Francisco, en el vuelo a Mongolia, sobre los problemas diplomáticos por la guerra de Ucrania: “Ni se lo imaginan”

Eva Fernández y el Papa Francisco en el vuelo a Mongolia

Más de nueve horas de vuelo separan Roma de Ulán Bator, la capital de Mongolia donde Francisco estará hasta el 4 de septiembre, convirtiéndose en el primer pontífice que visita este país asiático ubicado entre Rusia y China. Tras despegar de la capital italiana, como es habitual, el Papa saludó a los más de 70 periodistas que le acompañan, entre ellos, el vaticanista de ‘Vida Nueva’, Antonio Pelayo. Aunque es a la vuelta de los viajes cuando Jorge Mario Bergoglio se somete a las preguntas de los comunicadores, esta vez, en este primer encuentro ha respondido a algunas inquietudes.



Tal y como relata Cristina Cabrejas, corresponsal de la agencia Efe, Francisco reflexionó sobre los quebraderos de cabeza que le genera mantener equilibrio en materia de relaciones internacionales. Preguntado por “las dificultades de la diplomacia vaticana en estos tiempos de guerra”, el Papa contestó: “Ni se lo imagina”. A renglón seguido, añadió que “a veces hay que tomarse las cosas con sentido del humor”.

Aunque no se habló de forma explícita, este comentario del Papa hace referencia a la polvareda generada después de que Ucrania interpretara que había exaltado el imperialismo ruso en una videoconferencia que mantuvo con jóvenes católicos rusos.

Cantimplora bendecida

Al hilo de esta materia, la corresponsal de Cope, Eva Fernández, le pidió que bendijera una cantimplora acribillada de un soldado ucraniano que la donó a una iglesia de Leópolis como ofrenda por haberse salvado.

Junto a la invasión ucraniana, el pontífice también se refirió a la muerte de cinco trabajadores italianos que fueron arrollados por un tren a las afueras de Turín mientras realizaban labores de mantenimiento. Para Francisco, estos accidentes “son una calamidad y una injusticia y siempre por falta de cuidado”. “Los trabajadores son sagrados”, apostilló.

Más allá de estos asuntos de actualidad, Jorge Mario Bergoglio compartió de forma espontánea el sentido de este viaje: “Ir a Mongolia es ir a visitar un pueblo pequeño pero con un territorio grande. Mongolia parece que no termina nunca. Tiene pocos habitantes pero con una gran cultura. Creo que nos hará bien entender el silencio”. Por eso, invitó a sus compañeros de vuelo a “utilizar los sentidos” y les propuso escuchar al compositor ruso Aleksandr Borodín que fue “capaz de describir la grandeza y la extensión de Mongolia”.

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