamar desde aquí. Debemos preguntarnos por qué se da esto… Y la causa principal es que, mientras en su imaginario idealizan a Alemania, sienten que nuestro país no les protege. Lo triste es que el Gobierno es consciente de esto y no lo evita. Urge una pedagogía con los refugiados y convencerles de que este es un buen país para ellos”.

Para ilustrar tal desazón, Mariana Morales, coordinadora de Acogida en Madrid, leyó la carta que, de modo anónimo, ha escrito una familia que llegó a España desde un país de África el 25 de marzo de 2015. Es la historia de quienes, desconocedores del idioma y con un hijo con parálisis cerebral, completamente perdidos, se vieron deambulando sin el apoyo de quien les pudiera ofrecer una cobertura jurídica o médica. Acabaron pagando a una mafia para que les llevara a otro país europeo en abril. Allí lo pasaron aún peor y estuvieron más solos. Cinco meses después, de vuelta en nuestro país, acabaron contactando con una de las entidades de Hospitalidad. Su vida ahora es completamente diferente. Una oportunidad que les llega desde una mano samaritana, no desde un Estado que falla en lo más básico.

En el nº 2.983 de Vida Nueva

 

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Actualizado
08/04/2016
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