Fernando Vidal, sociólogo, bloguero A su imagen
Instituto de la Familia de la Universidad Pontificia Comillas

Las 20 tácticas mediáticas del fundamentalismo católico


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En un post anterior, comentamos el modelo de ira, mentira y división que lideró el católico estadounidense Roger Ailes y que inspira al fundamentalismo conservador para tratar de manipular a la Iglesia católica a favor de sus intereses. En este post vamos a describir tácticas y técnicas concretas de ese paradigma de la desinformación. Es una radiografía de esos medios que justifican el salvajismo propagandista porque dicen estar en una guerra cultural.



Si hubiera que describir rápidamente las 20 tácticas de los medios fundamentalistas católicos, estos serían los titulares:

  1. Los medios fundamentalistas católicos creen que la información es solo poder y la Iglesia necesita de su poder para defenderse y evangelizar.
  2. Cualquier mínima pérdida o cesión es una amenaza total y obra de los conspiradores que quieren aniquilar la Iglesia.
  3. Tienen una mentalidad bélica en una guerra que es cultural, pero es una guerra. Sus mentiras simplemente las consideran una compensación del mal que hace el enemigo.
  4. Su principal arma es el miedo. Los contrarios deben sentir miedo a que se dañe su reputación o se provoque división. Sus bulos son balas.
  5. Consideran a los neutrales como cobardes y el peor enemigo, porque actúan como peso muerto, desertores de la guerra cultural e incluso quintacolumnistas.
  6. Polarizan todo lo posible para dividir al contrario y a los dudosos. Puede que no les logren convencer, pero sí dividirlos y crearles confusión.
  7. Actúan en la creencia de que la gente es idiota. Les dan las cosas hechas para que no les hagan pensar. Deben evitar a toda costa el discernimiento compasivo.
  8. Aplican la Ley del Embudo: para desinformar, empeora todo lo malo o bueno de los contrarios y maquilla los errores de aquellos a quienes sirves.
  9. Alardean de no tener complejos, no se ponen límites y consideran que el respeto es la ideología de los débiles.
  10. Quieren parecer periodismo, a sabiendas de que fundamentalmente es un lobby. El resultado no es la verdad sino la influencia.
  11. Son fabricantes de realidades.
  12. Atacando a personas concretas, se podrá intimidar y polarizar más que si se ataca a ideas o entidades. Ante cualquier crítica, tratan de destruir a la persona.
  13. Violar las intimidades y confidencias da sensación de veracidad y de que algo se le quería esconder al lector.
  14. Donde tendría que haber verdad, ponen seguridad, fuerza y asertividad.
  15. Diseñan las desinformaciones de modo que sean virales por su sensacionalismo, morbo o virulencia.
  16. Dejan que lo peor lo diga alguien a quien invitan a publicar en su medio y es incontrolable.
  17. En algún momento creen que habrá que tomar acciones directas drásticas y por eso provocan a los locos, para enfurecerlos y empujarlos a la acción.
  18. No les importa lo que digan de ellos y nunca piden disculpas ni perdón. Sin un corazón duro no se puede hacer desinformación fundamentalista.
  19. Nunca muerden la mano que les da de comer y son tan obedientes con sus dueños como agresivos con el que han creado como enemigo.
  20. Hacen todo como si fuera una cuestión de principios, pero a los finales van a cobrar.

Eso sí, el desinformador fundamentalista católico tiene su ‘kryptonita’: por eso debe evitar la comunidad y el discernimiento.

Vamos a explicar con un poco de mayor detalle cada uno de esos 20 puntos.

  1. Solamente el Poder

Lo distintivo de estos medios no es que la opinión sea diferente, sino la virulencia y poder con que usan tanto la información como, sobre todo, la desinformación. Descalifican las decisiones que no les gustan, presentándolas como un actor de poder contra alguien. Quieren que la audiencia entienda todo como una lucha de poder.

Lo primero que hay que afirmar sobre los medios de manipulación masiva del fundamentalismo católico es que carecen de esperanza. No creen que el Reino de Dios llegará por la paz, el amor y la justicia, sino que la Iglesia va a necesitar la ayuda del poder. La cruz necesita en su revés una espada. Tienen la más fuerte convicción de que el periodismo y la información son solo poder. No sobre todo poder, sino solo poder. No el poder del amor sino el poder del Poder.

Todo lo entiende en términos de ese poder del poder. Busca y defiende la ocupación de puestos y espacios. La Iglesia es comprendida como un tablero de ajedrez en donde hay que tener las piezas más importantes y el centro del tablero. Para el fundamentalismo, la colegialidad ha muerto, porque lleva a la confusión. La deliberación comunitaria conduce intrínsecamente al caos. Se necesita un Rey. Tienen una concepción dirigista y monárquica de la Iglesia. Se confunde la comunión eclesial con la disciplina de partido. Todas las tácticas de información se orientan a la conquista, consolidación y perpetuación de ese poder monárquico.

No es periodismo sino partido. No al servicio de la verdad, sino del poder. El fundamentalismo es profundamente maquiavélico: ‘el fin justifica al medio’, justifica cualquier medio de comunicación. El único objetivo es convertirse en un medio poderoso y para ello no hace falta un gran tamaño, sino gritar suficientemente para ser lo que Ailes llama “la voz más alta en la habitación”. Para el fundamentalismo, su única esperanza reside en el poder.

  1. Conspiranoicos y catastrofistas

Los medios fundamentalistas son agónicos. Cualquier pérdida de poder o cualquier cuestión contraria a sus visiones e intereses, son amenazas que llevan a la catástrofe. La reacción contra ellas es desproporcionada. Eso pone de manifiesto la debilidad interna de sus construcciones, porque no se cimentan sobre la verdad, el amor y la belleza, sino sobre el poder. El poder es duro, pero intrínsecamente frágil: por eso necesita una gran presión permanente para sostenerse. La cohesión, la fuerza institucional y la intachabilidad son imprescindibles para que no existan grietas internas. Por eso es necesaria una defensa a ultranza de todo, incluidos todos los privilegios.

La menor grieta es una amenaza y conduce a la absoluta catástrofe. Cuestiones muy secundarias y circunstanciales las convierten en peligros absolutos. Todo es convertido en una red de bolardos para defender el poder. Consideran que todo conspira para la destrucción de la Iglesia, para su ruina y desmantelamiento.

Están abonados a las teorías conspiranoicas. Aplican el principio “piensa mal y acertarás”. Promueven una sociedad negativa. La Iglesia nunca es responsable de los problemas que sufra e incluso del mal que haga sufrir a otros. Todo es siempre culpa o conspiración de los gays, los liberales, los socialistas, las feministas, los científicos, los judíos, los ingleses, los musulmanes, los ecologistas o los protestantes, etc.

Incluso el futuro es una amenaza. Los medios fundamentalistas sacralizan el pasado, porque eso produce una sensación mayor de robo, pérdida. Se ha sustraído lo que era nuestro, hemos sido robados y ese agravio intensifica la lucha. “Haremos que América vuelva a ser grande otra vez”, repetía Roger Ailes antes de que la ultraderecha de Trump hiciera suyo ese lema. Sienten nostalgia de los imperios y las dictaduras.

  1. Esto es una guerra (cultural)

Se parte de que el mundo está dominado por el relato anticristiano, que hay una dictadura cultural que persigue a los cristianos. Incluso en países con dos tercios de cristianos como España, se cree la Iglesia es perseguida porque la mayor parte de esos cristianos son cobardes o traidores. Saben que quienes opinan como ellos en la Iglesia son una minoría, pero creen que moralmente son la mayoría porque a los demás apenas se les puede considerar cristianos de verdad. Actúan como la Mayoría Moral.

Creen que si hay una dictadura (cultural), en consecuencia hay que luchar agónicamente a muerte. Ailes lo expresaba con gran convicción: “Es mucho más que noticias y mucho más que política, es la guerra. Estamos en medio de una guerra cuyos parámetros no hemos hecho más que comenzar a entender”.

Todo sesgo se justifica porque equilibra una situación que creen dominada por los liberales. “El sesgo está en todas partes”, dice Ailes. Todos manipulan, todo tiene una opinión, todo es interpretación y, por tanto, no hay verdad. En consecuencia, mentir es un modo de decir la verdad pues resta capacidad a la mentira del contrario.

Ailes y los fundamentalistas construyen medios dedicados únicamente a debilitar y aniquilar al adversario. Hay que difamarlos, atacarlos, exponer toda su vida violentamente ante la opinión pública. Cada tema lo contrarrestan, cada mérito del adversario lo minimizan o cuestionan. Buscan siempre la peor interpretación posible de las palabras y actos de los adversarios. La doctrina Ailes: “Hay que machacar una y otra vez, porque la vida es lucha, es una pelea, un timo, es un combate y es un juego. Lo único que importa es que ganes”.

  1. El arma es la intimidación

Las lógicas de los medios de Ailes se caracterizan por comportamientos mafioso de amenaza, violencia, sometimiento, clientelismo y enriquecimiento. Ailes era una persona llena de ira y sacó mucho provecho de ello. La gente le tenía miedo. Para sus colaboradores era una pelea, pero para Ailes cada reto era una cuestión de vida o muerte. Tenía un alto sentido del miedo y eso le hizo muy perceptivo a los miedos de los demás. Hizo el trabajo sucio en las campañas de George Bush, quien necesitaba alguien que realizara anuncios radicalmente negativos, manipuladores y perjudiciales (como en el anuncio del caso Horton, criminalizando a los afroamericanos como una amenaza nacional).

Los medios fundamentalistas católicos saben que su única arma es la difamación y la usan masivamente. Son un continuo Halloween: ‘trato o susto’. Saben que los pastores, directores y agentes de pastoral son muy sensibles a que haya división entre sus fieles. Esos responsables no son gente con piel de elefante, sino personas especialmente espirituales y sensibles, a las que es fácil hacer sentirse mal, que se echan atrás porque no están dispuestas a un conflicto abierto y careos públicos, ni siquiera para defenderse de difamaciones.

Esos medios elaboran perfiles psicológicos de los pastores y directivos pastorales para detectar los puntos vulnerables donde golpear o halagar para ganar su voluntad. Realizan fichas en las que se determina cuál es el mejor modo de influirles y disuadirles.

Además, cuando alguien se enfrenta a esos medios, les acaba dando mayor relevancia. La población se divide entre dos opiniones y pescan nuevos seguidores. En cualquier caso, la difamación tiene las de ganar.

  1. Cristianos ‘cobarditos’

Para ellos, no hay neutralidad posible. Quien no lucha es porque es un cobarde. Ailes consideraba que la CNN y los medios liberales quieren apaciguar, consensuar y complacer: “Nosotros, no”, dice Ailes. Los medios fundamentalistas no saben de consensos ni escrúpulos morales. Los liberales, los consensuadores, los reconciliadores, los que tratan de crear un campo común, quien se calla algo para no destruir o irritar… todos son “Iglesia cobardita”. Al final, confían en que habrá alguien fuerte que defenderá la Iglesia, pero los ‘cobarditos’ no quieren mancharse las manos. No hay posiciones intermedias. Todo el que no está con ellos, es cómplice. Ninguna tierra es “Tierra de nadie” ni tierra común: es tierra cedida o tierra robada.

El fundamentalismo crea un territorio lleno de fronteras que multiplican las incompatibilidades: no se puede ser cristiano y liberal, no se puede ser socialista y católico, no se puede ser moderno y religioso, demócrata y espiritual, ecuménico y fiel a la Iglesia. Se percibe la diversidad como enemistad, interpretación paranoica y bélica de la competencia.

  1. División continua

Estos medios apelan a los peores sentimientos de la gente, convocan a lo peor. No solamente cultivan el miedo por la intimidación y el catastrofismo, sino que buscan desanimar a todos los contrarios o a quienes están en posiciones intermedias. Crear impotencia, desolación, tristeza y abandono en la sociedad y entre aquellos que no opinan como ellos en la Iglesia. Buscan extender la sospecha, el rencor: difunden que todos los medios hacen lo mismo, todo es igual, todo es mentira. Así ganan su aceptación. Ellos lo hacen mal, pero los otros también, aunque disimulen o quieran parecer más elegantes. Una vez aceptados, el camino al apoyo es más corto.

La amenaza de división es intrínseca al paradigma de Ailes, y a lo que la Iglesia teme más pues la comunión es crucial. El fundamentalismo es intrínsecamente polarizador. Su camino no es el de la integración, sino la dominación.

  1. La gente es idiota

En el modelo de Ailes hay un profundo menosprecio al lector, aunque apelen al pueblo, al “verdadero católico” o a la Iglesia con mayúsculas. Para los medios de información fundamentalistas, ‘hay que dirigir las noticias, no informar’.

Si a la gente le dices que tienen que pensar, los pierdes. Si le dices lo que tienen que sentir, son tuyos. Si disciernes, estás relativizando los principios. Si reflexionas, pierdes a la gente en filosofías.

Existe un documento llamado ‘Plan para poner al gobierno en las noticias de TV’. Es un memorándum de la Administración Nixon atribuido a Ailes, quien era el principal asesor en medios televisivos. Fue el germen del modelo. Se basaba en dos principios: la gente es perezosa y la gente solo ve la TV. Podrían decir hoy que la gente solo ve las pantallas y solo lee los titulares.

Para Ailes, el problema de las cadenas de noticias genéricas es que hablan en abierto y para todos. “Tenemos que programar para el espectador que está predispuesto a escuchar lo que queremos decir En política se llama ‘destapar la base’”. Hay un público diana, que son los que están no solo predispuestos a creerte, sino que buscan escuchar lo peor. Ailes no luchaba por ser un medio más para todos sino el único medio de la mitad conservadora del país.

Si hay algo contra lo que sobre todo están los medios fundamentalistas católicos es contar el discernimiento, tanto en la Iglesia como en la sociedad. El discernimiento es para ellos sinónimo de posibilismo, relajación, pérdida de autoridad, confusión, relativismo, horizontalismo, abstracción, elitismo (porque creen que solamente la elite educativa puede hacer algo así), etc.

Es profundamente antidemócrata. No crea conversación pública ni deliberación. Es populista y no cree en el encuentro ni el diálogo. Todos son engaños que conceden al enemigo posiciones para la destrucción en la guerra cultural. Cuando invita al contrario a sus medios, busca a los débiles o a los desertores. Los medios fundamentalistas son los mayores enemigos de la libertad, aunque se presenten como sus campeones. Su libertad es la del guardián.

  1. Sectarismo y vigilancia

Cuando un grupo y dinámica está totalmente entregada al poder, solo puede funcionar si es autoritaria con los otros y con los propios. Por eso el fundamentalismo católico siempre va asociado al extremo sectarismo y crea un círculo de lealtades tribales. Manda “no mirar a donde no hay que mirar”: los trapos sucios hay que lavarlos dentro de casa. La transparencia es una cesión al enemigo. Tiene que haber una defensa a ultranza, porque se está en estado de guerra. De ahí su sintonía con los tiranos y autoritarios, y su autoría y encubrimiento de los abusos de conciencia, poder y sexuales. Ailes fue un manipulador, un estafador, un tirano y un depredador sexual. Una cosa lleva a la otra.

En los medios fundamentalistas se aplica la ley del embudo: los errores del contrario hay que ampliarlos y exagerarlos, y tratar de presentar siempre cualquier aspecto del modo más perjudicial posible contra él. En cambio, idealiza y tapa los errores de aquellos a quienes sirves y los tuyos propio.

Ese sectarismo lleva a una vigilancia totalitaria del entorno. Se tiende a generar una red de informantes que denuncien si en una parroquia o un colegio tal o cual cura o profesor hicieron o dejaron de hacer tal o cual cosa.

  1. Sin límite

La brutalidad y salvajismo es uno de los rasgos más característicos de los nuevos medios fundamentalistas. Funcionan desde un manual de estilo en el que se anima a no ponerse límites para publicar, decir o emitir lo más duro e incorrecto. Sin escrúpulos ni compasión, se mueven en una retórica de maximalismos. Cuando se pasan demasiado, se esconden tras bromas, gracias, sarcasmos. Como decía Ailes, “los límites son para los tontos”. Llaman complejos a la consideración hacia el otro, la prudencia, la contención. El salvajismo es una de las herramientas más comunes del sensacionalismo. Se crea un modelo de negocio basado en captar la atención de los proclives y de los contrarios.

  1. Propaganda

No son medios de noticias, información ni reflexión, sino un lobby. No es periodismo ni es información, sino propaganda manipuladora con formato aparentemente informativo. Joe Muto, productor asociado de los programas de Ailes, lo dejaba claro: “Desde el primer momento me dejaron muy claro que no se trataba de periodismo, sino de atraer a la mayor audiencia posible”.

Usan el género de la opinión como caballos de Troya para meter noticias que se sabe son mentiras o no cumplen ningún criterio de veracidad. Usan todos los medios de la guerra de propaganda porque para ellos todo es propaganda, incluido todo lo que hacen los demás medios que se quieren llamar periodísticos.

Para Ailes había algo clave: evitar a los medios periodísticos. Los medios fundamentalistas no se contrastan con ellos, no discuten sobre deontología ni crean profesión. Evitan los foros profesionales, así como huyen de ajustarse a los códigos éticos y la autorregulación. Por el contrario, toda su incidencia ha acentuado la desprofesionalización del periodismo. Precisamente se trata de eso: romper la cobarde paz social que favorece a los liberales y ‘cobarditos’. Se ha agudizado el empobrecimiento del periodismo hasta el extremo. Para los medios fundamentalistas, el periodismo está muerto. Usan Internet y las redes como prueba de la muerte del periodismo. Cualquiera puede ser informador. Los medios fanáticos representan el peor rostro de las redes sociales y la digitalización de la comunicación.

Los medios fundamentalistas creen que se parecen poco a un periódico. A lo que verdaderamente se parecen es a una red de grupos de resistencia bajo una dictadura (cultural). Se promueven medios como para que pudieran funcionar como una red de grupos de resistencia opositora si los enemigos llegaran a ejecutar sus constantes planes de perseguir y destruir a la Iglesia.

  1. Fabricantes de mentiras

Los medios fundamentalistas han desarrollado la tecnología de fabricación de mentiras, llevándola más allá de donde habían llegado las guerras propagandísticas del pasado. De todos modos, tampoco hace falta mucha sofisticación porque, al hacerlas en el interior de la Iglesia católica, casi cualquier información falsa difundida tiene un impacto demoledor. Es fácil impactar en la Iglesia católica porque es muy sensible al respeto y la división.

Entre las técnicas de fabricación de mentiras destaca la falsa superposición: dos cosas juntas para crear una asociación falsa e ilícita. Por ejemplo, dos fotos. En una, pones a un obispo que ha tomado una decisión y en la otra a Juan Pablo II recibiendo el disparo de Ali Agca –el terrorista que atentó contra él en la Plaza de San Pedro–. Así se da un mensaje muy potente: esa decisión de tal o cual obispo fue como asesinar traidoramente a dicho Papa.

También pueden poner dos cosas distintas en el mismo titular. Por ejemplo, contar que buscan un cadáver de una niña asesinada y en la misma frase citar al Papa, para sugerir que es un asesino, que esconde cadáveres de niñas o, todo lo contrario, que es un torpe porque no sabe esconderlos bien o deja que se busquen.

Otra técnica es poner una foto con un titular que en boca de quien sale en la foto, palabras que son de otra persona y así parece que lo ha dicho él. Por ejemplo, pones al responsable de un centro educativo y debajo una frase del niño transgénero al que no ha querido expulsar del colegio: “De pequeño siempre me sentí de otro sexo”. Haces el titular bien grande y no precisas quién lo ha dicho. Parece el director está hablando del sexo en su infancia.

Todas estas cosas las conocía muy bien el nazismo y el comunismo, así como el conocido como Laboratorio del Terror de la CIA. Al colectivo de Ailes, la aplicación sistemática de todo eso, le hizo ganar el primer time de la televisión. Los medios fundamentalistas contra el papa Francisco han llevado esa tecnología del mal al interior de la Iglesia. Lo importante de una desinformación es que se haya publicado o emitido. Luego ya se pueden defender con los matices, descargar responsabilidades en otros o simplemente no decir nada y dejar que las toxinas sigan contaminándolo todo.

Crean una red de polémicas y sospechas donde no había nada. Y si no se puede demostrar ni indicar la fuente, se dice “lo he oído”, “hay gente que dice”… Es un juego. Primero se crea una noticia falsa y se repite hasta que todos las nombran como si existiese. Lo comparan con el béisbol: primera base, se inventa; segunda base, se repite; tercera base, como mucha gente lo dice hay que prestarle atención; cuarta base, un medio de prestigio la menciona como noticia, aunque la noticia sea que se dice esa mentira.

Son conscientes de lo que decía Ailes: “No seguimos las noticias, creamos las noticias, cambiamos el mundo. No hagamos que la perfección sea enemiga de lo bueno”.

Una base de su técnica de manipulación es la reiteración. Creen la repetición es la base de la educación. Una expresentadora de FOX declaró sobre el trabajo con Ailes: “Machacábamos con el mismo tema día sí y día también”. Las técnicas de dichos medios están basadas en la reiteración, en la repetición de ideas simples y mentiras que acaban creando una presencia que les da verosimilitud; un flujo permanente de noticias, bucles que logran que los pastores y responsables acaben dedicando mucho tiempo a desmentir o luchar contra sus efectos.

  1. Violencia ‘ad hominem’

Este tipo de medio-lobby se dedica a destruir sobre todo personas. Busca concentrar furia contra personas concretas de las instituciones, para incidir con mayor poder. Las instituciones no se atemorizan, pero las personas sí. Lo más eficaz para incidir es dirigir a la gente contra alguien concreto.

De hecho, si publicas un análisis como este, las respuestas inmediatas que publican son para destruirte a ti como persona, insultarte públicamente y amenazar. De ese modo, es más probable que el otro se calle amenazado o que tenga que perder el tiempo en defenderse a sí mismo y aclarar las mentiras vertidas sobre él. Si además el otro respondiera en los mismos términos contra los autores o personajes anónimos, entonces la audiencia dirá que es un asunto personal y desestimará los hechos e ideas.

Ailes sabía hacer eso como nadie: se machacaba al otro una y otra vez, con tanta fuerza y dureza que lo expulsaban de la arena pública, destruían su crédito o reaccionaba como ellos, y su furia fortalecía al medio fundamentalista. Para ello se falsificaban fotografías, documentos, se hacían circular libelos. Sin límite. Todo es legal en la guerra cultural.

Tratan de evitar el discernimiento sobre las situaciones y buscan que la sociedad se divida polarizadamente alrededor de filias y fobias, lo cual se consigue mejor si la diana se pone sobre una persona concreta. La forma de atacar, por ejemplo, al Concilio Vaticano II y a la Iglesia sinodal, es poner al papa Francisco en el centro de la diana de ataques. Así logran establecer en lo alto de la agenda eclesial que el problema es sobre una persona concreta como el Papa, si está a favor o no de él en concreto, aunque sea la mayoría de la Iglesia y sus pastores la que apruebe un documento. Lo mismo se hace con cada cardenal, arzobispo u obispo.

En el último siglo, nunca ha habido dentro de la Iglesia católica campañas tan virulentas contra la persona misma del Papa. Hasta se ha presionado al colegio cardenalicio para que depongan al Papa, algo que jamás se había visto en ningún otro sector eclesial ni época de la Iglesia moderna. Cuando sienten que la Iglesia no coincide con sus intereses particulares, su crítica pierda la razón y su ira parece que no tiene límites.

  1. Violar intimidades crea sensación de verdad

A los medios fundamentalistas les gusta alimentar una red de filtradores que cuenten detalles íntimos de los otros, las conversaciones o de las situaciones, para crear sensación de verdad. Los presentan como si desvelaran un secreto que se quería ocultar. Buscan que el lector piense: si se da un detalle tan íntimo y secreto, quiere decir que se me quería ocultar y, por tanto, no solamente es verdad sino que no puedo creer los desmentidos.

Cuentan cosas que hagan parecer que el lector está en una conversación privada que está espiando. Cuentan cosas que nadie sabía, aunque nadie las debiera saber. No les importa si implican a niños o menores, si acusan falsamente de pedofilia, robo o todavía peor.

  1. Asertividad

Son hiperbólicos para que la mentira parezca verdad por la determinación y seguridad que manifiesta. Ya lo decía Roger Ailes: “Tenemos determinación”. Busca lenguajes de dominación, histriónicos, sobreafirmativos, saturados de asertividad, lenguajes de poder. Muestra una sobrebredeterminación que trata de sustituir a la razón; una hiperasertividad para darle mayor credibilidad a las mentiras. Cuanto más falso es algo, más asertividad quieren manifestar.

  1. Los enemigos te multiplican

Se diseñan las desinformaciones de modo que sean virales por su sensacionalismo, morbo o virulencia. Un enemigo que consulta su noticia o sintoniza su cadena, es un cliente que le está dando dinero. Lo importante es que se lea, que se pinche en la noticia. Usa a sus críticos para llevar sus noticias más allá. Escribe de tal modo que sus adversarios se vean obligados a leer, aunque sea por darse por informados de las mentiras que dicen contra ellos.

Están muy orgullosos de tener enemigos y de tener incluso a la mayoría en contra, de ser reprobados o de que se teorice advirtiendo del peligro del fenómeno. Confirman a sus adversarios que las cosas van muy mal, que son una amenaza y que el otro debe rearmarse contra él.  Si se extrema o reacciona negativamente, echará a más gente a los brazos del medio fundamentalista. Su escándalo es su victoria. Nunca tienen miedo a sus adversarios porque saben que es su principal difusor.

  1. Sicarios

En la estrategia de Roger Ailes, había un tipo de actor que era esencial: el invitado que decía todo lo que la cadena no se atrevía a decir. Ailes buscaba “bocazas, sabelotodo, un poco despreciables”. Son falsos autónomos porque son centrales en la táctica del medio. No importa si son viejos resentidos, gargantas profundas con pseudónimos, el propio director del medio firmando como “redacción” o los redactores escribiendo como si fuesen ciudadanos que dejan su opinión. Esos apartados de comentarios expresan muy bien el reinado de terror que se busca crear. Cuando vengan las protestas, se dirá que ese alguien es independiente, que el medio no se identifica con sus palabras, que no lo puede controlar, que no sabe quién es u otras excusas para disimular que es su principal fuente de accesos e ingresos. En realidad, usa sicarios para poder hacer lo peor.

  1. Enfurecer a los locos

Esta es una pieza clave en toda la táctica de los medios fundamentalistas: enfurecer a los locos. Buscan provocar a aquellos que están más tensos o incluso a personas desequilibradas, hacerlas sentir que les están quitando algo esencial y que son héroes en la lucha contra el mal. Son ellos los que romperán cristales, harán pintadas insultantes en la residencia del nuncio, pondrán carteles contra el Papa, cogerán estatuas de culturas milenarias y las arrojarán al Tíber, firmarán los panfletos pidiendo que depongan al Papa o puede que un día salgan con un cuchillo y maten a alguien.

Como poco enviarán el mensaje fanático a todos sus contactos y serán troles insultando en los foros de Internet. A veces hacen cosas más llamativas que luego se difunden viralmente y se le da toda la fama posible al héroe, mártir o simplemente un loco. Enfurecer a los locos es una táctica que crea una guerrilla de exaltados a los que el medio ha conducido a la desesperación, a los que ha investido de heroísmo, a los que pone en estado de rebelión. Como decía Ailes, simplemente hay que ‘echar gasolina’ sobre el fuego. Siempre hay un fuego.

El loco es responsable de su locura. De lo que hizo, el responsable son los medios que lo dirigieron hacia el acto.

  1. Inmunidad

Es típico de quien está inmerso en la propaganda fanática que carece de empatía con sus víctimas ni con quienes disienten de él. En realidad, tampoco con quienes le aplauden. No le importa lo que la gente diga de él y muestra una absoluta falta de arrepentimiento, niega toda conciencia de culpa ni daño. Puedes invitarle a comer contigo para expresarle fraternalmente que te hace daño y saber qué tiene contra ti, decirte que en absoluto tienen nada contra ti y esa misma tarde escribir una noticia brutal.

Viven con una capa de inmunidad frente a los sentimientos de los demás. Si les respondes, se vuelven virulentamente contra ti, intensifican la furia. Sin embargo, se vuelven sumisos cuando les llama alguien que tiene verdadera autoridad, se comportan como corderitos y todo lo atribuyen a una mala interpretación, niegan albergar sentimientos negativos ni estar actuando con ningún sesgo. Su sumisión al poder es inversamente proporcional a su intento de dominación sobre quienes consideran enemigos, tontos o cobarditos. Lamentablemente, esa inmunidad frente al dolor de los otros viene acompañada también de impunidad.

  1. Los culpables intelectuales

Esos medios tienen padrinos. Hay responsables intelectuales que nunca se manchan las manos pero que tienen la conexión discreta necesaria para engrasar la correa de transmisión a través de cenas, encuentros secretos, coincidencias, invitaciones para conferencias, viajes coincidentes, etc. Ahí es donde reside el impulso y cerebro de toda esta guerra (cultural), el centro de la falta de esperanza, la cesión a la tentación del poder. Nunca está lejos de quienes son víctimas de esos medios.

En la táctica de Ailes, había una continua connivencia con las elites, el partido republicano y la Casa Blanca. Nunca dejaba de servir al poder mayor. Es de lo que va todo esto: del poder real.  No es una pelea de barrio, sino caza mayor. Esos contactos con el poder y sus financiadores, suelen ser el secreto mejor guardado, especialmente cuando presumen de buenos católicos, porque la Iglesia tiene mucha memoria y nunca premia al divisor. 

  1. Intereses materiales

Al final, todo ese sistema de desinformación necesita dinero, bastante dinero. Puede que les financie una sociedad secreta, un grupo de capitales o que se emplee el dinero de todos para mantenerles. Pero necesitan dinero. Ailes parecía que lo hacía todo por la patria, el cristianismo y el bien, pero lo que montó fue el negocio mediático más rentable del siglo. Un negocio de 20 mil millones de dólares. Ante todo, es un negocio. Ailes creó la cadena de noticias más rentable de la historia.

Los fundamentalistas de estos medios no suelen ser pobres. Creen que están investidos con una ira profética, pero no viven en el desierto ni llevan una vida penitencial, ni son muy sensibles a quienes les sufren a ellos. Por el contrario, tienen magnates detrás o son los hijos de esos millonarios. Ailes no tuvo ningún reparo en violar la ley, hacer estafas, enriquecerse con la defensa de los perdedores ni cometer delitos financieros o corromper a servidores públicos.

Donde hay abusos de autoridad y mentira, suele atraerse otro tipo de abusos. El grupo de Ailes creó en el seno de Fox un sistema de depredadores sexuales que violaban mujeres con la misma violencia y dominación que vertían en la desinformación.

Un sistema que difunde autoritarismo, se sostiene sobre un sistema de abusos, cadenas de privilegios, nepotismo y monopolios. Es la semilla y fruto del totalitarismo, pero también del enriquecimiento, de vivir de apartamentos regalados y salarios que pagamos todos. No suelen creer en el Estado ni lo público, y también buscan privatizar la Iglesia como pueblo y bien público.

La serie televisiva, el documental y el libro que presentamos en el anterior post, muestran pedagógicamente el curso y la lógica de la mayor manipulación mediática de la historia reciente en el mundo libre. Felycia Sugarman, colaboradora de la empresa de asesoría política de Ailes, resumía bien la carrera de Ailes: “Usó su talento y conocimiento de los medios para construir algo que creó una enorme brecha y eso es algo devastador”.

Su debilidad: el discernimiento y la comunidad

Donde hay comunidad, no suele haber desinformación. Donde hay un poder vertical y dirigista, la desinformación es crucial. Donde los movimientos, parroquias, medios, profesionales, pastores y responsables, conviven y colaboran eclesialmente, no hay lugar para estos medios fundamentalistas, porque son incompatibles con la convivencia de la gente. La existencia de tales medios es síntoma de la ausencia de comunidad o comunión.

Ante el imperio de Roger Ailes, solamente una comunidad resistió: el periódico del condado de Putnam que se realizaba desde la ciudad de Cold Spring, en el estado de Nueva York. Cuando Ailes instaló su residencia en un palacio de sus colinas, quiso corromper a la autoridad local y ante su negativa, decidió quitar al pequeño alcalde y ejercer como fabricante de reyes… Si había puesto presidentes, ¿cómo no iba a poner al alcalde de un pequeño pueblo? Ailes quizás no leyó el episodio de David y Goliat.

Amenazó a la autoridad municipal electa, Richard Shea, del Partido Demócrata. Se apropió del periódico –el Putnam County News and Recorder– y lo usaron como arma política. La mitad de los empleados periodistas dimitieron por dignidad. Crearon hostilidad y odio contra el alcalde. Un vecino le dijo un día que se lo encontró: “Si te veo cruzar la calle, te atropello”. En ese momento tomó conciencia de que una epidemia de odio había enfermado al pueblo. La primera impresión de dicho alcalde era que Ailes era un matón y usaba tácticas mafiosas de amenaza. “Siempre pensaba lo peor de la gente, disfrutaba enfrentando y dividiendo”. Los Ailes invirtieron un presupuesto desproporcionado para ganar las elecciones municipales. Mintieron desde el periódico, compraron a vecinos, emplearon todos los medios que tenían a su alance. Pero Ailes no entendía lo que era una comunidad.

La comunidad, contra toda probabilidad, se unió. Reaccionaron contra el populismo y la manipulación a que estaban siendo sometidos. Se negaron a estigmatizar y separarse de los otros. Defendieron los espacios de encuentro y diálogo, especialmente entre adversarios políticos. Finalmente ganaron los demócratas y la noche de las elecciones invitaron a los republicanos a la celebración. Estos acudieron y la comunidad se reconcilió. Ailes seguía sin entender nada porque nunca había disfrutado del valor de una comunidad. Vivía con miedo y dando miedo.

El mejor antídoto y vacuna contra el fundamentalismo, es celebrar con profundidad la eucaristía. El fundamentalismo es alérgico a la fraternidad y la igualdad. Solamente una comunidad católica pasiva, desconectada y sumisa puede dejar que nazca y prospere el fundamentalismo mediático. Por el contrario, debemos participar, colaborar, encontrarnos, dialogar, promover los valores de una sociedad positiva –gratitud, confianza, perdón–, ser feliz, devolver mal por bien, escuchar al adversario, amar a quien odia, pacificar a quien violenta. Y decirnos la verdad.