¿Es la soledad uno de los grandes problemas contemporáneos?


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La estación

Seguir los medios latinoamericanos de forma un tanto más asidua es una de las costumbres que nos ha traído este pontificado. Por eso, muchas veces, aparecen temas curiosos más allá de las propuestas políticas previsibles en sintonía con los diferentes contextos de los países americanos.

Una noticia de la semana pasada me llamó la atención, precisamente en el día de Todos los Santos. Estaba publicada en Clarín, uno de los periódicos más populares de Argentina. Aunque el suceso en cuestión no tenía nada que ver con el país de Bergoglio.

En la edición web del periódico se mostraban unas fotos de Carol, una mujer estadounidense de 45 años que se manifestaba como totalmente enamorada de la estación de tren de Santa Fe, en el estado de California. Profundizando en la historia, sitúan el primer acercamiento a los 9 años, aunque la relación más formal se remonta a 2011 y asegura que en 2015 se han casado. Carol ahora llama cariñosamente a la estación “Draida”.

La noticia cuenta como la mujer recorre cada día la distancia que separa su casa de la estación en autobús urbano. Detalles sexuales a parte, cuenta que “Una vez amé a un humano, se llamaba Tom y estuvimos juntos durante 18 meses, pero no funcionó. Ahora me siento increíble con esta relación con Diadra porque ella me dijo que nunca me abandonaría”.

Este comportamiento hace que la propia Carol sea quien saque a colación la “objetofilia”, un trastorno que dota de personalidad propia a los objetos y por lo tanto los hace objeto de atracción emocional y sentimental. Aunque esto no es un problema para Carol. “Tengo tanto miedo de que me atrapen, por lo que no le digo a la seguridad de la estación que estamos casados. Me encanta caminar y mirarla. Daidra y yo conversamos sobre cosas normales, siempre le digo cómo ha sido mi día. Nunca puedo dejar San Diego, porque mi amante está aquí. Nunca podría amar a otra estación de tren, ella es la única”.

El ministerio

Una de las noticias estrellas contra la soledad, por otra parte, la conocíamos al inicio de este año con el anuncio por parte de la primera ministra británica, Theresa May, de crear un “Ministerio de la Soledad”. Para la líder del Brexit el aislacionismo europeo no es el único problema en un país en el que 9 millones de personas (el 13,7% de la población) viven solas. Recogía así el guante de la parlamentaria Jo Cox que había propuesto algo similar años antes y que no pudo ver culminada la medida ya que fue asesinada en junio de 2016, antes del referéndum.

La BBC señalaba entonces que “la soledad es uno de los males que acecha a la sociedad contemporánea, a tal punto que en Reino Unido se volvió un asunto de Estado”. Algo que alarma especialmente en los más ancianos, ya que se estima que en Inglaterra, la mitad de los mayores de 75 años viven solos. “Muchos de ellos dicen que pasan días, incluso semanas, sin ningún tipo de interacción social”, señalan desde los medios públicos.

La enfermedad

Estas noticias estremecedora me hizo volver a una intervención del papa Francisco que se me ha quedado grabada. En su visita al Parlamento Europeo, el pontífice, entre muchas otras cosas, confesó que “una de las enfermedades que veo más extendidas hoy en Europa es la soledad”. Es un tema recurrente en Bergoglio. Sin ánimo de ser exahustivo podemos recordar que ‘Amoris Laetitia’ el Papa señala dos de las múltiples causas que están detrás de este problema: “la ausencia de Dios en la vida de las personas y de la fragilidad de las relaciones”.

Yendo a datos más cercanos, no podemos olvidar que en España, si se mantienen los datos actuales, dentro de 15 años uno de cada cuatro hogares será un hogar de una sola persona. Enfocando hacia otro lado, podemos resaltar que un informe de la Fundación Once sobre la soledad en España concluye que “los que viven acompañados de su cónyuge o hijos son los que se sienten más satisfechos”.

Y es que la soledad puede implicar muchas veces el individualismo o el aislamiento del resto de la sociedad. Con palabras de Erich Fromm: “Nacemos solos y morimos solos, y en el paréntesis, la soledad es tan grande, que necesitamos compartir la vida para olvidarla”.