David Martínez: “El mundo necesita escuchar la voz de los indígenas”

Entrevista con el Obispo coadjutor de Puerto Maldonado en Perú

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V. L. GARCÍA (VITORIA) | El 11 de noviembre, el dominico vitoriano David Martínez de Aguirre será ordenado obispo coadjutor del Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado (Perú), donde lleva trece años como responsable de la misión de Kirigueti, en plena selva amazónica [ver documental]. De paso por su tierra, atiende a Vida Nueva.

P: Hace años afirmó que estaba “donde siempre quise estar y con la gente a la que siempre quise aun antes de conocerla”.

R: Llegar a Kirigueti y conocer sus comunidades indígenas ha sido la concreción de mi sueño. Kirigueti cubría todas mis aspiraciones. Además, un dato al que le concedo mucha importancia: fui a Kirigueti para hacer una labor de continuidad en una misión establecida, para ser un eslabón más de una larga cadena. Tenemos que abrazar el momento que nos toque vivir, que no es ni el de los que nos precedieron ni el de los que nos sucederán: es el nuestro. En el caso concreto de una labor misionera es importante saber también que, cuando llegas a un destino, heredas todos los aciertos y errores, y con esa herencia tienes que empezar a hacer tu labor, con la imagen de sentirte un eslabón de una cadena que otros continuarán.

P: ¿Cómo reaccionó ante el nombramiento?

R: Lloré mucho. Por primera vez sentí que me sacaban de lo que yo había decidido. Hasta ese momento había dado todos los pasos de mi vida desde la libertad y el deseo de hacer lo que hacía. Fue decisión libre y personal ingresar en la orden, ser destinado a Kirigueti… Ahora, lo que sentí en un principio era que esta propuesta no podía ser para mí, que suponía un corte radical en mi vida, que me sacaban a otro espacio, fuera de mi hábitat natural. Entonces cogí la Biblia, la abrí al azar y salió una hoja de las que tenía para marcar cuando estudiaba en Salamanca, y ahí aparecieron dos textos: Hebreos capítulo 11:

Por la fe, Abraham obedece a la llamada divina y sale hacia la tierra prometida sin saber a dónde iba.

Ese final fue la primera “señal”. El segundo era del capítulo 12:

Corramos nosotros la carrera que nos toca con la mirada fija en Jesús.

Seguí llorando y di la decisión por tomada. Al fin y al cabo no dejaba de ser también convertirme en un eslabón de esa cadena de dominicos que habían asumido, desde hace más de cien años, la atención pastoral de esa zona de la Amazonía.

David Martínez: “El mundo necesita escuchar la voz de los indígenas” [íntegro solo suscriptores]


RTVE.es

En el nº 2.907 de Vida Nueva

 

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