Tribuna

El liderazgo femenino desde una visión cristiana

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Para comprender lo esencial del liderazgo femenino es necesario el abordaje desde una perspectiva histórica, cuando la liberación de la mujer tuvo como horizonte la afirmación de sus derechos en clave individual, olvidando la dimensión relacional.



La consecuencia fue que entraron en las crisis aspectos esenciales del ser y del hacer familiar en la cotidianeidad. Mantener unidas vida profesional y vida familiar, buscando constantemente una forma de balance es el verdadero desafío de la mujer hoy en día.

Para la mujer, la líder en cualquier ámbito que se quiera conseguir es siempre una batalla consigo misma para guardar vida afectiva y vida de trabajo; para tener viva una red de relaciones en que la personas se fían de ella, y confían en ella arrastradas por su coherencia, por su valor, por la capacidad de mirar más lejos y por saber cómo llegar allí. Para ejercer un liderazgo verdadero la mujer tiene que ser ante todo Mujer, según la antigua afirmación de Juan Pablo II, cuando se refería al Genio femenino.

El verdadero perfil de la mujer líder

La fragmentación de la imagen de la mujer en la pluralidad de sus roles y de sus aspiraciones, convertidas en derechos, que hay que conseguir a cualquier costo, quita a la mujer la posibilidad de ser un líder completo e integral, porque sacrifica su identidad personal, en la multiplicación de las cosas que hay que hacer.  Es uno de los riesgos más frecuentes que corren las mujeres cuando dispersan sus talentos sobre muchos planos distintos, intentando conseguir el éxito que desean sin concentrarse en lo que es realmente esencial.

Para ser líder hay que saber individuar el necesario punto de síntesis en la pluralidad de aspiraciones, tareas y responsabilidades que nos competen. E indudablemente esto parece más difícil para las mujeres que viven todo con mayor participación emotiva. Mantener unida la familia en este tiempo es algo siempre más difícil y exige un verdadero liderazgo para marcar los objetivos primarios y garantizar a todos la atención que desean y necesitan.

Finalmente cuando no hay liderazgo femenino en la familia viene menos también la dulzura de las cosas pequeñas, que pierden su sentido, se manifiesta un desorden vacío, cúmulo de cosas que no tienen más significado y que, por lo tanto pueden, solo ser tiradas fuera.


*Senadora italiana y asesora de la Academia de Líderes Católicos