Elías y Eliseo


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Tengo la osadía de tomar el relevo del cardenal Carlos Amigo en esta página de Vida Nueva… Una propuesta totalmente inesperada a la que, tras discernimiento, no he sabido ni podido negarme.



Conocí al cardenal Amigo como provincial salesiano, con sede en Sevilla, cuando él era ya arzobispo emérito. Seguía estando muy cercano a los salesianos, en general, y, a los de Andalucía, en particular. Coincidimos en varias celebraciones a las que se le invitó. Siempre aceptaba gustoso. Cuando el Papa me nombró arzobispo de Rabat, no tuve necesidad de invitarle a mi ordenación. Me escribió para felicitarme y se autoinvitó: “Estaré en tu ordenación, naturalmente”.

Creo que quiso estar, no solo por la relación que habíamos tenido, sino por el interés y afecto que él nutrió y siempre mantuvo para con la Iglesia de Marruecos. Así fue que Carlos Amigo fue uno de los dos obispos co-consagrantes que me impusieron las manos en la ordenación episcopal, con el cardenal Omella como consagrante principal.

Durante casi tres años he sido, en cierto modo, su sucesor, puesto que me encomendaron el cuidado de la Archidiócesis de Tánger como administrador apostólico cuando el Papa aceptó la renuncia de Santiago Agrelo. Cada vez que fui a Tánger para animar la diócesis, veía, a la entrada de la habitación, la foto de un obispo jovencísimo (¡lo fue a los 37 años!): Carlos Amigo.

Carlos Amigo Madrid

Por ¿azar y carambola de fechas? la última vez que estuve en Madrid, el 22 de febrero, coincidí con la celebración de los 25 años de episcopado del cardenal Osoro. Sin “inscribirme” previamente, allí que me fui… y encontré, en la sacristía, por última vez, al amigo cardenal Amigo. Un simple saludo, en la confianza de poder charlar después de la eucaristía… Pero, ¡ay!, no hubo después: fui testigo directo de su caída a pocos metros del presbiterio de La Almudena, en plena procesión de entrada. Veinte minutos estuvo tendido en el suelo esperando los auxilios que le transportarían al hospital.

Perdonen el atrevimiento

De ahí, a la noticia de su partida… y a la llamada del director de Vida Nueva pidiéndome que ocupe el lugar del cardenal Amigo en esta revista. ¿Cómo no pensar –guardando las distancias y sin la más mínima pretensión– en Elías y Eliseo? “Elías dijo a Eliseo: ‘Voy a ser llevado lejos de ti. Pídeme antes lo que quieras que haga por ti’. Eliseo dijo: ‘Haz que tenga lo mejor de tu espíritu’”. Pues eso: Carlos, “amigo”, haz que tenga lo mejor de tu pluma, de tu palabra, de tu espíritu. Y los lectores… me perdonarán el atrevimiento.